Cuando tragar saliva es mejor (opinión)

Cuando tragar saliva es mejor (opinión)
El periodista Jorge Viera.
Foto: Archivo

Todo el mundo me pregunta, “Jorge, ¿cómo haces para vivir tan lejos de tus hijos y que no te afecte?”.

Ojalá no me afectara, pero sí, soy humano y amo a mis hijos más que a mí mismo. Pero hay momentos que hay que tragar saliva y continuar en la batalla. Sobre todo en esa que pudiera ocurrir con tu ex, la madre de tus críos.

Por esos milagros que hace Dios, tengo dos gemelos de 6 años, Jan y Alexia. Nacieron en Miami, pero desde los 2 años nos fuimos a vivir a Barcelona, España, donde trabajé por una temporada. Su madre es alemana-española, y como sus padres viven en esa hermosa ciudad, después de nuestra ruptura decidió quedarse a vivir ahí. Esa decisión unilateral, si no hubiera tragado saliva, hubiese terminado en los tribunales y quizás me consumiría gran parte de mi felicidad. Pero decidí seguir y llevar la fiesta en paz.

Con el tiempo descubrí que “siempre después es mejor”, que el tiempo pone las cosas en su lugar. Que con la madre tus hijos hay que tragar salivar y calar muchas cosas que piensan, para que al final los niños crezcan en armonía y en un ambiente sin hostilidad.

Recientemente, los gemelos me vinieron a visitar y pasamos unas lindas fiestas juntos. El problema fue cuando se fueron. El tremendo vacío que me dejaron por poco me envía a la cama por muchos días, pero hay que ser fuerte y tragar saliva. No hay que reprochar nada, mi padre decía que nunca nadie le ganó al silencio. Las relaciones, cuando se evitan conflictos, te dan la oportunidad de ganar terreno familiar.

Creo que Dios les pone las pruebas más difíciles a las personas que más ama, y a mí me tiene un amor único, jajaja… Más allá de la broma, tampoco nos deja solos. Antes de que apareciera la oportunidad de venir a Nueva York a sustituir a Rafael Pineda, cuando aún trabajaba como corresponsal de la cadena Univision, el destino me tropezó con Anna. Ella se bajaba de su auto en el parking de la estación, yo regresaba de uno de los muchos países a los que me enviaban. Le dije: “Qué rico hueles”. Pero en verdad le quise decir: “Te encontré”.

Dos años después, vivimos en Nueva York. Ella me ayudó a encontrar la fuerza que necesito para esas despedidas de los gemelos para las que parecía que no había consuelo. Sobre todo en los momentos como cuando ves a los gemelitos caminado por la seguridad del aeropuerto, destino a Barcelona, y llorando te dicen: “Papá, hasta el verano”. Por eso digo que a veces tragar saliva es bueno.