Gracias por la familia que escogimos

Agradezcamos la posibilidad de hacer crecer nuestra familia en cada oportunidad de estrechar la mano a alguien que quizá llega y, sin buscarlo, se queda y nos acompaña para siempre
Gracias por la familia que escogimos
"Cada día doy gracias por mi familia, la biológica y la escogida".
Foto: Pexels

Siempre me he sentido afortunada de tener la familia que tengo: enoooorme (más de 400 individuos), unida y amorosa. Sin embargo, hay momentos en los que he sentido más fuerte su presencia y apoyo. Por ejemplo, mi madre pasó más horas trabajando para asegurarme un mejor futuro, que cuidando de mí y alimentándome. Crecí al cuidado de mi abuela y mi “manina” (una de mis tías maternas, mi madrina y segunda madre). Nada me faltaba junto a ellas y muchas noches preferí quedarme a su lado. Cuando fui yo la que se convirtió en madre, mami dejó todo para estar a nuestro lado día y noche. Desde entonces nunca la he vuelto a ver ni a sentir igual que antes, la admiro mucho más y vivo agradecida de su inmenso amor.

Por otro lado, hubo extraños que de repente, un buen día, se cruzaron en mi camino para hacerlo más divertido, interesante, llevadero, y hoy también son parte de mi familia. No compartimos gota de sangre ni rasgo genético, pero nos amamos. A veces sus alegrías me contagian y creo que soy yo la que está de fiesta. Otras veces sus angustias se sienten como mías, y viceversa. Compartimos memorias únicas, que nos hacen cómplices, y podemos dejar de vernos por años, estar todo ese tiempo sin hablar y, cuando nos reencontramos, es como si nada hubiera pasado desde aquel último encuentro. No intentaré dar ejemplos porque son demasiados, pero estoy segura de que quien lea esto y tenga amigas o amigos, así los está recordando.

Por eso, cada día doy gracias por mi familia, la biológica y la escogida. Estoy consciente de que hay quienes preferirían no tener una o, simplemente, no la tienen, viven solos o fueron lastimados. Pienso en niños y niñas maltratados, abandonados o cuyos padres han muerto trágicamente, en adultos que han sido traicionados y sienten que no pueden confiar en nadie, en familias enemistadas. Me causa tristeza pensar que pueda haber personas así, y vuelvo a agradecer por la familia que tengo, a rogar para que llegue la reconciliación cada vez que sea necesario, para que se estrechen los lazos y para que la familia siga creciendo.

Una característica de las familias hispanas es que nos gusta juntarnos, nos buscamos así sea  para conversar. Muchas, como la mía, sufrirán por estar forzosamente separadas o suspenderán eventos al no contar con agua, luz, dinero o casa. Algunas sufrirán la pérdida de vidas. En cualquier caso, agradezcamos la posibilidad de construir nuevas relaciones, nuevas tradiciones y hacer crecer nuestra familia en cada oportunidad de estrechar la mano a alguien que quizá llega y, sin buscarlo, se queda y nos acompaña para siempre.