Jueces del Tribunal Supremo envían señales mixtas sobre matrimonios gay

Derechos y protecciones a parejas del mismo sexo en manos de una dividida corte

Washington, D.C. – En medio de fuertes protestas y un circo mediático, los derechos y protecciones de decenas de miles de parejas gay en todo EEUU quedaron este martes en manos del Tribunal Supremo, que se mostró abiertamente dividido sobre si legalizar los matrimonios gay en todo el país.
Portando mantas y carteles pro-gay, miles de parejas y activistas de todo EEUU y de Puerto Rico llegaron hasta las gradas del Tribunal Supremo para exigir un dictamen favorable a sus derechos en el histórico caso “Obergefell v. Hodges”, que consolida cuatro casos presentados en Michigan, Ohio, Kentucky y Tennessee.
En concreto, la máxima corte del país deberá definir de una vez si la Constitución proteje el derecho a los matrimonios homosexuales y si los estados que prohíben estas uniones deben reconocer los matrimonios gay ya realizados en otros estados.
El dictamen que emitan los nueve magistrados vitalicios en junio próximo determinará si las parejas homosexuales, como las puertorriqueñas Ada Conde e Ivonne Alvarez –que tienen un caso pendiente en Massachusetts y viajaron hasta Washington- siguen siendo ciudadanos de segunda clase o si acceden a los mismos derechos y protecciones constitucionales que el resto de la población.
“Fuimos la primera pareja gay puertorriqueña en Massachusetts, y nuestro caso dependerá de lo que salga de aquí… solo pedimos reconocimiento legal y un trato equitativo; la ignorancia y el fanatismo de algunos son los peores enemigos de la humanidad, y eso no conduce a nada bueno”, explicó Conde.
“Exigimos que se respeten los derechos y la dignidad de todo ser humano. Ya basta de que los homosexuales seamos perseguidos, discriminados, invisibilizados”, resumió.

Un tribunal fuertemente dividido

Pero si los activistas esperaban señales claras, lo que encontraron fue una corte fuertemente dividida sobre el asunto, y ni los abogados implicados en el caso ni los más agudos observadores consultados por este diario se atrevieron a predecir los resultados.
El juez Anthony Kennedy, considerado un “voto bisagra”, envió señales mixtas al reconocer que los homosexuales solo piden el mismo trato “digno” que las parejas heterosexuales.
Por otro lado, sugirió que sería “muy difícil” cambiar ahora la “milenaria” definición del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.
Considerado un amigo del movimiento gay, Kennedy dio el voto decisivo en el dictamen 5-4, hace dos años, que exige al gobierno federal reconocer los matrimonios del mismo género.
Pero sus preguntas hoy dejaron en claro su propio debate interno sobre el asunto, al igual que el presidente del Tribunal Supremo, el conservador John Roberts.
“El meollo fundamental de la institución (de la familia) es la relación entre géneros opuestos y ustedes quieren introducirle una relación entre el mismo género”, señaló Roberts, al mostrarse escéptico de cerrar el debate nacional sobre el asunto.
La juez Ruth Ginsburg, decididamente del ala progresista, observó que los tiempos han cambiado y con éstos la propia idea del matrimonio.
También la juez Sonia Sotomayor sugirió que la legalización de los matrimonios gay no le haría daño a nadie porque, a su juicio, “no estamos eliminando la libertad de nadie”.
Pero, situándose del lado de los conservadores, el juez Stephen Breyer advirtió a los magistrados que no permitan que una minoría imponga su voluntad a la mayoría y abra paso a un “cambio social” tan grande.

Cuestión de “igualdad y justicia”

El abogado del gobierno ante el Supremo, Donald Verrilli remachó que los homosexuales “merecen la igualdad de protección bajo la ley, y la merecen ya”.
Verrilli fue interrumpido por un manifestante que a gritos mandaba al infierno a los activistas pro-gay, antes de ser expulsado de la sala por la policía.
Al salir de la audiencia, la abogada principal de los demandantes, Mary Bonuato, fue contundente: “la Constitución nos promete igualdad de protección, el debido proceso y la libertad ahora” y los homosexuales no pueden seguir esperando.
Por su parte, el abogado Douglas Hallward-Driemeier, expresó optimismo de que la corte “reconocerá la dignidad de las parejas homosexuales, especialmente las que ya se casaron, porque sus matrimonios no son distintos a cualquier otro, y tienen derecho a una vida estable”.
Mientras, Jim Obergefell, el hombre detrás del histórico caso, dijo a la prensa que aunque su pareja, John Arthur, falleció en 2013, exige que, por cuestión de “respeto”, su certificado de defunción lo reconozca como su pareja legítima.

Los conservadores también gritaron

A pocos pasos de los activistas pro-gay, activistas de grupos conservadores intentaban sofocar sus consignas con sus propios mensajes en defensa de la institución del matrimonio tradicional.
“Esto es algo que deben decidir los votantes, y ninguna corte debe imponer una nueva definición del matrimonio al resto del país. Es sano tener un debate, pero nos molesta la idea de que nos impongan esto… además, sabemos que los niños necesitan un padre y una madre para su estabilidad”, explicó Mario Díaz, abogado del grupo conservador “Concerned Women for America”.
En la actualidad, 37 de los 50 estados de la nación, además de la capital estadounidense, han legalizado los matrimonios entre homosexuales,y el eventual dictamen del Tribunal Supremo no los afectará.