Residentes de Baltimore esperan ayuda y ansiadas reformas

Los vecinos de Baltimore espera se haga justicia tras la muerte de Freddie Gray
Residentes de Baltimore esperan ayuda y ansiadas reformas
Disturbios violentos estallaron en Baltimore tras la muerte de Freddie Gray.

Washington.- Las calles de Baltimore ya no huelen a gases lacrimógenos ni hay toque de queda o estado de emergencia, pero los residentes de esa ciudad portuaria esperan, con ansiedad, justicia y respuestas a los problemas que motivaron los disturbios del mes pasado.

Tras la presentación de cargos contra los seis policías implicados en la muerte del afroamericano Freddie Gray, muchos esperan que éstos reciban condenas carcelarias como muestra de una verdadera justicia social.

“He vivido toda mi vida acá y siempre es lo mismo: los políticos nos prometen, y nos prometen, y no pasa nada… espero que lo que ocurrió sirva de llamado a la acción”, dijo a este diario Paul Savoy, un residente afroamericano de 57 años.

“Estos disturbios no debieron sorprender a nadie, pero la gente está cansada y espera respuestas”, afirmó Savoy, luego de que las autoridades levantaran el estado de emergencia.

Los disturbios tras la muerte de Gray dejaron al descubierto los problemas de pobreza, segregación y marginación social de los afroamericanos, que conforman el 63% de la población en Baltimore.

Basta recorrer los barrios del área de Sandtown-Winchester, dominados por afroamericanos de bajos recursos, para entender la realidad de la que habla Savoy.

La zona, que abarca unas 72 cuadras y donde viven unas 10,000 personas, es, por consenso, una de las comunidades más abandonadas de la ciudad.

Según datos oficiales, el ingreso medio de un hogar en 2011 en el área de Sandtown-Winchester fue de $24,412, en comparación con $38,721 para el resto de Baltimore.

Además, casi el 50% de los residentes de “Sandtown”, como la llaman los vecinos, no ha completado la secundaria, en comparación con el 20% del resto de los residentes en la ciudad.

La corta vida de Gray, que murió a los 25 años el pasado 19 de abril mientras estaba bajo custodia policial, fue producto de una niñez con privaciones, en un barrio lejos del escaparate turístico del puerto y donde predominan la segregación racial, el desempleo, la pobreza, embarazos precoces, drogadicción y violencia.

A eso se suma la percepción de que, tanto en Baltimore como en otras ciudades con alta concentración afroamericana, incluyendo Ferguson (Missouri), Nueva York, o Chicago (Illinois), el color de la piel determina el trato de la policía.

La ciudad de Baltimore, de hecho, ha tenido que desembolsar cerca de $6 millones para resarcir a víctimas y resolver unas 317 demandas por brutalidad policial, según el diario “The Sun”.

Según observadores, además de una necesaria reforma policial, los problemas estructurales que viene arrastrando Baltimore durante años requerirán medidas a corto y largo plazo porque, de lo contrario, seguirá siendo una “olla de presión” sin válvula de escape.

Los 3,000 soldados de la Guardia Nacional y los mil policías estatales desplegados para contener los disturbios ya se han retirado, y los negocios, sobre todo en el  centro comercial de Mondawmin, intentan volver a la normalidad.

Pese a la ingente labor que afronta Baltimore, la alcaldesa, Stephanie Rawlings-Blake, ha dicho recientemente que confía en que la ciudad saldrá adelante.

“En los últimos días no solo vimos la resiliencia de nuestra ciudad sino también cómo la comunidad se ha unido. Queremos sanar nuestra ciudad”, afirmó.

Savoy también quiere que su ciudad natal supere esta crisis pero para eso, señaló, “los políticos tendrán que ayudar a nuestros jóvenes, tendrán que cumplir sus promesas”.

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