Gente NYC: “Muchas empanadas y una historia de amor”

Un negocio hecho con mucho amor
Gente NYC: “Muchas empanadas y una historia de amor”
Diego, Jessica y sus hijas son el alma del "Lunitas Cafe"
Foto: Silvina Sterin Pensel

Profesión: Dueños del Cafe Lunitas

Edad: 34 años

Vive en: Crown Heights

Nacieron en: Buenos Aires y Colorado

“Esto es un sueño que siempre tuve y que hicimos realidad como familia”, comenta Diego, sus palabras acompañadas por la música de la máquina donde prepara un espumoso espresso.

Su frase se vuelve redundante ni bien uno entra a Lunitas, el café de ensueño que Diego y su esposa montaron en Clinton Hill hace casi dos años y en el que están a diario junto a sus pequeñas, Eliza, 3 y Ivy, de 19 meses. Ninguno de ellos para un segundo; Jessica se las ingenia para balancear suavemente a su hijita menor y contarle a un cliente los ingredientes de “El Fulton,” un sándwich de masa crocante que lleva aguacate, hierbas, tomate y huevos revueltos y rinde homenaje a la calle donde se encuentra el local.

El es de Berazategui y ella de Denver. Se conocieron en el 2006 en un restaurante donde a Diego, a cargo de los meseros, le fue asignado entrenar a la nueva muchacha. “La primera cita me llevó a cenar comida argentina a Jackson Heights”, cuenta ella abriendo bien sus enormes ojos verdes. Fue amor a primera vista con él y con las empanadas que son las estrellas del menú. A las tradicionales de carne y pollo, han agregado algunas con un ‘edge’. “Viene gente desde lejos que lee en Yelp de nuestras empanadas y eso nos envalentonó para probar otras recetas,” cuentan. Los fines de semana, para el ‘brunch,’ ofrecen una de chorizo argentino, huevo, papa y queso de cabra. Otra muy solicitada es la de ‘sweetpotato’, con acelga, cebolla, nueces y pimienta roja de Cayena.

Los banderines albicelestes y la melodía de Cerati que suena por los parlantes mientras algunos clientes esperan que Diego saque del horno una nueva tanda de empanadas revelan dónde se crió este chico emprendedor y tenaz pero no muchos saben que Diego trabajó en más de diez restaurantes antes de abrir el propio. “Fui todo, desde busboy para arriba. Llegué a Nueva York a los 20”, comenta “y quería ahorrar para volver y comprarme un auto, pero un día, charlando con compañeros mexicanos sobre cómo veíamos el futuro medi cuenta que podía pensar en grande y empecé a fantasear con tener mi restaurant”.

Ahora que se va la nieve, van a inaugurar el patio y en el cuarto contiguo al café que tiene una estructura alargada, estilo ‘railroad,’ hay una coqueta tienda de ropita de niños que Jessica decoró con impecable gusto. “No nos hemos tomado días libres desde que abrimos pero si miro para atrás”, agrega ella, “tener esto nuestro y estas hijas hermosas, digo Wow, el esfuerzo valió la pena”