Ahora más que nunca necesitamos iglesias santuario

Estamos mandando un mensaje claro a la nueva administración
Ahora más que nunca necesitamos iglesias santuario
El movimiento Santuario debe estar más unido que nunca.
Foto: Zaira Cortés

Soy inmigrante indocumentada, y como yo, hay millones de personas en este país con un inmenso temor por las políticas racistas y divisivas que se esperan de la administración de Donald Trump. El ha prometido deportaciones masivas y bajo ese escenario es ahora más que nunca que necesitamos lugares santuarios –que protejan a inmigrantes como yo, que nuestra intención siempre ha sido buscar un mejor porvenir para nuestros hijos.

Hago un llamado a mi iglesia católica en el área de Tampa Florida y a todas esas congregaciones del estado de distintas denominaciones religiosas a las cuales asistimos buscando paz y para refugiarnos en nuestra fe. Tengo cuatro hijos y sería devastador que me separaran de ellos por políticas injustas.

En estos momentos yo sería beneficiaria del programa de Acción Diferida para Padres de ciudadanos y residentes permanentes, DAPA – una victoria por la cual yo misma luché al lado de mis hijos y los jóvenes. Pero por un bloqueo judicial impuesto al programa motivado por políticas divisorias de los Republicanos, estoy obligada a seguir luchando.

Doy gracias que en mi situación no todo ha sido lamento. Estoy muy orgullosa de ver que una de mis dos hijas nacidas en este país pudieron ejercer su derecho al voto por primera vez el pasado noviembre. Hoy en día a muchos jóvenes no les importa salir a votar, pero para mi hija era importante representar no solo su voz sino la de su madre indocumentada y el de toda la familia.

Doy gracias a Dios que mi hijo de 22 años y líder de United We Dream, es beneficiario de DACA, la Acción Diferida para los llegados en la infancia –un programa que defenderé hasta donde pueda.  Mi hija mayor quien también fue beneficiaria de DACA ya es residente legal. Ambos son universitarios, al mismo tiempo los dos han emprendido sus propios negocios en sus profesiones y gracias a DACA son un vivo ejemplo de que mis sacrificios de ya 22 años que dejé México han valido la pena.

En mi iglesia hay muchas personas en situación similar o peor que la mía; que han perdido familiares en sus países de origen que no pudieron ver por no tener papeles. Es por eso que creo importante pedirle a los líderes de diferentes congregaciones que cumplan con su responsabilidad de proteger a sus miembros, especialmente a los inmigrantes indocumentados –sus feligreses más vulnerables.

Formé parte de un grupo que marchó en la ciudad de Tampa, pidiéndole al alcalde que convierta a Tampa una ciudad Santuario. Lo mismo quiero para mi iglesia, y para todas aquellas congregaciones religiosas que han estado ahí brindándonos apoyo desde que llegamos a este país.

La unión hace la fuerza. Si nos unimos más personas para crear santuario y proteger nuestra victoria de DACA en contra de las deportaciones este 17 de enero mandaremos un mensaje claro en contra del odio. Unidos defenderemos personas trabajadoras en riesgo de deportación, para que vivan una vida digna sin importar el color de la piel y que sean tratadas con dignidad  y con respeto. Nuestras iglesias son un buen lugar para fortalecer esa lucha.

(Betty Pérez es una inmigrante mexicana miembra de United We Dream en Tampa Florida)