El México de hoy está estancado en su paso al futuro

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Imagínense a México como si fuera una persona obesa cuyas ropas ya no le alcanzan a cubrir su cuerpo: los botones de la camisa brotan y vuelan por el aire. Por igual las mangas de la camisa le llegan a los antebrazos y las costuras de los pantalones se desprenden.

México está creciendo a la velocidad de la luz con 127 millones de personas. Todas estas personas luchan por ser cobijadas económicamente y poder satisfacer sus necesidades de vida, protección y justicia.

¿Pero por qué la camisa y demás ropas de este México moderno se rompen y desprenden? Digamos que las ropas son las instituciones de México, el marco jurídico, el sistema educativo, la justicia que todos buscan y que no encuentran.

En otras palabras las instituciones de México son insuficientes para suplir y acomodar con igualdad a todos los mexicanos. Los cambios que proponen los de arriba siempre son limitados e insuficientes.

Por eso existe tanto conflicto en México en estos años del peñanietismo. Hay un fervor de protestas por los mexicanos que no alcanzan la promesa de México y que quedan fuera del “proyecto de nación” de este sexenio.

En un reciente viaje a México comprobé esto y no es solamente una alucinación mía. El México de hoy sólo acomoda y da oportunidad económica y justicia una tercera parte de los mexicanos. Estos son los más acomodados.

Las otras dos partes de los mexicanos, unos 85 millones, quedan fuera sin poder caminar hacia el futuro y esperan una prosperidad que nunca llega. Hay pobreza en los estados lejos de las grandes ciudades y la justica y oportunidad económica son apenas un sueño para mucha gente.

Uno de los mayores males de México quizá sea su corrupción, la cual me imagino que no se podrá extirpar por milenios. Esta engreída en cada mexicano y aceptada como una costumbre habitual.

Sin ofender a nadie, quizás no hay un mexicano que “no trance” y ningún mexicano que no lo acepte como la forma de vida desarrollada en este país que siempre está a un paso de llegar al mundo moderno pero nunca llega, ni llegará.

Cualquier persona que se opone a la corrupción, en un México desigual y estancado, es vista como un hereje digno de ser apedreado.

En los ranchos la gente se sienta en frente de sus casas al caer la noche en plena soledad esperando quizás alguna promesa incumplida de los ministros, magnates  y políticos que juegan con México como si solo estuvieran jugando un juego de billar y no de la seria tarea de llevar a un inmenso país a encontrar su destino.

La desigual se ve en las calles de las ciudades grandes con mendigos buscando una limosna para comer y otros vendiendo baratijas de segunda para apenas darle de comer a sus hijos.

Si la vida es buena como dicen y la esperanza existe como se predica, México tendría que cambiar de la raíz para arriba y no de la cúpula para abajo. Este es un cambio que debemos exigir todos.