Cuando el terror viaja en autobús

Columna de opinión de Leah Soibel, CEO y fundadora de Fuente Latina, organización que ofrece información en español sobre Israel y el Medio Oriente

Cuando el terror viaja en autobús
Autobús calcinado tras la explosión en Jerusalén el 18 de abril.
Foto: Getty Images

En torno a las seis de la tarde estalló un artefacto en la parte de atrás de un autobús del transporte público de Jerusalén. La bomba hirió a 21 personas, dos de ellas en estado crítico. Cuando parecía que se estaba calmando la situación en lo que se ha dado en llamar la ‘Intifada de los cuchillos’, con varias semanas sin apenas incidentes ni ataques terroristas, el fuego que calcinó el autobús de Jerusalén sirvió también para avivar el temor al resurgimiento de terroristas suicidas en el corazón de las ciudades y pueblos israelíes.

Vive la población israelí tan acostumbrada al terror de las bombas y los cuchillos que da la sensación de que un ciudadano normal, un trabajador, una estudiante, un empresario, una deportista o un jubilado, da igual, nunca pueden bajar la guardia. Esta realidad es un paisaje de difícil encaje para mantener la cordura. Y a pesar de todo, la sociedad israelí es capaz de seguir adelante aún con el odioso peso del terrorismo amenazante sobre sus espaldas.

Cuando un israelí normal se entera que ha estallado una bomba en un autobús, como ésta de Jerusalén, no puede evitar acordarse de los muchos atentados en transportes y espacios públicos sufridos en las ciudades de Israel durante pasadas intifadas lanzadas por terroristas palestinos. No puede evitar recordar a los muchos compatriotas civiles que han perdido sus vidas en el pasado y en esta última ola de violencia que asola a la sociedad. No puede evitar tener miedo. Y sin embargo, al día siguiente se levanta y va al trabajo, a la universidad, a la playa, a visitar a su familia y amigos, a seguir con la vida, sin dejar que la sinrazón del terrorismo secuestre sus ganas de disfrutar de una sociedad plural y vitalista.

Sobre todas las cosas, lo que un ciudadano israelí normal –sea judío, musulmán, cristiano o druso– no puede evitar cuando sabe de una bomba como esta del autobús de Jerusalén es desear un futuro de paz.

Efectivamente, una abrumadora mayoría de israelíes desea vivir en paz, desea ver cómo se sientan las bases para un escenario de coexistencia, con plenas garantías de seguridad y bienestar dentro de sus fronteras. Y ese es el camino que muchos líderes políticos en Israel han intentado recorrer. Se han habilitado a lo largo de las últimas décadas numerosos canales para el diálogo. Sin embargo, poco o nada se puede avanzar cuando de forma sistemática se compromete la seguridad de los ciudadanos israelíes y se atenta contra sus vidas.

El terrorismo contribuye de forma decisiva a generar desconfianza, tanto en las mesas de diálogo y negociación como en las sociedades. Por si fuera poco, le cuesta encontrar a Israel un interlocutor válido en el lado palestino cuando estos viven inmersos en una especie de guerra civil entre facciones, con Hamas en Gaza y Fatah en Cisjordania absolutamente enfrentados. De poco sirve la retórica de Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina de Fatah en Cisjordania, cuando dice que hace lo posible para poner freno a las agresiones palestinas, pero resulta que Hamas sigue construyendo túneles que comprometen la seguridad de Israel en la frontera de Gaza, y además esta organización islamista gana popularidad en Cisjordania. Para alcanzar la paz, el terrorismo ha de desaparecer como premisa fundamental.

Sobre la autora

Leah Soibel es CEO y Fundadora de Fuente Latina. Analista en Medio Oriente y experta en Seguridad y Terrorismo. De origen hispanoamericano, actualmente vive en Jerusalén.