Fiestas “pop-up” son un peligro inminente

Al igual de lo ocurrido en Oakland, en la Gran Manzana se realizan en lugares que carecen de medidas de seguridad en casos de incendio
Fiestas “pop-up” son un peligro inminente
Fiesta en una bodega del distrito industrial de Sunset Park, Brooklyn.
Foto: Zaira Cortes - Especial para El Diario

Brooklyn — Los vecinos evitan adentrarse en el oscuro y solitario distrito industrial de Sunset Park, en Brooklyn. Es “lugar prohibido”, dicen temerosos de las pandillas y los negocios clandestinos. “Si gritas por ayuda nadie te escuchará”, advierten.

Pocos transitan por la zona de grandes bodegas (warehouses) y aceras resquebrajadas. De día se observa a los trabajadores cargando los camiones con mercancía, desde alfombras hasta alimentos. Pero de noche, a poca distancia de la bulliciosa y comercial Quinta avenida, emerge la ilegalidad que preocupa a los residentes.

Pasando las iglesias y negocios latinos de la Cuarta y Tercera avenidas comienzan las calles desiertas en dirección al muelle. Nada parece irrumpir la quietud del distrito industrial en una noche fría de viernes, hasta llegar a la calle 48 entre Primera y Segunda avenidas. Llama la atención la música estridente que hace vibrar los vidrios de los camiones estacionados y que proviene de la única bodega iluminada.

De un taxi parado frente al lugar descienden tres hombres, de unos 20 años. El trío se dirige hacia una pequeña puerta azul por la que apenas pueden ingresar dos personas.

Ni parece nightclub, ¿verdad? Verán que el ambiente se pone bien bueno, hoy no se paga por entrar”, dijo uno de los jóvenes a sus acompañantes. “Se ve caliente (peligroso) por aquí, pero no pasa nada. Todo bien”.

La improvisada pista de baile es popular entre los trabajadores hispanos de la ciudad y un buen negocio para los organizadores de las fiestas que allí se realizan cada fin de semana, afirman los clientes frecuentes.

“Por Facebook es que uno se entera de estas fiestas. Llegan muchos trabajadores que quieren pasarla bien después de partirse el lomo en la construcción y en los restaurantes, no tiene nada de malo”, comentó Carlos Álvarez, un asiduo visitante. “Cualquiera llega perfumado y bien arreglado buscando una chica linda para bailar. Las muchachas vienen con sus vestidos más bonitos, es bien nice”.

“No pienso en incendios”

Por lo general los “warehouse dance party”, “rave” o “pop-up” se realizan sin licencias de la Ciudad y son conocidas por el consumo no reglamentado de alcohol, entre otras violaciones, incluyendo el riesgo de incendio y las conversiones ilegales. Comúnmente se organizan en aislados distritos industriales, pero también en sótanos y pisos de edificios residenciales y comerciales.

Las fiestas “pop-up” acapararon la atención nacional el viernes 2 de diciembre, cuando 36 personas fallecieron durante un incendio ocurrido en una fiesta de música electrónica en una bodega cerca del distrito de Fruitvale en Oakland, California. El edificio no tenía un sistema de rociadores y los bomberos no escucharon ninguna alarma cuando llegaron, según las autoridades.

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“No vengo de fiesta pensando en incendios, la gente se divierte y es lo que importa. El club parece seguro, hay guardias todo el tiempo”, expresó Álvarez.

Al entrar a la bodega convertida en pista de baile, que Álvarez ha frecuentado por cerca de tres meses, nadie exige una identificación que compruebe la mayoría de edad. Un pasillo estrecho conduce a una pequeña oficina en la que un par de guardias pasan a los clientes por un detector de metales de mano. Mientras tanto, una mujer cobra $3 dólares por guardar los abrigos en una oficina aledaña.

Otro pasillo diminuto lleva a la bodega de 5,000 pies cuadrados. Para la medianoche, unas 200 personas bailan al ritmo de música latina y el vaivén de las luces neón.

“Esto se pone a reventar. A eso de las dos de la madrugada no cabe ni un alfiler”, comentó Juan Méndez, otro cliente habitual.

Andrew Rudansky, portavoz del Departamento de Edificios (DOB), puso en relieve que los permisos de Asamblea Pública Temporal son necesarios para reuniones de más de 75 personas. Los espacios deben ser revisados por un inspector del DOB y del Departamento de Bomberos (FDNY) antes de la emisión del permiso, además de que deben cumplir con todos los requisitos del Código de Construcción y de Incendios.

Frank Dwyer, vocero del FDNY, dijo que la manera de evitar en Nueva York una tragedia como la de Oakland es el pleno respeto del Código para la Prevención de Incendios.

“Es la ley. Los edificios que operan un cabaret deben tener accesos seguros y salidas de emergencia claramente marcadas. Los dueños de las empresas y locales deben seguir todas las reglas de seguridad y prevención de incendios”, indicó Dwyer.

Sin embargo, en la bodega de la calle 48 no se exhiben las licencias del DOB ni se observan equipos para extinguir un posible incendio, como un sistema de rociadores, mientras los asistentes se divierten ajenos al riesgo.

“Si quieres sentarte en una mesa con tus amigos tienes que pagar $180, con ese precio la casa te regala una botella de licor”, dijo una mujer a Méndez, quien no duda en desembolsar el dinero.

En un rincón de la bodega, cerca de la entrada, un grupo de mujeres venden cerveza y bebidas energizantes sin exigir identificación a los consumidores. Tampoco se muestran los permisos de la Autoridad de Licor.

“El agua te cuesta $5, ese es el precio”, replicó una de las mujeres a un cliente disgustado por el alto costo de las bebidas. “La entrada es gratis antes de las 11 de la noche, pero si quieres consumir tienes que pagar”.

Entrar al improvisado club es fácil, lo difícil es salir. El denso vapor que expulsa la máquina de humo de discoteca dificulta la visibilidad. Hay una salida de emergencia, pero “no se puede usar, está bloqueada”, advirtió un guardia. “Todos tienen que salir por la única puerta, por donde se entra”, reiteró.

Una espera de al menos 10 minutos fue requerida para salir por la pequeña puerta de entrada, debido a que unas 20 personas obstruyeron el estrecho pasillo esperando por la revisión del detector de metales.

Fiestas “pop-up” en la mirilla

Las fiestas en la bodega de la calle 48 no pasan inadvertidas en el vecindario, según documentos del DOB.

“En la bodega se realizan fiestas o eventos los viernes y sábados por la noche. El negocio comenzó hace un mes sin permisos de Asamblea Pública Temporal y usualmente se congregan más de 700 personas”, indica una queja bajo investigación del DOB, registrada el 9 de octubre.

“La bodega se usa como cabaret sin licencia”, sostiene otra queja del 7 de octubre, también bajo investigación.

Rudansky, vocero del DOB, destacó que esa agencia y el FDNY lideran el programa MARCH para identificar discotecas clandestinas y otras propiedades con problemas de ruido, hacinamiento y peleas, para tomar medidas coordinadas contra los propietarios del edificio y quienes gestionan las fiestas.

En noviembre de 2015, el asambleísta Joseph R. Lentol solicitó al fiscal general del estado, Eric T. Schneiderman, endurecer la investigación de la industria de las fiestas “pop-up” en la ciudad luego de que el FDNY evacuara a unas 4,000 personas de una bodega de la antigua fábrica de plástico de Nuhart, en el distrito industrial de Greenpoint. Los bomberos citaron preocupaciones de seguridad, debido a que la zona está contaminada con plastificantes líquidos y petróleo, según el Departamento de Conservación Ambiental del estado.

Pero en muchos casos, son los residentes los que reportan el riesgo de las warehouse dance party en sus vecindarios.

“Es un club ilegal sin sistema de rociadores”, establece la queja de un vecino registrada por el DOB, acerca de una popular bodega para fiestas “pop-up” en Astoria, Queens.

Discoteca subterránea

Otra discoteca underground popular entre los trabajadores latinos está situada en el vecindario de Morrisania, en sur de El Bronx. El sótano de un edificio de uso mixto, en la Tercera avenida con calle 161, ofrece cada fin de semana fiestas y conciertos de bandas locales, a poca distancia de un cuartel de policía.

“Nadie pensaría que aquí hay una discoteca, está bien escondido. Nada más entra gente conocida, pura gente chévere”, expresó Selene Rivas, una cliente frecuente. “Siempre me quedo hasta al amanecer, nadie dice nada. Es lo bueno de aquí, en los clubs legales son bien piquis (exigentes) con las reglas”.

 

El lugar pasa inadvertido en el distrito comercial de Morrisania, en contraste con la estridente bodega de la calle 48, en Brooklyn. La calle luce oscura, silenciosa y solitaria para las dos de la madrugada. Un hombre, de unos 30 años, vigila la entrada al sótano. El poster de un personaje de Disney con la leyenda “party time” cubre la pequeña puerta que conduce a la discoteca subterránea.

Peque puerta por donde se ingresa a una de las fiestas “pop-up”.
Pequeña puerta por donde se ingresa a una de las fiestas “pop-up”.

“Es aquí, vengan”, dice el hombre a un trío de hispanos que buscan la fiesta, confundidos por la dirección en la puerta principal al edificio.  “Pasen, ahorita está lo mero bueno”.

No hay guardias con detectores de metales de mano, ni alguien que exija la identificación para comprobar la mayoría de edad.

Un pasillo diminuto con escaleras conduce a la pista de baile. En el lugar, de unos 400 pies cuadrados, bailan apretujadas unas 150 personas. Hay dos salidas de emergencia que conducen a un pasillo, el cual da a la puerta principal del edificio. Se observa un extintor de incendio de espuma química y dos pequeños baños improvisados. También se vende alcohol y cerveza indiscriminadamente.

“Vamos por un trago, no seas tímido”, dice un hombre a un muchacho de unos 20 años. “No te pongas nervioso, nadie dirá nada”.

Sin embargo, numerosas quejas de vecinos son investigadas por el DOB, según documentos de la agencia.

“Es un sótano sometido a conversiones ilegales”. “El edificio de uso mixto opera un negocio de bar ilegal en el sótano, está abierto cada fin de semana desde las 9:30 de la noche hasta el amanecer”. “Se ha realizado un trabajo en el sótano sin permiso”. “Hay un club sin permisos de la Asamblea Pública Temporal”. Esas son algunas de las reclamaciones de los residentes en los últimos cuatro meses.

El DOB indicó que la tragedia de Oakland muestra por qué Nueva York tiene reglas estrictas contra las conversiones ilegales, donde almacenes, sótanos y otros espacios no destinados a uso residencial se convierten en apartamentos sin la aprobación de la Ciudad. A menudo, estos espacios carecen de medidas básicas de seguridad, como dos maneras distintas de salir del apartamento en caso de un incendio.

“Bueno, si es ilegal, pero uno viene aquí bajo su propio riesgo”, dijo Rivas, animada por la música electrónica. “Quien piensa en tragedias cuando uno puede divertirse sin pagar mucho”.