La forma de tumbar a Trump en la convención republicana

De no llegar nadie con mayoría, la convención pasa a ser abierta

El aparato del Partido Republicano busca llegar a una convención disputada para evitar competir por la Casa Blanca con un candidato como Donald Trump, de retórica xenófoba, ultranacionalista y sexista y cuya campaña está cada vez más rodeada de protestas e incidentes violentos.

Los conservadores del movimiento “anti-Trump” consideran que si el magnate es su candidato no solo sufrirán una dolorosa derrota en las presidenciales de noviembre sino que se fracturará el partido y perderán el control del Senado.

Ni a Trump ni tampoco a Ted Cruz, un autodeclarado “anti-establishment” aupado por los ultraconservadores del “Tea Party“, les interesa llegar a una convención disputada, porque saben que no cuentan con el apoyo del aparato y temen que se saque de la chistera otro candidato más de su gusto.

El magnate ya ha advertido de que si el partido maniobra en su contra en la convención “habrá disturbios” de sus entusiastas seguidores, mientras que Cruz ha pronosticado una “revuelta” si el “establishment” logra que se imponga un candidato de su cuerda sin el apoyo popular previo.

Si un candidato logra la mayoría en las primarias, el escenario más común en el último medio siglo, la convención se limita a ratificar su nominación en una sola votación en la que solo el 5 % de los delegados son libres de apoyar a quien deseen, mientras que el 95 % debe seguir lo decidido por el voto popular en las primarias.

De no llegar nadie con mayoría, la convención pasa a ser abierta y, si nadie logra sumar una mayoría en la primera ronda con ese 5 % de delegados libres, la convención se convierte en disputada.

Entonces se celebrará una segunda votación en la que el 57 % de los delegados, de más de 30 estados, pasan a ser libres.

TODO SOBRE LAS ELECCIONES 2016

Si nadie logra la mayoría, se pasa a una tercera votación en la que el 81 % de los delegados son libres y normalmente no es necesaria una cuarta vuelta.

En este proceso, caótico e impredecible, y según las normas que se establezcan este año, pueden aparecer candidatos que no compitieron en las primarias o que lo hicieron pero se retiraron por falta de apoyo popular.

Se barajan los nombres del presidente de la Cámara de Representantes y candidato a vicepresidente en 2012, Paul Ryan, -que ha rechazado repetidamente esta posibilidad-, el del exgobernador de Texas Rick Perry e incluso el del candidato a la Presidencia en 2012 Mitt Romney, que está liderando el movimiento para vencer a Trump.