Los secretos de Melquiades Sánchez Orozco, la legendaria voz del Estadio Azteca

El hombre que ha visto más partidos que nadie en los 50 años de vida del Coloso de Santa Úrsula llevará su magia al StubHub Center de Carson para el América vs. Pumas
Los secretos de Melquiades Sánchez Orozco, la legendaria voz del Estadio Azteca
Melquiades Sánchez Orozco, la voz oficial del Estadio Azteca, posa con "Nachito", estatua localizada en uno de los asientos como monumento a los aficionados.
Foto: Getty Images

Por accidente se hizo locutor y sin proponérselo se convirtió en una leyenda del micrófono y del futbol.

Durante 50 años, Melquiades Sánchez Orozco ha sido el anunciador oficial del Estadio Azteca. El distintivo tono agradable y formal de su voz ha acompañado a generaciones enteras que han disfrutado del futbol en el llamado Coloso de Santa Úrsula.

Lo primero que la gente escucha cuando llega al Azteca es la voz de Melquiades. Minutos antes de que inicie un partido, el legendario locutor hace vibrar a las masas cuando, pausada y metódicamente, recita las alineaciones de los equipos. Es a partir de ese momento que el ambiente en el estadio que ha sido escenario de dos Copas del Mundo cobra magia.

De todo el trabajo que él realiza desde su cabina instalada en el nivel de palcos del inmueble, lo que más ha dejado huella entre los aficionados es el anuncio que Sánchez Orozco hace cada vez que cae una anotación.

Gol anotado por…”. Ése es el sello de identidad que el locutor ha cultivado en medio siglo de dirigirse al público.

“Estoy muy agradecido con lo que la vida me ha dado”, dice Melquiades, quien apenas cumplió 88 años de edad.

Originario de Tepic, estado de Nayarit, Melquiades se inclinó desde muy joven por el arte de la pintura y por la electrónica. Nada hacía suponer que dedicaría su vida a los medios de comunicación. Pero cuando a los 18 años de edad queda huérfano, recibió, sin saberlo, la señal que cambiaría su destino.

“Como me gustaba tanto la electrónica y además era muy curioso, un día decidí visitar la emisora de radio de mi ciudad para ver si me dejaban entrar a ver cómo funcionaba el sistema de transmisión”, recuerda en entrevista.

Mientas esperaba para ingresar a la emisora, alguien se le acercó y le preguntó si era la persona que iba a realizar una prueba para ser el locutor de la estación.

“Yo le dije que sí, pero para nada, yo no iba a eso,  nunca me pasó por la cabeza ser locutor”, admite. “Yo tenía 18 años de edad, acabada de quedar huérfano, necesitaba trabajar y pues hice la prueba a ver qué pasaba”.

Lo que pasó es que en ese momento comenzó la carrera de un joven que con el tiempo se transformó en ícono del micrófono en México y en el futbol.

“En ese entonces no existían escuelas de locución ni nada de esas cosas. El tono de mi voz siempre me ayudó mucho, pero mi estilo lo tuve que ir formando poco a poco”, comenta.

Otro golpe de suerte

Fue en 1946 cuando Melquiades inició su carrera en Tepic y su talento lo llevó a Guadalajara, ciudad donde trabajó como locutor, pero además, donde empezó a crecer como pintor.

“En Guadalajara realicé varias exposiciones y de ahí junte unos centavitos para irme ocho días a conocer la Ciudad de México”, recuerda. Así llegó a la capital de la República Mexicana en 1956 para gozar una semana vacaciones, pero el viaje terminó por ser el más importante de su vida.

“Venía a la Ciudad de México por ocho días y aquí sigo”, dice en la charla telefónica.

En la capital, Melquiades se encontró con amigos que lo invitaron a trabajar en estaciones de radio, pero por políticas sindicales su estancia en esas emisoras fue muy corta.

“Dejé de trabajar como locutor y me puse a vender mis cuadros, me iba bien, así que en realidad no extrañaba la radio ni ser locutor”, dice.

Con la convicción de empeñar todo su tiempo en transformar lienzos en obras de arte, el destino volvió a tocar a la puerta de Melquiades.

“Se iba a abrir Radiópolis, una pequeña estación del señor Emilio Azcárraga Milmo, y un amigo me invitó a trabajar ahí. Esa vez no tuve problemas con el sindicato y me quedé”, explica.

Años después, Azcárraga compró al Club América e hizo construir el Estadio Azteca.

El coloso enclavado al sur de la Ciudad de México quedó listo para su inauguración en 1966 y el magnate buscaba a alguien que se hiciera cargo del sonido local.

“El señor Azcárraga le dijo al gerente de la estación de radio que le mandara al ‘pintor’, así me conocían en la estación, para hacer una prueba en el Estadio Azteca. Fui, hice le prueba y nunca me imaginé que 50 años después seguiría ahí”, menciona.

Primer resbalón

Melquiades Sánchez Orozco no estuvo en el juego inaugural del Azteca entre América y el Torino de Italia porque nunca se enteró que se había quedado con el trabajo como anunciador.

“Fue hasta después del partido inaugural que mi jefe me dijo: ‘¿por qué no estuviste en el Estadio Azteca, te estuvimos esperando”, relata.

Fue un par de semanas después que él se estrenó como la voz del Estadio Azteca en un partido de Primera División. El locutor se acuerda que ese partido lo jugó el Atlante, pero dijo no recordar exactamente al rival.

Lo que sí se quedó bien grabado en su memoria fue que en su primera intervención cometió un error que le costó el encono de los aficionados presentes.

“En el Atlante había un jugador argentino que se llamaba Evaristo. En el  segundo tiempo cae el gol del Atlante y yo tomó el micrófono para anunciar: ‘Gol anotado por Evaristo, número siete‘. El problema fue que yo nunca me di cuenta que Evaristo no salió de los vestidores para jugar el segundo tiempo y entonces, cuando de mi ronco pecho le di el gol por el sonido local, ya te imaginarás la reacción de la gente”, dice Melquiades. “Unos me voltearon a ver con cara de puñal, otros se rieron de mí  y no faltó quien me dijera: ‘ya deja la botella’. Ese fue mi bautizo en el Estadio Azteca”.

Vio a Pelé y Maradona

Melquiades es el único ser humano que puede darse el lujo de decir que ha trabajado como anunciador oficial de un estadio en dos finales de Copa del Mundo.

En 1970 fue la voz del Estadio Azteca en el partido que la selección de Brasil le ganó 4-1 a Italia y en 1986 se hizo cargo del sonido local en el duelo que Argentina se llevó por 3-2 sobre Alemania.

“Uno de los honores más grandes que he tenido en mi carrera fue el haber visto a Pelé y Maradona coronarse campeones del mundo”, dice Melquiades, quien considera al rey brasileño como el jugador más espectacular que le haya tocado ver.

El locutor afirma que la selección brasileña de 1970 es el mejor equipo que ha visto en sus 50 años en el Azteca y en su mente le quedó grabada una anécdota de esa final contra Italia.

“Un día antes de la final, visité el entrenamiento de Brasil y me puse a platicar con todos los jugadores, ellos ya sabían quién era yo por mi trabajo en el Estadio Azteca, pero además en ese entonces no existían las medidas de seguridad que hay ahora”, recuerda.

“Yo estaba sentado en el pasto de la cancha platicando junto a todos los jugadores de Brasil como si nada. Pelé, Tostao, Rivelino, con todos ellos estuve antes de esa final”.

América y un elefante desobediente

En medio siglo de labor, Melquiades ha pasado situaciones muy simpáticas, como cuando en el medio tiempo de un partido tuvo que anunciar el nombre de un elefante para que saliera a hacer publicidad para un circo.

“No, pues el animalito no quería salir del túnel y ahí me tenías repitiendo su nombre por casi 20 minutos hasta que se le ocurrió aparecer, fue algo muy chistoso”, dice el anunciador.

Su posición privilegiada también le ha permitido atestiguar medio siglo de historia del Club América, que esta temporada cumple 100 años de existencia.

“El América de Leo Beenhakker, con los jugadores africanos Biyik y Kalusha, ha sido el más espectacular”, opina el padre de cuatro hijas y un hijo que recién falleció. “Claro que en cada época el América ha tenido grandes equipos. El América de Carlos Reinoso también fue muy bueno”.

A sus 88 años de edad, Melquiades todavía mantiene el tono fuerte y solemne de su voz y el paso del tiempo no es lo que ahora le hace pensar en el retiro.

“El Estadio Azteca es el más grande e importante de México. Ese estadio requiere una voz discreta y elegante y no los gritos que se dan en otros estadios. Si la gente cree que eso es mejor, los gritos en lugar de un tono más solemne, entonces pensaré que es hora de dejar el micrófono para darle paso a los jóvenes”.

Su voz en Los Ángeles

Melquiades Sánchez Orozco estará el 8 de octubre en el StubHub Center de Carson para el juego amistoso entre América y Pumas. Y la voz que se escuchará en el estadio será la suya.

“Para mí es un honor y un gusto muy grande que me hayan invitado a este juego del centenario del América”, dice el locutor, cuya filosofía de vida la compara con su otra pasión, la pintura.

“Para mí, la vida es como una tela en blanco montada en un caballete. El pintor, a lo mejor la deja en blanco, a lo mejor la embadurna sin ton ni son, o a lo mejor hace una obra de arte. Cada quien decide qué quiere hacer con su vida”.