¿Un Senado Republicano?

¿Un Senado Republicano?

Crecen las posibilidades de que el Senado federal pase a manos republicanas después de las elecciones de la próxima semana. Esta perspectiva es una amenaza a las prioridades de la comunidad latina.

Las encuestas muestran la vulnerabilidad de los candidatos demócratas, la desilusión de parte de su base con el presidente Obama y el antagonismo motivador de los conservadores hacia el mandatario.

Un triunfo Republicano en la Cámara Alta causará un giro de 180 grados, alineando parte de su agenda al extremismo ya visto en la Cámara de Representantes. Hace uno meses el Líder de la Minoría del Senado, Mitch McConnell, aseguró a un grupo de multimillonarios republicanos “que no vamos a debatir esa malditas propuestas” como el aumento de salario mínimo, la extensión del seguro desempleo y hacer más accesibles los préstamos estudiantiles a través del sistema impositivo. El senador de Kentucky también dijo que se agregarán condiciones (riders) a los proyectos de ley para eliminar regulaciones y obstaculizar el Obamacare.

Cada senador Republicano tiene sus planes ya sea reformar la red social, reducir impuestos en el tope más alto o el oleoducto Keystone, entre otros.

Los comités legislativos pasarán a manos republicanas, presentando un panorama cuestionable. Por ejemplo el senador Ted Cruz, que rechaza el calentamiento global, a cargo del subcomité de Ciencia y Espacio.

Es difícil que con este cambio se rompa la ineptitud del Congreso para aprobar leyes. En este caso, sería la minoría Demócrata la obstaculizadora de propuestas como lo han hecho con éxito los republicanos hasta ahora. El veto presidencial será el último recurso.

Lo que sí puede esperarse es que los republicanos dediquen los últimos dos años de la administración Obama a cuestionar e investigar incesablemente con audiencias legislativas.

¿Y la reforma migratoria?

Las posibilidades de una ley integral serán remotas ya el Senado se acercará a las posiciones recalcitrantes de la Cámara Baja.

Lo peor es que los votantes latinos no pueden hacer mucho para detener el cambio. La geografía electoral este año los deja con menos influencia que en anteriores