La EPA debe fortalecer protecciones para los que cultivan nuestra comida

En primera instancia, la EPA debe fortalecer su política anti-represalias para que los trabajadores no se queden callados

Casi 3 millones de trabajadores agrícolas cultivan los campos que dan de comer a la nación entera. /EFE
Casi 3 millones de trabajadores agrícolas cultivan los campos que dan de comer a la nación entera. /EFE
Foto: EFE

Como ya se acerca el 4 de julio, muchos neoyorkinos ya tienen listos sus planes para las festividades del Día de la Independencia que seguramente incluyen ir a ver los tradicionales fuegos artificiales y organizar comidas con la familia y los amigos. Y seguramente también, cuando la mayoría de la gente se siente a disfrutar de su ensalada de papa, verduras y otros alimentos frescos, no se pondrán a pensar bajo qué condiciones se cultivó su comida.

Casi 3 millones de trabajadores agrícolas cultivan los campos que dan de comer a la nación entera. Las estadísticas muestran que casi 60,000 de estos trabajadores viven y trabajan en el Estado de Nueva York donde cosechan col, calabaza, papa, cebolla, berries de todos tipos y manzana.

La mayoría de nosotros podemos darnos el lujo de olvidar este hecho, pero trabajar en los campos donde se cultivan estos alimentos significa exponer a pesticidas a los trabajadores quienes se enferman demasiado a menudo por laborar en ese entorno.

Cerca de 1.1 mil millones de libras de pesticidas y herbicidas se aplican en los cultivos de frutas y verduras cada año por todo Estados Unidos. Estos químicos son perjudiciales pero no tan solo para las plagas que destruyen las plantaciones, sino que también para los trabajadores que se enferman por estar en contacto diario con tales químicos. Alrededor de 20,000 intoxicaciones por pesticidas se reportan cada año según la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) pero muchas más no se denuncian.

En mis labores de trabajadora de enlace con la comunidad del Centro de Justicia para los Trabajadores (Worker Justice Center) de Nueva York, mi trabajo consiste en educar a los trabajadores sobre las medidas de protección que pueden tomar para evitar estos daños y veo de primera mano lo que los trabajadores agrícolas pasan. Año tras año, escucho las mismas denuncias: trabajadores que sufren de vómito, náusea, problemas respiratorios y extensas erupciones cutáneas. Existen también casos de cáncer que los trabajadores mismos sospechan fueron causados por estar expuestos a pesticidas, así como defectos congénitos y autismo en sus hijos.

Sabemos que ingerir o respirar los pesticidas puede ser altamente tóxico, sin embargo también sabemos que con un equipo de seguridad apropiado y un entrenamiento completo con medidas de precaución se puede reducir el impacto de estos químicos.

Los propietarios de las plantaciones agrícolas por todo Estados Unidos deben ser obligados legalmente a proporcionar guantes y visores de protección para sus trabajadores. Las instrucciones para la mezcla y aplicación de estos compuestos químicos deben contener también mensajes de seguridad que deben ser impresos tanto en inglés como en español porque la gente que trabaja en el campo y que cultivan nuestros alimentos son inmigrantes de habla hispana en casi su totalidad.

Estos trabajadores hacen trabajo arduo y se pasan encorvados o agachados muchas horas seguidas bajo los rayos del sol o bajo la lluvia mientras plantan y colectan. Los que recogen manzanas y duraznos suben y bajan escaleras constantemente mientras llenan las canastas con fruta. Al final de la jornada llegan a casa con dolores musculares, cubiertos de tierra y de residuos de pesticida.

En estos momentos el gobierno federal está considerando actualizar la Norma de Protección para los Trabajadores Agrícolas (Worker Protection Standard) — el medio principal que usa el gobierno federal para imponer estándares de seguridad y entrenamiento para los trabajadores del campo.

Aunque la EPA dio a conocer una propuesta con algunas mejoras hace más de un año, la Norma de Protección a los Trabajadores no ha concluido en su versión final y debe ser fortalecida para mejorar las medidas de seguridad, reducir los casos de exposición a los pesticidas y los incidentes por intoxicación.

En primera instancia, la EPA debe fortalecer su política anti-represalias para que los trabajadores no se queden callados o dejen de buscar ayuda médica por miedo a perder su trabajo que es el sustento para sus familias.

Además, los trabajadores agrícolas deberán ser informados de la hora y la zona donde se hagan las aplicaciones de pesticidas para que eviten el contacto con estos compuestos tóxicos. La EPA debe exigir señalización clara en los campos agrícolas que notifique a los trabajadores de las aplicaciones recientes de pesticidas.

Los trabajadores del campo tienen mucho que ver con el pan nuestro de cada día y ya es hora que la Administración Obama les otorgue la justicia que se merecen. Sus vidas son importantes para mí en particular, pero para todos nosotros en general, y por lo tanto su salud y su seguridad deben protegerse.