Venus Williams también es leyenda

La hermana mayor de Serena brilló en Pilará y sentenció el triunfo de los Estados Unidos en la Fed Cup
Venus Williams también es leyenda
Venus sigue vigente.
Foto: EFE

Venus Ebony Starr Williams tiene 34 años, 7 meses y 23 días. Es la jugadora de mayor edad dentro de las 100 mejores del circuito femenino. Actualmente es la número 11, pero supo ser la número 1 durante 11 semanas, en 2002.

Trece años pasaron desde entonces; casi una eternidad dentro de un mundo acostumbrado a la renovación constante. Pero Venus sigue allí, quizás más vigente que nunca, a un paso de volver a estar dentro de las diez mejores. El número 1 le queda lejos, pero no se hace problemas: sabe que está en buenas manos. Las de su hermana menor, Serena. Se inspiran y admiran mutuamente.

Ambas supieron dejar atrás un origen humilde y muchas vicisitudes. En el caso de Venus, hace cuatro años fue diagnosticada con el síndrome de Sjögren, una enfermedad crónica autoinmune que le produce agotamiento y dolores en las articulaciones. Podría haber dejado definitivamente el tenis, y olvidarse de los largos viajes y los entrenamientos, y dedicarse a alguna de sus otras actividades. Le tomó un buen tiempo volver a la senda grande, pero mejoró mucho en los últimos tiempos, y de hecho, empezó 2015 en gran forma: en Auckland consiguió el 46º título de su carrera, y en el Abierto de Australia llegó hasta los cuartos de final, su mejor actuación en un Grand Slam en casi cinco temporadas.

De Melbourne viajó a Buenos Aires para acompañar a Serena en la excursión a Pilar para ayudar a Estados Unidos a salir de un Grupo Mundial II de la Fed Cup poco acorde con su historia; también, para cumplir con las reglas que obligan a jugar este certamen para poder estar en los Juegos Olímpicos.

Se ríe cuando le preguntan si podría diseñar ropa para alguna tenista argentina: se suelta cuando le hablan de moda, y es lógico: Venus tiene su propia empresa de indumentaria, EleVen, y otra de diseño de interiores (V Starr). Ya desde sus primeros años había dejado en claro que le interesaban muchas otras cosas más allá del mundo de las raquetas.

Con mucha educación rechaza la invitación de un notero a comer un choripán, pues desde hace tiempo lleva adelante una dieta vegetariana. Sí, en cambio, acepta un alfajor de chocolate que le regalan luego de su victoria por 6-1 y 6-4 sobre María Irigoyen, que selló el triunfo de Estados Unidos sobre la Argentina, en la serie por el Grupo Mundial II de la Fed Cup, y el pase al playoff para jugar por el ascenso. Un triunfo razonablemente holgado, acorde con la lógica, más allá de que las chicas de nuestro país ofrecieron todo su esfuerzo para tratar de estar a la altura de una serie histórica, con la presencia estelar de Serena, reciente campeona de Australia, y ganadora de 19 Grand Slams.

Tanto ganó Serena que terminó por dejar en un segundo plano a Venus. Suena un poco injusto. Ambas se las arreglaron para marcar una época dentro del tenis femenino; nada fue igual desde que ellas irrumpieron de la mano de papá Richard en las canchitas públicas de tenis de Compton. Hace poco, Venus se asombró cuando se dio cuenta de su influencia. Madison Keys, de 19 años, su vencedora en Australia, contó que empezó a jugar al tenis cuando tenía 4 y vio a Venus ganar Wimbledon por primera vez, allá por el año 2000. “Dios mío, yo ya era una jugadora profesional mientras a ella le cambiaban los pañales“, reflexionó. Como Keys, otras tenistas encontraron inspiración en Venus, entre ellas Paula Ormaechea, la principal representante que tiene nuestro país en este momento en el tour. Cada entrenamiento, cada partido de las hermanas, es una clase imperdible para las chicas que quieren dedicarse a este deporte.

Ayer, Serena faltó a la cita; la tos que la acompañó en las instancias finales del Australian Open reapareció durante su partido del sábado, y la número 1 se bajó del tercer partido de la serie; Coco Vandeweghe, su reemplazante, perdió con Ormaechea y la responsabilidad de sellar el duelo quedó en manos de Venus, que asombró a los 2,500 espectadores que acudieron a Pilará con sus derechazos potentes, con ese saque que orilla los 190 kilómetros, con esas piernas largas que parecen alcanzarlo todo en dos pasos; Mery Irigoyen se dio el lujo de pasarla en la red con un par de globos antológicos, pero la mayor de las Williams fue la que se quedó con el festejo mayor. “No me fijo en el ranking, y siempre juego con respeto hacia mi rival, tratando de hacer lo mejor cuando tengo que representar a mi equipo y a mi país. Me llevo el recuerdo de un ambiente muy intenso, con un público que cantó siempre, algo que no es común en otras partes”, contó Venus.

Y antes de dirigirse a Ezeiza -su gira continuará en pocos días en Dubai-, dejó en claro que aún le quedan sueños por cumplir: “Quiero ir a los Juegos de Río a representar a mi país, y si puedo, ganar alguna medalla. Siempre tengo objetivos y amo jugar al tenis”. El almanaque es apenas una anécdota; en su interior, Venus Williams mantiene encendido el fuego sagrado de la alta competencia. Y eso es una gran noticia para el planeta de las raquetas.

Paula Ormaechea alimentó la ilusión en Pilará, cuando venció por 6-4 y 6-4 a Coco Vandeweghe y achicó distancias, pero Venus decretó el 3-1; en el dobles, Vandeweghe y Taylor Townsend superaron por 6-2 y 6-3 a Tatiana Bua y Nadia Podoroska para el 4-1 de Estados Unidos sobre la Argentina, que en abril buscará revalidar su posición en el Grupo Mundial II de la Fed Cup; mañana a las 7, en Londres, se hará el sorteo que determinará el rival de las dirigidas por Majo Gaidano.