La ira hacia el presidente no sirve de nada

Legalmente el Presidente Obama simplemente siguió los pasos de presidentes como Reagan y ambos presidentes Bush
La ira hacia el presidente  no sirve de nada
El Presidente Barack Obama anuncia a la nación las medidas ejecutivas en política migratoria.
Foto: EFE

Mientras celebramos la suspensión de millones de deportaciones por el Presidente Obama, para el senador Republicano Mitch McConnell esta equivale a provocar a un toro con una ondeante capa roja. McConnell, quien en enero será el nuevo presidente del Senado, describe este acto humanitario del presidente como un “choque constitucional” y una bofetada al bipartidismo.

Pero la retórica de McConnell es solo una fachada para la obstrucción Republicana a la reforma. Los Republicanos de la Cámara Baja hundieron la reforma migratoria que el Senado aprobó en el 2013 y aun así el presidente esperó pacientemente 18 meses. Aun así los Republicanos tienen el descaro de exigir que los esperen.

¿Entienden lo que siente una familia cuando un agente migratorio ondea la orden de deportación? Viene a la mente el caso de Beatriz Santiago-Ramirez, la madre quien hasta hace poco se refugió en una iglesia de Chicago para evitar ser separada de sus niños, ambos ciudadanos.

Más de la mitad de los votantes hispanos conocemos a alguien como la señora Santiago-Ramirez. Muchos en algún momento vivimos esa claustrofobia. La decisión de Obama es personal y la vamos a defender a capa y espada, valga el cliché taurino. Las amenazas Republicanas de reanudar las deportaciones a través de un cierre de gobierno u otras artimañas prueban una falta de sensibilidad abismal y terrible olfato político.

Irónicamente, vista a través de un prisma conservador la acción del Presidente Obama tiene sentido común. La santidad de la unidad familiar siempre ha sido un lema Republicano. ¿O este principio no aplica a niños ciudadanos con padres cuya única ofensa es buscar el sustento?

Legalmente el Presidente Obama simplemente siguió los pasos de presidentes como Reagan y ambos presidentes Bush. Reagan protegió con una acción ejecutiva a 200,000 inmigrantes nicaragüenses y Bush padre a estudiantes chinos temerosos de persecución en su país. Viendo la tragedia de los 43 estudiantes de Iguala en México o la violencia narco-criminal en Centro América, cualquier conservador debe entender el impacto que puede tener una deportación, ponerse la mano en el corazón y respaldar al presidente.

Además, el presidente tiene el deber de enfocar los recursos de seguridad en verdaderos criminales que amenazan a la nación, en vez de desperdiciar energías persiguiendo a madres que se refugian en iglesias para seguir al lado de sus hijos.

Oponerse a la acertada acción de Obama, que mantiene la integridad familiar, que tiene sentido económico, y que hace uso responsable de los recursos nacionales, de verdad equivale a la embestida de un toro enceguecido. Pero casi siempre la ira no lleva al toro a un buen final