Trump elimina comisión que creó en 2017 para investigar presunto fraude electoral

El fraude en las urnas es una rareza en Estados Unidos
Trump elimina comisión que creó en 2017 para investigar presunto fraude electoral
Trump disuelve la comisión que investigaba supuestos fraudes electorales.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

WASHINGTON— El presidente Donald Trump se quejó de que perdió el voto popular en 2016 debido al fraude, incluso de votantes indocumentados, y creó una comisión especial para investigarlo. Ahora, sin pruebas, ha ordenado disolver la comisión y pasar la tarea al Departamento de Seguridad Nacional.

La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo en un breve comunicado que Trump firmó hoy una orden ejecutiva para disolver la “Comisión de Asesoría Presidencial sobre Integridad Electoral” para evitar una lucha legal prolongada que costaría dinero a los contribuyentes.

“Pese a pruebas sustanciales de fraude electoral, muchos estados se han negado a proporcionar (a la comisión)… datos básicos relevantes a su investigación”, indicó el comunicado.

La orden ejecutiva deja entonces en manos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) la tarea de “revisar estos asuntos y determinar las próximas acciones”, puntualizó.

Durante la contienda, Trump instó a sus partidarios a mantenerse alertas ante la posibilidad de un fraude en las urnas, para evitar un “robo” de las elecciones.

Desde la contienda, Trump siempre se quejó de que perdió el voto popular en las urnas frente a su rival demócrata, Hillary Clinton, debido al fraude, e incluso culpó a los inmigrantes indocumentados, pero nunca ofreció pruebas tangibles.

En octubre de 2016, Trump citó un informe, también desvirtuado por expertos académicos, para sugerir que en 2008, su antecesor, Barack Obama, ganó con el apoyo de inmigrantes no autorizados para votar.

Al anunciar la creación de la comisión, Trump denunció un supuesto problema de fraude rampante en EEUU, y se apoyó en informes no sustanciados de que los inmigrantes indocumentados también accedieron a las urnas, así como “personas que murieron hace una década”.

Sus críticos aseguraron en su momento que Trump, y algunos aliados conservadores, estaban usando el inexistente fraude electoral para endurecer las medidas estatales en torno al voto, y así suprimir el voto de las minorías, que tienden a votar más por los demócratas.

Al celebrar el “vergonzoso fin” de la comisión, Thomas Sáenz, presidente de MALDEF, dijo que la entidad, liderada por el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, fue creada para investigar un fraude electoral tan imaginario y poco probable “como las visitas de extraterrestres en la Tierra”.

“La comisión ahora desaparece  en la polvareda de la Historia como el Area 51 (en Roswell, Nuevo Mexico) desapareció en la polvareda del desierto… la Administración intentará suprimir el voto de ciudadanos naturalizados, los pobres, y las minorías raciales, a través de intimidaciones repletas de insinuaciones y otras tácticas de acoso”, advirtió Saenz, al urgir vigilancia del derecho al voto.

También Michael Waldman, presidente del Centro Brennan para la Justicia, con sede en Nueva York, afirmó hoy que la comisión creada por Trump “comenzó como una tragedia y terminó siendo una farsa”, además de ser una ” colosal pérdida de dinero de los contribuyentes desde el mismo comienzo”.

“No logró encontrar prueba alguna de los millones de votantes ilegales que argumentó el presidente Trump. Esto debería ser algo  más que un fin casi cómico de un esfuerzo equivocado. El argumento de un fraude electoral masivo en EEUU es, de hecho, un fraude” y la disolución de la comisión debe poner fin al asunto, dijo Waldman.

Su grupo entabló demandas en estados como Indiana, Utah y Texas, para impedir que la transferencia ilegal de información privada de los votantes a la ahora disuelta comisión.

Por su parte, la vicepresidenta de “People For the American Way”, Marge Baker, también dijo que la comisión fue “un fraude de principio a fin”, creada no para fortalecer el proceso electoral sino para justificar restricciones al derecho al voto y así favorecer a los republicanos en sus esfuerzos por debilitar la democracia. 

“Esta es una gran victoria para todo activista que denunció lo que en realidad era esta comisión. Adiós y hasta nunca”, dijo Baker, al ridiculizar a la comisión.

Numerosos estudios académicos y gubernamentales han dejado en claro que, si bien es necesario corregir errores administrativos en los registros electorales, el fraude en las urnas es una rareza en EEUU y no una norma preocupante.

En contados casos, las autoridades estatales determinaron que algunos votantes emitieron su sufragio por correo o de forma adelantada, según lo permiten las leyes en sus estados, pero fallecieron antes del día de las elecciones.

En aras de la transparencia, una ley federal de 2002 alienta a las autoridades estatales a modernizar y actualizar sus listas de empadronamiento, y realizar auditorías de sus resultados electorales.

Lorraine Minnite, una profesora de la Universidad Rutgers y autora del libro “El mito del fraude electoral”,  se ha hecho eco de otros expertos que aseguran que la idea de que los muertos votan en EEUU “no se fundamenta” en los hechos.