Editorial: 2016, ¿El año del voto latino?

El tono preocupante de la primaria republicana indica la necesidad de un sólida participación
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Editorial: 2016, ¿El año del voto latino?
Este año habrá una elección que la ganará quien saque más gente a votar.
Foto: Isaías Alvarado / La Opinión

La elección presidencial de 2016 es una de las más importantes de los últimos tiempos. Por lo visto hasta ahora en las primarias de ambos partidos, las propuestas de los demócratas y los republicanos son muy distintas tanto en las prioridades nacionales como en su visión para el futuro. Los votantes latinos tienen el potencial para volcar la balanza en la justa, la cuestión es que salgan a votar.

Cada 30 segundos un latino estadounidense cumple 18 años de edad, cada año hay 66 mil nuevos votantes latinos en potencia, según el Pew Research. Para la elección de este año se proyecta que habrá 28.5 millones de hispanos en capacidad de votar. La otra cara de la moneda, muestra que el ausentismo electoral es mucho más elevado en nuestra comunidad que entre anglos y afroamericanos. La  baja participación en parte es atribuida a la juventud de la comunidad, edad promedio 28 años, un periodo en la vida en que el interés en elecciones es muy bajo.

Es posible, y ojalá se así, que el odioso debate antiinmigrante que domina la primaria republicana sea una motivación, no solo para que los jóvenes latinos ciudadano voten sino también para que los residentes legales en condiciones de hacerse ciudadanos, lo hagan y los ya naturalizados se registren para votar.

Lo visto en el plano político durante el 2015 es preocupante. La popularidad de Donald Trump con su mensaje chauvinista de intolerancia y resentimiento es  grave. Peor es que el millonario sea quien marque el ritmo de la primaria. haciendo que los demás candidatos asuman posiciones cada vez más recalcitrantes. La visión que surge de Trump, como del senador Ted Cruz, el más cercano al neoyorquino en las encuestas, es de una sociedad más desigual que la  dadas las políticas impositivas, de una libertad religiosa limitada a una versión del cristianismo y de una nación donde la diversidad de opiniones es un problema, en vez de una virtud.

Ya no hay espacio para la indolencia electoral. Este año habrá una elección que la ganará quien saque más gente a votar. Quedarse en la casa con la pretensión de ser observador es imposible porque todos somos protagonistas, unos más activos otros más pasivos. Está en cada uno cumplir con su deber, tomar control de su destino para que el 2016 sea el año del voto latino.