Un experto en traer la historia al presente

Mexicano restaura antigüedades en un taller al norte de NY
Un experto en traer la historia al presente
Salvador Moreno en su taller.
Foto: Zaira Cortés

Entrar al taller de restauración de antigüedades y tapicería del mexicano Salvador Moreno es embarcarse en un viaje en el tiempo. Las herramientas, los pinceles y los botes de pintura comparten el espacio con muebles de maderas preciosas acumulados en los pasillos. También hay relojes, teléfonos y artefactos de distintas épocas. Todo cuenta una historia.

Moreno, de 43 años, comenzó barriendo los talleres de restauración en los que trabajó antes de ganarse un puesto como aprendiz. El taller del que ahora es propietario, en la ciudad de Newburgh, a 60 millas de la Ciudad de Nueva York, fue fundado en 1992 por un amante de las antigüedades de origen italiano.

“El dueño original me pidió que me quedara con el taller porque ningún amigo o familiar quiso heredar esta profesión. Comencé a trabajar aquí en 1996, aunque soy propietario desde 2003, cuando el dueño anterior se retiró (…) Muchos hispanos han establecido talleres de tapicería en el área, pero muy pocos se especializan en restauración de antigüedades”, dijo Moreno. “Es una profesión que requiere mucho estudio, concentración y paciencia. Cuando aprendí, antes de tocar un mueble, tenía que leer. Leía acerca de la historia del mueble, de su arquitectura”.

Salvador y su padre, Gerardo Moreno, comenzaron a trabajar juntos en 2006. Desde entonces han logrado posicionar el taller de restauración como un referente en la Ciudad de Nueva York y en todo el Condado de Orange, pero también en el extranjero. El artista tiene clientes de Italia, Inglaterra, Francia y Alemania.

“En los talleres en los que me formé como restaurador sólo se aceptaban muebles de cien años o más, pero en mi taller también reparo muebles más modernos. No es trabajo, son proyectos. Se requiere un trabajo distinto según la época del mueble, no es una rutina”, explicó Salvador, mientras su padre trabajaba en un escritorio de un siglo de antigüedad. “Ese escritorio lo trajo un cliente que lo heredó de su abuelo. Antes de que muriera, él prometió que lo repararía. Para muchos clientes, los muebles tienen un valor emocional, porque sus ancestros los trajeron de sus países cuando emigraron. Estas personas quieren heredarlos a las nuevas generaciones”.

Moreno, un músico, escultor y artista plástico, tiene más de 20 años restaurando antigüedades, pero comenzó a cultivar sus habilidades y capacidad de análisis en México, cuando trabajó en la industria de la metalurgia.

“En este taller también hacemos tallado de madera, porque hay muebles que así lo requieren (…) Lo que más me gusta es hacer duplicados. Hay piezas o muebles que son muy raros o que ya no existen, pero los clientes esperan que nosotros realicemos duplicados. Se requiere mucho estudio, para conocer la arquitectura del mueble. Entre más antiguo es, su diseño es más primitivo”, contó el restaurador. “El mueble más antiguo que he reparado fue un baúl de los 1600. El cliente lo trajo casi deshecho. La maestría de esta profesión es hacer que la restauración no se note. El mueble debe conservar su esencia”.

El artista dijo que su profesión es similar a la de un médico forense, porque se requiere de un ojo clínico para saber cuántas capas de pintura tiene un mueble, cómo fue ensamblado, de qué año es, en dónde fue fabricado y si es original o una réplica.

“Para hacer esto tienes que leer y a mí me encanta leer. Leo al menos cinco o seis libros por mes”, dijo Salvador. “Pero es una profesión en peligro de extinción. Antes había lecheros y zapateros, pero la modernidad los desplazó. Eso pasará con nosotros. Las personas no quieren aprender porque se han acostumbrado a la rapidez, su fuente de información es Google y Facebook, no leen. Esperan que todo lo haga un robot, una computadora o un teléfono”.

Moreno enfatizó que la cultura de desechar está aniquilando la profesión de restaurar, pues muchos optan por comprar muebles nuevos en lugar de reparar.