Cómo atacar la raíz de la corrupción

Permitir que los legisladores obtengan ingresos externos invita a la corrupción

En 1882, a los 23 años de edad, Theodore Roosevelt llegó a Albany como asambleísta, en representación de Manhattan, muy ético y decidido a hacer las cosas bien. En su primera sesión, patrocinó una legislación que él pensó era crítica, pero que también resultaba ser importante para el poderoso ferrocarril elevado en Manhattan y su ejecutivo, Jay Gould.

El proyecto de ley, para ampliar las instalaciones de la terminal ferroviaria, enfrentó retrasos inexplicables, sostenido por los legisladores corruptos, que retuvieron su apoyo hasta que las contribuciones de campaña copiosas comenzaron a fluir hacia ellos y a sus organizaciones partidistas. Roosevelt fue echado a un lado, y al final, el proyecto de ley se metió en la pila de la legislación aprobada a medianoche en las últimas horas de la sesión legislativa.

El sistema funcionó para todos los involucrados – excepto para el público que estaba destinado a servir, y el interés público en el buen gobierno.

Hoy en día puede parecer que estamos viviendo en una era dorada de falta de escrúpulos, y que la corrupción en Albany es peor que nunca. Eso no es cierto. Se siente de esa manera porque tenemos fiscales más vigorosos sometiendo casos de corrupción que nunca, descubriendo los actos de corrupción que benefician a unos pocos a costa del resto de nosotros.

Pero debemos asegurarnos que la reciente ola de escándalos públicos conduzca a una reforma dramática, sin concesiones, que finalmente permita que a la voz del pueblo sea escuchada por encima de los poderosos susurros de intereses especiales.

Permitir que los legisladores obtengan ingresos externos invita a la corrupción. Ajustes anteriores a los requisitos de divulgación no han logrado detener la corrupción y más ajustes no funcionaran.Hay que prohibir el ingreso de fuentes externas completamente. Y debemos reemplazar el sistema existente de “viáticos” con reembolso de los gastos reales. Esto debe ir de la mano con un aumento salarial sustancial para los legisladores, para que podamos atraer a las personas más brillantes a la legislatura.

Igualmente, si movemos el poder de los líderes legislativos a los legisladores individuales, más personas preparadas querrán correr para la legislatura. Hace una década, el Centro Brennan para la Justicia encontró que la legislatura de Nueva York era la más disfuncional de la nación, en gran parte como resultado de normas que proporcionaban una estructura de liderazgo casi dictatorial. Ya es hora de resolver eso.

El Estado de Nueva York también necesita una reforma del sistema de financiamiento de campañas: necesitamos un sistema de fondos públicos en todo el estado como el que ha funcionado bien en la ciudad de Nueva York. Y hay cuatro cambios de reglas que deben ser parte de cualquier paquete: reducir drásticamente los límites de contribución de campaña; cerrar el vacío legal que permite prácticamente que contribuciones ilimitadas fluyan a través de sociedades de responsabilidad limitada; acabar con los fondos oscuros de los partidos políticos ligeramente regulados conocidos como “comités de limpieza”; y endurecer las restricciones a las contribuciones de campaña de entidades y particulares que tienen negocios con el gobierno.

Finalmente, propongo una enmienda constitucional que cambiara todo el juego: los legisladores estatales deben ser elegidos para un periodo de cuatro años, en lugar de dos. Los legisladores deben pasar más tiempo en el gobierno y menos en la politiquería.

El gobernador Andrew M. Cuomo ha propuesto algunas reformas a través del proceso presupuestario. Debemos apoyar su liderazgo en el uso de este mecanismo constitucional. De hecho, me gustaría instar al gobernador a impulsar reformas más audaces, incluyendo las propuestas mencionadas anteriormente. Al hacerlo, tendría el apoyo tanto de la Constitución y de la gente de Nueva York. Un presupuesto tarde sería un pequeño precio a pagar, en el largo plazo, si entrega un cambio transformador.

Debemos aprovechar este momento y pensar, hablar y actuar con más audacia. Debemos, en este momento, exigir un gobierno estatal que realmente sirva al interés público.

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