Triángulo: Messi, Ibra y Guardiola, la historia secreta

Zlatan define a Guardiola como un "líder cobarde", como "la asustadiza persona que pensaba demasiado las cosas", pero alaba a Messi
Triángulo: Messi, Ibra y Guardiola, la historia secreta
En 2009, Ibrahimovic llegó al FC Barcelona en donde no pudo encontrar acomodo en el esquema de Pep Guardiola.
Foto: Getty Images

Que Lionel Messi no necesita abrir la boca para ser el rey del Barcelona es una obviedad. Y que en el fútbol dos más dos no necesariamente da cuatro, también.

Lo entendió a la fuerza Zlatan Ibrahimovic, que en agosto de 2009 llegó a un equipo de estrellas cumpliendo el sueño de su vida y se encontró con que no eran ni el lugar ni el momento justos: no sólo porque Josep Guardiola no fue el entrenador que esperaba, sino porque Messi se demostró tan rápido con los pies como con el teclado del teléfono.

“Bueno, veo que ya no soy importante para el equipo, así que…”. El mensaje de texto -por entonces no había whatsapp- le llegó a Guardiola desde uno de los asientos traseros del autobus que compartía con el equipo tras un partido de las fechas iniciales de la Liga española 2009/2010. Ibrahimovic había jugado muy bien, el argentino no tanto.

En aquella tarde en las rutas españolas, Guardiola tenía a su lado a Manel Estiarte, medallista olímpico en waterpolo y su mano derecha en el club. Ambos supieron al instante que debían proteger a Messi y limitar a Ibrahimovic. Fue el inicio de una tormenta cuyos detalles comienzan a aflorar.

“Un día, Pep Guardiola, el entrenador del Barcelona, con expresión pensativa y vestido con un traje gris, vino a verme. Parecía cohibido. En aquellos tiempos pensaba que era un buen tipo, quizás no otro Mourinho u otro Capello, pero parecía agradable. Aquello fue mucho antes de que empezáramos a pelearnos”. Así comienza el sueco “Soy Zlatan Ibrahimovic”, su autobiografía.

El libro se publicó hace ya cuatro años en Suecia, pero su traducción al español permite confirmar lo que ya era sabido por otras fuentes: Ibrahimovic admira profundamente al delantero. Otra cosa es si se le habla de Guardiola, al que no presenta precisamente como ese entrenador inmaculado, perfeccionista y sensible que influyó como ningún otro en el fútbol de los últimos años. “Creo que no sabe comportarse ante las personas que tienen carácter. Prefiere colegiales que se porten bien y, lo que es peor, huye de sus problemas. No tolera enfrentarse a ellos cara a cara, lo que lo complica todo aún más”.

Bien consciente de que mete el dedo en la llaga, el sueco compara a Guardiola con otro técnico que lo dirigió, José Mourinho [en Internazionale, de Italia]. El portugués gana por goleada. “Me cae bien, es el líder de su ejército. Pero también se preocupa. Me enviaba mensajes de texto a todas horas para preguntarme qué tal estaba. Es todo lo contrario que Guardiola. Si Mourinho ilumina una habitación, Guardiola cierra las cortinas”.

Ibrahimovic no tuvo la fortuna que están teniendo Neymar y Luis Suárez, que con un Messi ausente desde hace semanas son partido a partido los jugadores mágicos y decisivos en el equipo. No, el sueco debió batallar con Messi dentro, y eso era novedoso para él, acostumbrado a que en cada club que jugó se lo tratara como la máxima estrella. No fue así en el Barcelona. Y, sin embargo, no hay ni una sola palabra negativa del sueco hacia el argentino.

“El sueco mataba por el pequeñajo”, dijo a La Nacion una fuente que vivió desde el mismo vestuario del Barcelona todo aquel proceso. El propio Ibrahimovic lo confirmaría meses después de dejar el club: “Messi es el mejor jugador del mundo, al Balón de Oro le deberían dar su nombre”.

Esa admiración no quita que Ibrahimovic fuera muy consciente de los movimientos de Messi para recuperar la primacía: “Messi quería jugar en el medio, no de extremo, por lo que el sistema cambió de un 4-3-3 a un 4-5-1. Yo fui el jugador sacrificado y ya no dispuse de la libertad en el campo que necesito para tener éxito”.

El sueco, que admite en el libro haberse entrenado en el Inter tras sólo dos horas de sueño, atrapado por la XBox y la PlayStation hasta las cinco de la mañana, define a Guardiola como un “líder cobarde”, como “la asustadiza persona que pensaba demasiado las cosas”. Y mucho más: “No posee una autoridad natural, no tiene carisma. Si no se sabía que era el entrenador de un equipo importante, nadie se fijaba en él cuando entraba en algún sitio”.

Tampoco Messi terminó bien su relación con Guardiola, pero desde el silencio y el celular -y desde su fútbol, claro- logró siempre lo que quiso. Aquella posición de “falso 9” fue clave en el 6-2 sobre el Real Madrid, en mayo de 2009.

Así, Ibrahimovic estaba condenado incluso antes de llegar al club. Cuando Guardiola dudó, Messi le recordó quién era y quién mandaba. Quién manda.

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