“Antes que una empleada de casa, soy un humano y una madre”

Las trabajadoras piden el pago de $15 por hora, tiempo de descanso y el material de limpieza y protección adecuado
“Antes que una empleada de casa, soy un humano y una madre”

Nueva York— Inclinarse es un calvario que la ecuatoriana Patricia Lojano (48) debe tolerar al limpiar de rodillas los pisos de sus empleadoras. La mujer describe el dolor en sus articulaciones como el de mil agujas clavadas en carne viva.

Limpio de rodillas, pero no vivo de rodillas”, sentenció. “No tengo miedo de defender mi dignidad. Antes que una empleada de casa, soy un humano y una madre”.

Lojano frecuenta la parada de jornaleras en la intersección de las Avenidas Marcy y Division, en el barrio de Williamsburg. Un centenar de trabajadoras de casa se congregan desde el amanecer esperando un contrato por hora. La mayoría de empleadores son judíos jasídicos, pero también acuden contratistas de la industria de la construcción.

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Las quejas de abuso laboral de las jornaleras, como restregar pisos de rodillas, son las mismas de cuando se estableció la parada en el vecindario -un bastión judío jasídico- a finales de 2001; pero el Proyecto de Justicia Laboral tomó acción para educar a los empleadores al colocar un banner en el que se pide el respeto al acuerdo verbal en la contratación y del salario mínimo de $15 por hora.

“Gritar nuestros derechos hasta el cansancio sirve de poco si los patrones prestan oídos sordos”, dijo Mirtha, quien asiste a la parada desde hace tres años. “Los empleadores deben ser educados en derechos laborales”.

El letrero en blanco y negro, acorde a las tradiciones judío ortodoxas, está redactado en cuatro idiomas: español, polaco, inglés y hebreo.

“El respeto a las creencias judío ortodoxas reflejan nuestro interés de continuar aportando a esta comunidad”, dijo Yadira Sánchez, organizadora de las jornaleras del Proyecto de Justicia Laboral.

El mensaje es contundente. Las jornaleras agradecen a sus empleadores la confianza en sus servicios y piden que se les provea materiales de protección y limpieza (guantes, trapeador, mascarilla y cepillo para el inodoro) y tiempo para tomar el almuerzo.

“Es común que los empleadores violen el contrato verbal. Pueden prometer a las trabajadores cuatro horas de trabajo y al final sólo les dan dos”, dijo Ligia Guallpa, directora de Proyecto de Justicia Laboral, en Brooklyn. “El pago de $15 por hora puede parecer mucho, pero las jornaleras trabajan pocas horas al día. Muchas llegan con $200 a la semana”.

María, quien fue de las primeras jornaleras en llegar a la parada, calificó como denigrante el tener que introducir las manos en el inodoro de sus empleadores.

Jornaleras

“No me dan cepillo, ni guantes. Tengo que restregar a mano pelada con un estropajo”, dijo. “Nuestra necesidad es grande y queramos o no, tenemos que hacerlo por nuestros hijos”.

Pero colocar el banner fue una odisea que implicó hasta seis meses de reuniones y búsqueda de apoyo en las oficinas de la ciudad. El sitio es propiedad del Departamento de Transporte y sus regulaciones prohíben colocar letreros en la propiedad, según activistas. Finalmente, el concejal Antonio Reynoso logró la aprobación.

“El letrero es cordial y promueve una invitación al diálogo”, dijo Reynoso. “La valentía y fortaleza de estas mujeres es una ejemplo para los funcionarios que escuchamos su reclamo”.

Pese al apoyo del concejal y la colaboración del Proyecto de Justicia Laboral con la Fiscalía de Brooklyn, algunas jornaleras expresaron su miedo a las posibles represalias.

“Con este letrero aquí no nos darán trabajo”, dijo Juana, una trabajadora mexicana. “Los patrones no quieren pagar $15 y yo prefiero que me paguen $7 que quedarme sin comer”.

La Fiscalía de Brooklyn animó a las trabajadoras a no desistir en la defensa de sus derechos y pidió que confíen en sus investigadores al reportar abusos. La semana pasada, la oficina del fiscal Ken Thompson arrestó a Samuel Just, dueño de Just Cleanig, acusado del robo de salarios a cinco trabajadores. Cuatro eran mujeres de la parada de Williamsburg.

Algunos empleadores en el sitio se rehusaron a comentar acerca del letrero en la parada y de las quejas de abuso laboral de las jornaleras.

Inequidad en salarios

María Figueroa, investigadora de la Universidad Cornell, trabaja en una investigación que pone en relieve los principales problemas de las jornaleras de Williamsburg. En esta parada el 85% son latinas, pero también acuden polacas.

En los últimos seis meses, Figueroa ha entrevistado a unas 80 jornaleras del área. Algunos de sus hallazgos revelan que el salario de las trabajadoras en la industria de la construcción es menor al de sus pares varones.

“Persiste una marcada inequidad de salarios”, comentó. “Las empleadas de casa suelen hacer actividades físicas tan agotadoras como las que desempeñan sus compañeros, pero los empleadores suelen subestimar ese esfuerzo”.

Las jornaleras son contratadas para remover asbesto y otros materiales tóxicos en los lugares de construcción, o para limpiar los apartamentos recién construidos.

“Estás mujeres trabajan pocas horas y eso les impide romper con el círculo de pobreza. Sus ingresos no son suficientes para ayudar a sus familias”, indicó.

El estudio de la Universidad Cornell será presentado en octubre y es la primera parte de un reporte general de la situación de los jornaleros en toda la ciudad.

El abogado Martin S. Needleman, un activista judío conocido por sus litigios en casos de justicia social, dijo que la ofensiva de las autoridades debe formular una campaña de concientización especialmente diseñada para los empleadores.

“No se trata de creencias religiosas o de tradiciones, sino del respeto de los derechos fundamentales de los trabajadores”, comentó.

Pida ayuda

Los jornaleros que deseen contactar al Proyecto de Justicia Laboral pueden comunicarse al (718) 600-0425.