Cinco preguntas frecuentes sobre los organismos transgénicos (GMO)

Puede ser difícil entender por qué hay tanta preocupación sobre la presencia de ingredientes genéticamente modificados (transgénicos) en los alimentos. Esta nota te ayudará a examinar los hechos

Cinco preguntas frecuentes sobre los organismos transgénicos (GMO)
Muchos alimentos procesados podrían ser transgénicos.
Foto: Consumer-Reports

Las pruebas realizadas por Consumer Reports revelaron que muchos alimentos procesados, entre ellos algunos de los productos que aparecen en esta fotografía, podrían contener ingredientes genéticamente modificados. Si quieres asegurarte de que tus alimentos no están hechos con GMO, busca el sello de “Verificado como no transgénico por la Non-GMO Project”, o compra productos orgánicos.

La controversia crece: los alimentos que contienen organismos genéticamente modificados (GMO, por sus siglas en inglés), creados en un laboratorio mediante la alteración de la composición genética de una planta o de un animal, ¿deberían llevar siempre en el envase la información que advierta sobre esto a los consumidores?

El 92% de los estadounidenses opinan que alimentos de este tipo, que abundan en las cocinas de todo el país, deberían ser etiquetados como tales antes de venderse, según una reciente encuesta representativa a nivel nacional realizada entre 1004 personas por el Centro Nacional de Investigaciones de Consumer Reports. (El año pasado, descubrimos en nuestras pruebas que los GMO estaban presentes en muchos alimentos envasados, como los cereales para el desayuno, las papas fritas o tostadas, las mezclas para hornear y las barras proteínicas).

La demanda de alimentos que no contienen GMO se ha disparado: en 2013, las ventas de los alimentos no transgénicos que estaban certificados como orgánicos (por ley, los productos orgánicos no se pueden preparar con ingredientes que contengan GMO), o que llevaban el sello de “Verificado como no transgénico por la organización Non-GMO Project”, aumentaron en un 80%, según el Nutrition Business Journal.

Esto motivó a un creciente número de empresas a evitar el uso de los GMO en los nuevos productos o a reformular voluntariamente los ya existentes para que puedan llevar etiquetas de “no transgénico” que sean confiables. PepsiCo, por ejemplo, comercializa las tostadas bagel chips y pita chips Simply Naked de Stacy’s con el sello de “Verificado como no transgénico por la Non-GMO Project”; General Mills, que a comienzos del año pasado presentó un cereal original Cheerios no transgénico, también tiene sus líneas de productos no transgénicos: Cascadian Farm y Food Should Taste Good.

Sin embargo, el etiquetado de los GMO se ha convertido en una cuestión delicada: el pasado abril, Vermont aprobó una ley de etiquetado de GMO. El otoño pasado, la pregunta de si a los fabricantes de alimentos se les debe exigir que detallen los GMO en las etiquetas de sus productos se sometió a plebiscito en Colorado y Oregon. De ambas partes hubo argumentos sólidos y grandes gastos, procedentes en su mayoría de la industria química y alimenticia que se opone al etiquetado. (En el plebiscito de Colorado, por ejemplo, superaron a los partidarios del etiquetado por aproximadamente 16 a 1). La medida fue rechazada en Colorado y fracasó en Oregon por un margen mínimo en un recuento: 837 votos.

En un giro interesante, algunas de las empresas fabricantes de productos comestibles que expresaron una fuerte oposición a semejante etiquetado obligatorio son las mismas que lanzan al mercado los nuevos productos no transgénicos.

Están “experimentando por si el etiquetado se vuelve obligatorio y esto aumenta la demanda de los no transgénicos”, dice Nathan Hendricks, Ph.D., economista agrícola de Kansas State University. “Por supuesto, posiblemente lo hagan sin ostentamiento para evitar que surjan preguntas acerca de por qué retiran los GMO de algunos de sus productos y los dejan en otros”.

Con tantas voces en la conversación y tantos productos en el mercado, ¿cómo se pueden tomar decisiones de compras que sean las mejores para ti y tu familia? Nuestras preguntas y respuestas (Q&A) te ayudan a separar la realidad de la ficción.

Quienes apoyan el uso de los GMO señalan que los estadounidenses han estado comiendo alimentos que los contienen durante más de 15 años y que no existe ninguna evidencia creíble de que alguna persona haya sufrido daño. Pero decir que no existe evidencia de algún daño no es lo mismo que decir que se comprobó que son seguros. “El argumento de que los GMO no presentan riesgos para la salud humana no puede ser avalado por estudios que midieron un período de tiempo demasiado corto como para determinar los efectos de la exposición a lo largo de una vida”, afirma Robert Gould, M.D., presidente de la junta de Physicians for Social Responsibility (Médicos para la Responsabilidad Social).

Una comisión conjunta de la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha establecido un protocolo para evaluar la seguridad de los GMO, sobre los cuales dice que tienen el potencial de introducir toxinas y nuevos alérgenos (o incrementar los niveles de los ya existentes), o causar cambios nutricionales en los alimentos y otros efectos imprevistos. Otros países desarrollados han usado esas directrices en sus evaluaciones obligatorias de seguridad previas a la comercialización de los organismos genéticamente modificados. Pero la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés) no exige ninguna evaluación de seguridad de los cultivos modificados mediante ingeniería genética, aunque invita a las empresas a proporcionar datos para una revisión voluntaria de seguridad.

Algunos estudios en animales, comúnmente usados para contribuir a evaluar los riesgos para la salud humana, han sugerido que los GMO podrían dañar el sistema inmune, el hígado y los riñones.

Serán necesarios más estudios para determinar los efectos a largo plazo. Además, la capacidad de los investigadores para hacer un seguimiento de los posibles efectos de los GMO sobre la población humana se ve obstaculizada por la falta de etiquetado. “Los médicos necesitan saber qué comen sus pacientes”, dice Gould. “Si tienes un paciente con un problema de alergia a los alimentos o que sufre algún otro efecto secundario que pueda relacionarse con los GMO, es difícil identificar alguna conexión a menos que estos alimentos estén etiquetados”.

¿Los GMO son malos para mi salud?

El etiquetado de los GMO es obligatorio en más de 60 países, pero no en EE. UU. Aquí los opositores al etiquetado obligatorio suelen alegar que connota, injustamente, el mensaje de que los productos comestibles con ingredientes modificados mediante ingeniería genética no son seguros. Quienes están a favor del etiquetado obligatorio, incluido Consumers Union, el brazo defensor de Consumer Reports, argumentan que aunque todavía sea una causa abierta el impacto de los GMO sobre la salud, los compradores tienen derecho a saber qué hay en su comida. “Los productores ya deben etiquetar los productos comestibles congelados, los que se elaboran a partir de concentrados, los homogeneizados o los irradiados”, señala Jean Halloran, directora de iniciativas en políticas alimentarias de Consumers Union. “Etiquetar los GMO es dar un poco más de información útil”.

No sorprende que mucha de la oposición al etiquetado de los GMO provenga de los productores de semillas transgénicas y de la industria alimenticia, quienes han invertido mucho dinero en dar a conocer su posición al público.

Entre las empresas que más se opusieron a la medida tomada en Colorado estuvieron Coca-Cola, DuPont, Kraft Foods, Monsanto (que produce semillas para cultivos transgénicos) y PepsiCo. La Grocery Manufacturers Association (Asociación de Fabricantes de Productos Alimenticios), la Snack Food Association (Asociación de Comercio Internacional de la Industria de Refrigerios), la International Dairy Foods Association (Asociación Internacional de Productos Lácteos) y la National Association of Manufacturers (Asociación Nacional de Productores) han presentado una demanda para anular la ley de etiquetado de Vermont.

La gran mayoría de maíz, soya, canola y remolachas azucareras que se cultiva en Estados Unidos es actualmente modificada mediante ingeniería genética y a menudo se usa como ingredientes en alimentos procesados.

La industria alimentaria también busca expandir aún más el uso de la ingeniería genética.

Un nuevo tipo de salmón, que es modificado genéticamente para madurar dos veces más rápido que el salmón salvaje, está siendo sometido a un control de seguridad por parte de la FDA. Si se aprueba, sería el primer animal modificado mediante ingeniería genética que se comercializa.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) aprobó recientemente una papa modificada mediante la ingeniería genética para resistir apachurrones y contener niveles potencialmente más bajos de acrilamida, un posible agente cancerígeno para los seres humanos que el tubérculo puede producir cuando se cocina a las altas temperaturas que se emplean para hacer papas fritas. La FDA no ha completado aún su revisión de seguridad voluntaria para la nueva papa transgénica, pero Mc-Donald’s ha declarado que mantiene su política actual de utilizar solamente papas no transgénicas para sus frituras.

Un argumento de venta importante para los cultivos que contienen GMO ha sido recordar que reducen el uso de pesticidas. El uso de insecticidas (que matan insectos) ha disminuido desde que se introdujeron estos cultivos a mediados de la década de 1990, pero el uso de herbicidas (que matan la maleza) ha crecido vertiginosamente.

La mayor parte del maíz, la soya y otros cultivos transgénicos que crecen en Estados Unidos son modificados mediante ingeniería genética para ser resistentes al glifosato, un herbicida más conocido como Roundup. Roundup es fabricado por Monsanto, que también produce las semillas que les permiten a los cultivos rociados con el herbicida sobrevivir. Desde que se introdujo esa tecnología en 1996, se multiplicó casi por diez el uso del herbicida, como se ilustra en una gráfica provista por el U.S. Geological Survey (Servicio Geológico de Estados Unidos). (Ver la gráfica arriba).

Eso a su vez creó una epidemia de súper malezas, que evolucionaron rápidamente para volverse inmunes al glifosato. Una encuesta realizada por Stratus Agri-Marketing en 2012 reveló que casi más de la mitad de los agricultores, en todo el territorio en Estados Unidos, está batallando ahora contra las plantas que ahogan a sus cosechas.

¿Qué solución propone la industria biotecnológica? Crear una nueva generación de cultivos genéticamente modificados para ser inmunes al glifosato y a otros herbicidas que sean capaces de matar las súper malezas resistentes al glifosato. Dow AgroSciences obtuvo hace poco la autorización de los funcionarios federales para vender su nueva marca Enlist de soya y maíz transgénicos, ambos modificados para ser resistentes tanto al glifosato como a un herbicida denominado 2,4-D.

El USDA ha estimado que los nuevos cultivos de soya y maíz transgénicos de DOW como mínimo triplicarían el uso del 2,4-D y podrían casi septuplicarlo en los próximos 5 años. “Como es probable que esto haga que aún más especies de malezas adquieran inmunidad tanto contra Roundup como contra 2,4-D, esta ‘solución’ al problema de las súper malezas es tan razonable como tratar de apagar un incendio con gasolina”, ironiza Charles Benbrook, Ph.D., profesor investigador en Washington State University que también integra un comité asesor sobre biotecnología agrícola del USDA.

Los incrementos significativos en el uso de estos herbicidas podrían afectar además la salud de los consumidores, debido a que los residuos de los agroquímicos pueden ir a parar a las cosechas destinadas a la alimentación. En una carta a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) donde expresan su preocupación sobre el incremento de la exposición al 2,4-D que resultaría de aprobarse los nuevos productos de soya y maíz transgénicos de DOW, un grupo de 70 científicos, médicos y otros profesionales de la salud señalaron que estudios realizados en seres humanos han encontrado asociaciones entre la exposición al herbicida y el aumento del riesgo de contraer linfoma no-Hodgkins, anomalías congénitas y otros problemas reproductivos.

El etiquetado obligatorio que informe a los consumidores si sus alimentos contienen GMO sumaría menos de un centavo por día a sus cuentas de supermercado, según un análisis reciente de estudios ya existentes que fueron comisionados por Consumers Union y realizados por el estudio independiente de investigación económica ECONorthwest.

Los opositores al etiquetado citan estudios financiados por la propia industria donde se expresa que los precios de los productos comestibles se irían por las nubes y aumentarían el gasto de supermercado de una familia promedio de 4 personas de $400 a $800 por año. Pero el análisis de Consumers Union halló que el costo medio que se transferiría a los consumidores sería de apenas $2.30 al año por persona, o $9.20 para la familia de 4 personas.

¿Por qué tanta diferencia? La industria estima que si los consumidores saben que un producto contiene GMO, tendrán una percepción negativa de este producto y no lo comprarán. En muchos casos, los productores de alimentos tendrían entonces que reemplazar los GMO por ingredientes orgánicos mucho más caros y, de esta forma, los precios de los comestibles aumentarían considerablemente.

Pero en los países donde se exige el etiquetado de los GMO, incluso en muchos donde venden sus productos las empresas alimenticias estadounidenses, los precios de los alimentos no han aumentado como consecuencia del etiquetado obligatorio. Y como demostró nuestra reciente prueba de GMO, los productos alimenticios no necesitan contener únicamente ingredientes orgánicos para poder ser calificados como no transgénicos.

El lado bueno de toda la publicidad generada por el debate en torno a los transgénicos es la creciente toma de conciencia entre los consumidores, quienes a menudo se ven impulsados a dirigirse a las empresas para averiguar qué hay en sus alimentos, comenta Megan Westgate, directora ejecutiva de Non-GMO Project. Se certifica mediante pruebas realizadas por terceros que los productos que llevan el sello califican como no transgénicos. “No creo que la gente se dé cuenta de cuánto poder tiene realmente el consumidor en el mercado”, dice Westgate. El sello de “Verificado como no transgénico por la Non-GMO Project”, que fue lanzado en 2010, aparece ahora en más de 22,000 productos que representan $8.5 mil millones en ventas anuales en comercios minoristas de todo el país. “Al menos 200 empresas que se nos han acercado para ser verificadas como no transgénicas por la Non-GMO Project dijeron que se vieron obligadas a cambiar a causa de las llamadas telefónicas o de las cartas que recibieron de los consumidores”.

Con el fin de ayudarte a ejercer ese poder, el Non-GMO Project lanzó hace poco una aplicación gratis para iPhone, disponible en iTunes, que te permite buscar productos verificados como no transgénicos. Si tu alimento favorito no está en la lista, la aplicación te dirige a un formulario que te permite hacerle saber al fabricante que a ti te gustaría que estuviera. Los consumidores que quieran evitar los GMO también pueden expresar sus preferencias en el mercado comprando alimentos orgánicos certificados, a los que se les prohíbe que contengan ingredientes modificados mediante ingeniería genética.

Consumers Union, la división política de Consumer Reports, está a favor del etiquetado y de las pruebas de seguridad previas a la comercialización de los alimentos transgénicos y apoya cualquier medida y proyecto de ley estatal que se oriente a tal fin. Por esa razón, también nos oponemos fuertemente a la introducción de un proyecto de ley federal avalado por las industrias químicas y de la alimentación que dejaría sin efecto a todas las leyes estatales de etiquetado de alimentos transgénicos y permitiría que la etiqueta de “natural” se use en este tipo de alimentos. Para consultar actualizaciones sobre la legislación, visita NotInMyFood.org/gmo-demand-your-right-to-know.