Una decisión tomada en cinco minutos para dejar huella
El dominicano Rafael José abrió junto con la artista Nicole Palapoli un negocio de tatuajes en Astoria que ahora recibe clientela de todo el mundo
Body Language Tattoo parlor, owners Rafael Jose y artistas Nicole Palapoli, Carlos Guzman son vistos durante una entrevista el 28 de Marzo de 2016 en Astoria, Queens. Photo Credito Mariela Lombard/El Diario NY. Crédito: Mariela Lombard | El Diario
Rafael José dice que lo más fácil que hizo cuando abrió su negocio fue tomar la decisión de hacerlo. Recuerda que apenas lo hizo en cinco minutos.
De padres dominicanos y criado en Long Island, este hombre de 39 años estudió administración y gestión de empresas antes de trabajar para firmas financieras y ocasionalmente en el mercado de los bienes raíces. Pero “no era feliz en el mundo de las finanzas”. Esa insatisfacción fue lo que le llevó a él y a la que ahora es su socia, Nicole Palapoli, de 35 años, a decidir abrir un negocio de tatuajes, algo radicalmente distinto a lo que él había hecho antes.
Palapoli es pintora, ilustradora, ha sido profesora de arte y lleva años trabajando como artista del tatuaje. Cuando habló con José de abrir el negocio trabajaba en Bay Ridge (Brooklyn).
Ahora son socios al 50% en Body Language Tattoo en Astoria donde cumplirán cuatro años en agosto y han desarrollado una clientela que está hasta dos semanas en lista de espera para tener su cita con uno de los cuatro artistas que trabajan en un coqueto local de este barrio de Queens.

Con sus ahorros, José aportó el capital para poner en marcha el negocio. Prefiere no decir cuánto pero si se le anima a dar una aproximación explica que más de $50,000. A esto hay que sumarle que durante un año y medio él no tuvo un sueldo, “viví de forma muy austera”, y siguió involucrado en el mercado de los bienes raíces. Lo admite: “es un riesgo”
Palapoli, descendiente de italianos, aportó la clientela. “Con eso podíamos pagar su sueldo y las facturas para mantener abierto el local”, recuerda José. Reconoce que para hacer crecer un negocio hay que tener mucha paciencia y que solo 18 meses después de abrir empezaron a cuadrar mejor las cuentas. “El año pasado fue muy bueno y este es muy prometedor también”, dice sin hablar de números concretos cuando repasa la evolución de su negocio. “Tenemos ganancias”, resume.
Estos socios para los que ahora trabajan tres artistas más, y una mujer que se encarga de la recepción, se han dividido el trabajo siguiendo el consejo del refrán, “zapatero a tus zapatos”. “Yo me ocupo de gestionar el negocio para que los artistas se concentren en su trabajo y en su clientela”, explica este empresario. No son empleados sino trabajadores independientes.
Los expertos en tatuajes, entre los que hay un mexicano, Carlos Guzmán, no tienen un libro con ilustraciones modelo que copiar sino que hablan con sus clientes de lo que quieren, “les ayudamos a pensar en la imagen que quieren dejar en su cuerpo para siempre. Pasamos horas con ellos de consultas y no tratamos de empujarles para que gasten más dinero, les hacemos sentir cómodos y que lo pasen bien”.
En Body Language se cobra no por tatuaje sino por horas de trabajo ($150) lo que según Guzmán permite mucha más libertad al artista y creatividad, la consulta no se cobra. Todo lo que se hace es original. “Cada tatuaje crea un vínculo con el artista”, apunta Palapoli. Guzmán dice con disgusto que cuando empezó en el mundo del tatuaje, los clientes decían “hazme un tatuaje de $20”. “Esa no es manera de trabajar, es para siempre”.
Esta atención y originalidad hace que la clientela de este negocio sea de lo más diversa. “Vinimos a Astoria porque después de mirar en varias áreas vimos que Brooklyn estaba sobre saturado y en Astoria no estaba pasando mucho en la escena artística pero la población es joven y está empezando a moverse”.
No solo los vecinos se animan a hacer una cita sino que los clientes llegan de los cinco condados e incluso “desde Dubai, Londres y otros países de Europa. Tenemos clientes de todo el mundo”, explica José quien explica que muchos turistas ven en Nueva York un punto importante en el mapa del tatuaje y ellos están teniendo muy buenas referencias en redes sociales. “La gente nos encuentra en la Red”, dice José.
En la puerta del local se avisa que no se aceptan a clientes menores de 18 años pero a partir de esa edad por este local de Astoria están pasando clientes de todas las edades y formación. La mayor de todas fue una mujer de 80 años que se hizo su primer tatuaje el día que cumplió esa edad. Luego, se hizo otro.
Hasta ahora, y los dos socios, están de acuerdo en ello, lo más difícil que han hecho ha sido “poner en marcha un equipo sólido que pueda trabajar junto. Tuvimos artistas que vinieron pero no duraron mucho”.
De cara al futuro José cree que el negocio puede crecer orgánicamente. “Hemos hablado de formar cooperativas pero no se si es el mejor sistema de negocio para esto. A los artistas les gusta ser independientes”, explica José.
La experiencia latina
“Me interesa que la empresa sea social, que crezca orgánicamente en el barrio con el resto de los negocios, crear una atmósfera de comunidad”, explica José quien como latino dice que su apuesta emprendedora es importante. “Los latinos tenemos que estar más unidos, sobre todo ahora que estamos oyendo cosas ofensivas en esta campaña”, dice este empresario. “Quiero que la gente sepa que nada ha sido fácil para la primera generación que vino aquí”, clama. Su generación, nacida en EEUU, forma parte de la cultura del país gracias al esfuerzo de sus predecesores, explica.