Sleepy Hollow: descubriendo al Jinete sin Cabeza a orillas del Hudson

La inmortal leyenda de Washington Irving sigue más viva que nunca donde todo comenzó: en Tarrytown, a tan sólo unas pocas millas al norte de NYC.
Sleepy Hollow: descubriendo al Jinete sin Cabeza a orillas del Hudson
Imagen de la serie 'Sleepy Hollow'
Foto: Cortesía 20th Century Fox

Recientemente han tenido lugar las tradicionales celebraciones de Halloween (o Noche de Brujas en Latinoamérica), una de las festividades más queridas y populares del planeta, y como cada año la ciudad de Nueva York se contagió de su irresistible hechizo con fiestas temáticas desde el Bronx a Staten Island, vecindarios enteros inundados de calabazas decorativas, trick or treaters de todas las edades recolectando caramelos  y, por supuesto, su esperado y multitudinario Village Parade a lo largo de la Sexta Avenida. Pero no todo se reduce a la Gran Manzana en cuanto a sacar el máximo partido a Halloween se refiere.  ¿Sabías por ejemplo que Sleepy Hollow, el pueblecito que sirve de escenario a la conocidísima leyenda del Jinete sin Cabeza, se encuentra  a menos de una hora en tren desde Manhattan?

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Todo empezó en 1820, año en el ínclito Washington Irving publicó un breve relato de terror que se convertiría en uno de los clásicos más celebrados y conocidos de la literatura universal: La Leyenda de Sleepy Hollow. Icono del Romanticismo estadounidense  y prolífico escritor de rebosante imaginación, la poderosa influencia de Irving en sus escritos le ha hecho pervivir en la historia como uno de los grandes  narradores americanos, introduciendo en la cultura popular conceptos tan instalados en nuestras vidas como Gotham (término destinado a convertirse en uno de los apelativos más reconocibles de la ciudad de Nueva York, además de bautizar el hogar de cierto superhéroe aficionado a los murciélagos ), ilustrando el prototipo de San Nicolás que inspiraría a Coca-Cola para crear la imagen de Santa Claus que todos tenemos en mente y, por encima de todo, introduciéndonos la perturbadora imagen del terrorífico Jinete sin Cabeza persiguiendo al galope a un aterrorizado Ichabod Crane sobre el puente de Sleepy Hollow.

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El relato del temido espectro  decapitado es un clásico instantáneo y atemporal, no sólo para los amantes de los buenos libros de fantasmas sino para las generaciones que en algún momento de sus vidas se vieron sobrecogidas por su imponente presencia en el clásico animado de Disney de 1949 o la exitosa visión del director Tim Burton en 1999, por no hablar de los que a día de hoy continúan enganchados con las andanzas de un Ichabod Crane atrapado en nuestro tiempo en el show que actualmente emite la cadena FOX.

Horseman

Pero aún más fascinante que la leyenda en sí resulta el hecho de que esté ambientada en una localización completamente real: los encantadores pueblecitos enclavados en los bosques a orillas del río Hudson, en pleno upstate neoyorkino. El propio Irving vivió felizmente alejado del bullicio de la gran ciudad en su villa de Sunnyside, y la historia del Jinete sin Cabeza transcurre en los alrededores de Tarrytown. En homenaje a la impecable labor de Irving al poner en el mapa los bellos parajes del condado de Westchester, North Tarrytown decidió cambiar oficialmente su nombre por el de Sleepy Hollow en 1996.

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Por ello, la respuesta es sí: Sleepy Hollow existe, está muy cerca de Manhattan y cualquier neoyorkino debería ir al menos una vez en su vida para disfrutar de una magnífica excursión de fin de semana o incluso de un solo día. Y si se realiza en pleno Halloween, mejor todavía.

Sleepy Hollow

El primer paso es acudir a la estación de Grand Central y adquirir un billete para el tren con destino a Croton Harmon. El billete cuesta unos $10, y los horarios son lo suficientemente flexibles como para que cualquier hora sea buena para iniciar la aventura.  Una vez dentro nos espera un relajado viaje de unos 50 minutos (media hora o menos si el tren es exprés) con toda la belleza del río Hudson y sus tupidos bosques durante la mayor parte del recorrido. Mi recomendación: sentarse en el lado izquierdo del vagón y realizar el viaje en otoño para maravillarse ante la belleza otoñal del entorno.

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Podemos bajarnos tanto en Tarrytown como en la siguiente estación, Philipse Manor. Las dos opciones son válidas, y cada una tiene sus ventajas. Si nos apeamos en Tarrytown descubriremos todo el encanto de este tradicional pueblo americano, visitando sus restaurantes, cafeterías y tiendas de recuerdos (imprescindible adquirir vuestro ejemplar de La Leyenda de Sleepy Hollow si no lo tenéis ya) mientras subís por Main Street hasta girar a la izquierda en Broadway rumbo al auténtico Sleepy Hollow.

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Si por el contrario optamos por bajarnos en Philipse Manor el tren nos dejará a pocos metros de todos los puntos de interés de Sleepy Hollow: su famoso Cementerio junto a la Old Dutch Church, el célebre puente creado en honor al relato, la estatua del Jinete sin Cabeza y otras atracciones como el espectáculo de terror Horseman’s Hollow. Dada la cercanía entre todos los puntos de interés y el placer que supone pasear por las calles de ambos pueblos, recomiendo la primera opción.

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Probablemente el tour que nadie debería dejar pasar es el del cementerio, una inmensa extensión de terreno donde permanecen enterradas personalidades de la talla de Elizabeth Arden, Francis Church, Andrew Carneggie, Dustin Archbold, William Rockefeller, Walter Chrysler y, claro está, Washington Irving, el hombre que hizo posible la misma existencia de uno de los camposantos más impresionantes del país.

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Las visitas guiadas de las 7PM en los fines de semana cercanos a Halloween se realizan en la más completa oscuridad, iluminadas tan sólo por la tenue luz de los faroles que se entregan a cada pareja de visitantes, creando una atmósfera absolutamente perfecta para una noche de emociones fuertes durante las dos horas que dura el recorrido. Imprescindible.

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Igual de ineludible resulta la visita a la que es por derecho propio una de las atracciones halloweenescas más espectaculares de los EE.UU: el Jack O’Lantern Blaze de la cercana localidad de Croton-on-Hudson (a 15 minutos en coche de Sleepy Hollow), un espectacular despliegue visual con más de 10.000 calabazas diferentes talladas por 300 voluntarios que dedican cada noche 3 horas de su tiempo para encenderlas. ¿El resultado? Una experiencia única e increíble, donde gigantescos dinosaurios, esqueletos, dragones chinos, tótems indios, relojes de péndulo, panales de abejas, inmensos trenes circenses e incluso bóvedas celestes completamente realizadas con calabazas iluminadas ocupan lo que fue la hacienda de la familia Van Cortland con un arte y un cuidado verdaderamente exquisito.

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Parece que el infame Jinete todavía cabalgará durante muchos años más por las boscosas tierras que le vieron nacer, de modo que si en algún momento decidís conocer el viejo North Tarrytown y os encontráis con él… ¡recordad mantener la cabeza fría si queréis conservarla sobre los hombros!