Nuestra lucha espiritual

Nuestra lucha espiritual
El Papa ha tocado temas profundos durante su visita al Continente.

Esta semana en mi iglesia oímos al ministro Louis Farrakhan como parte de la preparación de ir a Washington D.C. para la manifestación “Justicia o Verán’. También pudimos escuchar las homilías del Papa Francisco en la ocasión de su visita a nuestro Continente. Ambos mensajes, uno de un Católico con raíces latinoamericanas, el otro un Musulmán con raíces afroamericanas, enfatizaron la lucha espiritual de nuestros tiempos.
Ambos mensajes nos dirigieron a ofrecer servicios a nuestro pueblo, a fortalecer la familia y a favor de la justicia de los que sufren al margen de la sociedad. Basados en ambos mensajes es la tremenda lucha espiritual que se está llevando a cabo en el mundo y en las Américas.
Durante la semana también tuvimos que soportar los mensajes de odio que atacan a los latinos y a los musulmanes, no solo de parte de Donald Trump sino también de parte de los demás precandidatos del Partido Republicano.
Queda bien claro que existe una lucha espiritual. Esto va más allá de la política y nos afecta a todos. Al menos que cambiemos nuestra forma de vivir y relacionarnos a nuestros prójimos, los cambios políticos no valdrán nada y además, no lo lograremos.
Cuando se escuchaba el llamamiento en todo el país que “Las vidas negras y latinas importan”, tuvimos que preguntarnos si en realidad habíamos actuado para ayudar a nuestros jóvenes a saber que sus vidas tienen valor para nosotros.
Cuando el Papa habló desde el evangelio sobre aquellas personas que enfatizan su propia importancia, tuve que reflejar sobre los divisionismos en nuestro propio movimiento y la influencia negativa de grupos que pelean entre sí para conseguir fondos provenientes de las estructuras de poder.
Pero nuestros mejores dirigentes espirituales no exigen que nos asimilemos. Al fin era una cosa completamente apropiada que el Santo Padre haya trabajado con los líderes cubanos para romper la campaña de aislamiento desatado en contra de aquel pequeño país caribeño por el gobierno estadounidense.
Tenemos que marchar. Tenemos que votar si gozamos del sufragio e instar a nuestros vecinos a votar si no podemos nosotros mismos. También tenemos que transformarnos a nosotros mismos. Tenemos que educar a nuestra juventud para que sepan quienes son. Ellos deben aprender valorar sus propias vidas y las vidas de los demás para que podamos poner fin a la violencia.
El 10 de octubre de 2015 los afroamericanos y latinos nos juntaremos en Washington para exigir la justicia, y en búsqueda de la unidad espiritual. Juntos pronto vamos a constituir la mayoría en esta nación, y nos toca a nosotros llevar la batalla.