Al rescate de sus raíces

En su grupo Ñukanchi Llakta Wawakuna, una inmigrante enseña la lengua y tradiciones

En un galerón adaptado como estudio en Corona, Queens, dieciséis niñas de origen latino bailan con faldas al ritmo de música folklórica mientras que su maestra les da instrucciones en quechua o kichwa, la lengua ancestral de los incas.

Mónica Patricia Avilés, de 34 años y profesora de Nuestros Niños del Pueblo o Ñukanchi Llakta Wawakuna, ha hecho de la difusión de la cultura indígena ecuatoriana un programa de lucha contra la discriminación y un curso sobre los problemas de la comunidad latina local.

Avilés es una mujer bajita, delgada, con el pelo larguísimo negro mate y que a los 15 años dejó Ecuador porque se sentía rechazada en su escuela privada por ser indígena y no ver un futuro para ella.

Al llegar a Estados Unidos, la entonces adolescente se reunió con su padre con quien vivió hasta que se graduó de informática en LaGuardia Community College. Sin embargo, incluso viviendo con él sentía que no podía ser quien era porque se tenía que adaptarse a la cultura estadounidense.

“Entonces yo decía achachay y arrarray, cosas en palabras kichwa, y mi papá me decía que aquí no puedes decir eso, ‘tienes que decir está frío o está caliente’”, contó Avilés, agregando que también le decía que tenía que recogerse el cabello. “No me dejaba ser quien yo era”.

Al tener su primer hijo, Avilés se dio cuenta que la mayoría de los niños nacidos en Estados Unidos, estaban perdiendo la cultura ecuatoriana. Eso la motivó a establecer en la casa de IMI Corona (Immigrant Movement International) un grupo de baile folclórico gratuito, y cuyos trajes típicos tuvo que financiar haciendo presentaciones de baile afuera en el patio de la casa de unas de sus niñas.

“Me interesaba yo misma en crear un taller para enseñar la danza y usar el baile como un puente para que los niños hablaran más español y aprendieran el kichwa”, dijo Avilés. “Entonces involucré el idioma, y además de no perderlo, eso fortalece la identidad”.

El grupo de bailarines se inició hace cuatro años con solo tres niñas, pero hoy ya cuenta con 16, además de tres varoncitos. Dos de las niñas ahora son las ayudantes a Avilés con los bailes y los talleres que ofrecen enfocados en los problemas de la comunidad. “Sabemos que hay mucho machismo y mucha discriminación”, dijo Viviana Astrid Peralta, de 19 años, quien fue una de las tres niñas que inauguraron el taller de Avilés.
“Entonces con los niños ahorita también nos estamos enfocando más en su crecimiento, usando el arte para educarlos y que exista ese amor propio. Que quieran a su cuerpo”.

Una mejor conexión

Otra participante, Joanna Guillén, de 18, también aporta su tiempo para ayudar a enseñar a las niñas. Fue integrante del grupo cuando tenía 12 años. Guillén nació en Estados Unidos y dice que ser participante de Ñukanchi Llakta Wawakuna la ayudó a conectarse con el país de sus padres.

“Yo empecé a tener tanto interés que hasta le supliqué a mis padres que me dejaran ir a México para que yo visitara las ruinas mayas”, contó Guillén. “Esto me inspiró a aprender más sobre la cultura y fue una experiencia inolvidable”.

La finalidad de la fundadora de Ñukanchi Llakta Wawakuna, es que las niñas a las que enseña hoy en día, crezcan y continúen educando a otros sobre la cultura indígena ecuatoriana.
“Yo les he dicho: ‘Ustedes son semillas que yo quiero dejar antes de morir’”, dijo Avilés antes de interrumpir la entrevista para despedirse de cada una de sus niñas. “Yo quiero que ustedes se sientan libres. ¡Eso les digo!” .

 

Integrantes de Ñukanchik Llakta Wawakuna durante un evento en el Día de los Muertos. /facebook
Integrantes de Ñukanchik Llakta Wawakuna durante un evento en el Día de los Muertos. /facebook