Editorial: Antagonismo republicano

El antagonismo de los republicanos hacia Hillary Clinton no es algo nuevo
Editorial: Antagonismo republicano
Los republicanos piden que Clinton vaya a la cárcel.
Foto: Jeff Swensen / Getty Images

El odio hacia Hillary Clinton es el punto que une a las distintas facciones republicanas, que se encuentran distanciadas por la controversial nominación de Donald Trump como candidato presidencial. Los ataques al candidato del partido rival es algo común, lo que no deja de llamar la atención es la virulencia con que se presenta en esta oportunidad.

Un ejemplo es el discurso principal de la noche del martes dado por el ex aspirante presidencial, Ben Carson, en que con una retórica retorcida conecta a la demócrata con Lucifer. Lo ridículo e irrisorio de esta afirmación llega a ser preocupante cuando es recibido por un público mayormente cristiano que cree que su fe está amenazada por una sociedad secular.

Después de la denuncia desde el podio que coloca a Clinton junto a el diablo, nada debería sorprender. Pero los gritos de encerrarla en la prisión por sus decisiones políticas y personales ya se convirtieron en una música de fondo para la convención.

El antagonismo de los republicanos hacia Hillary Clinton no es algo nuevo. La ex secretaria de Estado fue un blanco preferido para los republicanos desde que llegó a la Casa Blanca, en la década de los noventas con el ex presidente Bill Clinton. El inusual alto perfil político asumido entonces por la ex primera dama, y sus esfuerzos para lograr una reforma médica, fueron resentido por una oposición ideológica y un rechazo al feminismo que ella representó con sus iniciativas.

Pero desde que el presidente Obama llegó a la Casa Blanca, la oposición republicana redujo el nivel del discurso político hasta llegar al insulto personal. La candidatura de Donald Trump dio piedra libre para un nuevo nivel de humillación del opositor. Hoy, hasta los mismos republicanos como los de la delegación de Connnecticut, lamentablemente muy pocos, rechazaron la intensidad del sexismo y lo misógino de la propaganda anti- Hillary que se vende alrededor de la Convención, y que portan orgullosamente los delegados.

El problema es que los ataques e insultos desde el podio, ocupan un espacio que debería ser usado en explicar las propuestas de gobierno del candidato. De aclarar, una vez por todas, los detalles de planes anunciados, llenos de adjetivos pero sin contenido.

En realidad, esas ideas de gobierno son las que dividen a Trump de los conservadores, y a falta de una coincidencia para ser constructivos, se recurre a la destrucción sistemática del rival como motivo de unidad; y por qué no, de justificación para la actual existencia política.