Logra lo que parecía imposible: limpia su récord criminal y se hace ciudadano

Durante años soñó con la ciudadanía, pero temía a las consecuencias de sus errores del pasado

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Logra lo que parecía imposible: limpia su récord criminal y se hace ciudadano
08/24/17/LOS ANGELES/ Immigrant Manuel Godinez Zepeda with his wife Angelica, son Angel and young daughter Genesis at their Long Beach home (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Aunque desde 1995 Manuel Godínez Zepeda podía haberse convertido en ciudadano de Estados Unidos, no solicitaba la naturalización porque tenía pavor a que se la negaran y hasta lo fueran a deportar.

Y motivos no le sobraban. Tenía en sus antecedentes varios delitos que lo detenían de pedir la ciudadanía. Nada menos que acusaciones por tráfico humano, manejar en estado de ebriedad y violencia doméstica.

Godínez Zepeda vino a Estados Unidos a los 17 años. La Amnistía firmada por el president Ronald Reagan en 1986 le permitió obtener la residencia permanente debido a que sus primeros años los trabajó en los campos de San Luis Obispo, California.

Pero dos años después de hacerse residente, según narra, se metió sin querer en su primer problema con la justicia y con quien menos debía, las autoridades de migración.

Los hijos de Manuel Godínez Zepeda, Ángel y Génesis no imaginan lo feliz que se siente su padre de haberse hecho ciudadano de los Estados Unidos. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

El primer problema

“Fui a Tijuana de paseo y me encontré a un amigo de mi pueblo en Nayarit, México. Me dijo que venía a los Estados Unidos. Como yo había cruzado caminando la frontera, él se ofreció a regresarme en su carro. Pero me pidió que yo manejara, porque él no conocía las carreteras de California. Al pasar por la garita, nos detuvieron porque se descubrió que la visa de mi amigo era falsa y a mi me acusaron de tráfico humano, aún cuando yo no sabía que él no tenía papeles”, explica.

Su amigo con documentos falsos fue deportado. Godínez se salvó de ser arrestado y logró reingresar a Estados Unidos el mismo día con su tarjeta de residencia. Pero en los expedientes de Migración quedó registrado el intento por introducir a una persona sin papeles a territorio norteamericano.

Ese mismo año, en 1992, la Patrulla de Carreteras de California (CHP) lo pescó zigzagueando y jugando carreras en la autopista 710 rumbo a Long Beach. “Manejaba completamente alcoholizado. Tanto que me quedé dormido en la patrulla y ni sentí lo duro del cemento de la cárcel a donde me llevaron”, recuerda.

Convertido en ciudadano de los Estados Unidos, Manuel Godínez Zepeda tiene muchos planes para su familia, su esposa Angélica, y sus dos hijos Ángel y Génesis. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Manejar en estado de ebriedad le costó nueve días de cárcel, cuantiosas multas y la suspensión de su licencia de manejo por una temporada.

Aprendí la lección, no volví a manejar borracho”, dice. Pero el delito (DIU) fue guardado celosamente en su expediente de antecedentes criminales.

Y tal parece que a Godínez Zepeda todavía le quedaban otras lecciones por aprender. En 1995 su primera esposa lo acusó de violencia doméstica.

Con todos esos precedentes, vivía con mucho miedo de solicitar la ciudadanía. “Nunca quise comprar casa. Pensaba que un día me podían quitar la residencia”, indica.

Sus amigos no le ayudaban. “Cuando les platicaba mi caso, me desanimaban. ‘Mejor no le muevas’, me decían”.

Manuel Godinez Zepeda sostiene en sus brazos a su hija Génesis feliz porque ya es ciudadano estadounidense y siente que muchas puertas se le han abierto. (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)

Encuentra ayuda

Hace tres años, oyó un programa de radio donde participaba el abogado en migración Eric Price. “Escuché que había sido fiscal de migración y eso me dio confianza. Cuando escuchó mi historia, fue sincero, me dijo que mi caso estaba un poco difícil y corría el riesgo de perder la residencia, pero me aseguró que si eso pasaba, él me ayudaría a recuperarla”, indica.

Godínez Zepeda cuenta que el abogado solicitó todo su expediente a migración; y pidió una búsqueda profunda de su historia criminal al FBI.

“No sé cómo pero me limpiaron mi récord. Y hace seis meses se hizo la petición de la ciudadanía. El 15 de agosto hice el examen. Me dieron la oportunidad de hacerlo en español porque paso de los 50 años y tengo más de 20 años como residente permanente”, indica.

El 22 de agosto en una ceremonia masiva en el Centro de Convenciones de Los Ángeles, se convirtió en ciudadano de Estados Unidos.

“En ese momento, me comencé a sentir diferente, como que las puertas se me abrieron para poder hacer más cosas y obtener más beneficios en este país. Me siento como que mi voz va a ser más tomada en cuenta”, dice, más que feliz.

Godínez Zepeda, quien trabaja como conductor de su propio camión tráiler para una empresa de transporte de carga en Long Beach, dice que ahora sí va a poder comprarse con toda confianza la casa que tanto ha anhelado.

Además, está entusiasmado porque ya solicitó la residencia para su segunda esposa, Angélica Gómez Cruz, con quien tiene dos hijos, Ángel Elías de 2 años y Génesis Angélica de 2 meses.

Inspirados en su caso, revela que varios en su círculo de amigos que son residentes permanentes y que no se atreven a pedir la ciudadanía por sus antecedentes penales, se han animado a consultar un abogado que los ayude a limpiar su récord y a iniciar el deseado proceso de la naturalización. “Estaban esperando a ver a que pasaba conmigo para animarse a consultar a un abogado y ver sus opciones“, subraya.

La abogada Jamaica Abare, quien llevó el caso de Godínez Zepeda en el despacho del abogado Price, dijo que en este caso se emprendió un proceso en la corte para sellar o borrar las condenas criminales y arrestos. Esto quiere decir que sus sentencias fueron desechadas, lo que le permitió solicitar la ciudadanía sin tener problemas.

Aquellos inmigrantes que  tengan casos similares, es muy importante que vean a un abogado de migración y no hagan el trámite de ciudadanía por ellos mismos, porque pueden poner en riesgo su residencia permanente“, agregó la abogada Abare.