El activismo le llevó al cine, la filosofía le guía como empresario

El productor Moctesuma Esparza tiene como prioridad abrir cines para cineastas latinos y satisfacer a la audiencia de esta comunidad
El activismo le llevó al cine, la filosofía le guía como empresario
Moctesuma Esparza, productor de cine, empresario y activista./Lava (Cortesía)

Moctesuma Esparza dice que los que más amaba era ir al cine con su padre cuando este descansaba de su trabajo como chef en La Escala, un restaurante de Beverly Hills.

Eran los años cincuenta y la vida de su padre, emigrado de México en 1918, era humilde pese a que pasó de lavar platos a cocinar para estrellas de Hollywood como Marilyn Monroe, Frank Sinatra y María Félix, entre otras. Esparza, criado en East Los Ángeles dice que entonces podía llegar hasta tres cines andando.

Pero todas esas salas fueron desapareciendo de la ciudad. Los cines cada vez eran más pequeños y se trasladaban a los centros comerciales donde iba la clase media que se mudaba a los suburbios. Los latinos, que se quedaron en las ciudades vieron cómo iban desapareciendo las pantallas.

Décadas más tarde este empresario, de 69 años, se ha propuesto volver a abrir la taquilla e iluminar las pantallas en las ciudades para el público latino y dar oportunidad de mostrar sus obras a los cineastas de esta comunidad con la cadena Maya Cinemas. Recientemente ha abierto en Delano la quinta sala de cine de la que es una cadena que se expande, primero por California y ahora por Nevada, donde abrirá la sexta, y Texas.

Es precisamente en Dallas, Texas, donde estaba cuando este diario habló por teléfono con Esparza. “Estamos buscando una localización para abrir un cine aquí”, explica. “También buscamos en otras ciudades donde hay población importante de latinos”.

Esparza se dio cuenta de lo que estaba pasando porque lo ha vivido desde dentro y muy cerca. Desde hace años es una persona fundamental para el cine latino de EEUU y los derechos civiles de chicanos como él.

No se puede hablar de Esparza sin remontarse 50 años exactos en la historia.

A pesar de ser un buen estudiante, los profesores de secundaria le animaban, como al resto de los mexicanos al Este de Los Ángeles, a ser carpintero, obrero o trabajar en un restaurante. “En aquellos momentos apenas había profesionales de ascendencia latina o mexicana, no había doctores, abogados o profesionales y solo había algunos empresarios de talleres mecánicos o restaurantes”, explica.

Pero Esparza consiguió ir a la Universidad y empezar a cursar historia. “Fui un afortunado”.

Y solidario. Con un grupo de estudiantes y maestros entre los que destacaba Sal Castro, “quienes estábamos en la universidad volvimos a nuestras comunidades, a las escuelas, para luchar porque nuestros hermanos y hermanas latinas recibieran mejor trato y pudieran llegar donde su talento y empeño les permitiera”.

Esparza fue uno de los organizadores de las manifestaciones fuera de las escuelas demandando mejor trato estudiantil, el “Walkout” del 6 de enero de 1968 que duró dos semanas y sacó a 10,000 estudiantes a las calles.

Eran los años de las manifestaciones por derechos civiles en todo el país y contra la guerra en Vietnam y desde el poder se buscó que el peso de los tribunales cayera con fuerza contra quienes salían a las calles a clamar igualdad de oportunidades. Esparza y otros se enfrentaron a dos juicios en los que se pedían condenas de 45 años de cárcel y otra de por vida.

Él siguió organizando manifestaciones en la escuela de cine en UCLA para que se abrieran las puertas a las minorías. El activismo le hizo pensar en la escuela de ciencias sociales pero no le admitieron cree que por su paso por las Cortes de Justicia. Donde le abrieron las puertas fue en la escuela de cine “y pensé que era una oportunidad de crear historias y héroes y cambiar la imagen del latino en particular”.

Ahí empezó una carrera produciendo una película en 1972, Requiem 29, sobre el asesinato del periodista, Rubén Salazar. Y con ello los premios y la creación de una productora cuando apenas tenia 24 años. Entre otras obras tienen su firma como productor el programa infantil Villa Alegre para PBS, comerciales,  La Balada de Gregorio Cortez, The Milagro Beanfield War, dirigida por Robert Redford, Selena y Walkout, para HBO y basada en las protestas de 1968.

Como productor ha ganado o ha estado nominado para todos los grandes premios. Como empresario desde edad tan joven reconoce que es algo “que tuve que aprender porque mi preparación era de activista y cineasta y tuve que aprender a mantener flujos de capital, tener utilidades, ser responsable de los sueldos de los empleados, alcanzar los gastos semanales, tener relaciones con la banca”.

Esparza comienzan muchas frases diciendo: “tuve la fortuna”. Cuando se le pregunta quién le enseñó a ser empresario vuelve a ella para hablar de consejeros, mentores y un filósofo.

“Tuve la fortuna de conocer a Fernando Flores en los ochenta cuando ya había salido de Chile y de la cárcel militar donde estaba recluido por ser ministro de finanzas de [Salvador] Allende”. Flores fue liberado gracias a Francia y Amnistía Internacional y se doctoró en filosofía en Berkeley.

“Fui su estudiante y su trabajo está basado en las obras de Martin Heidegger cuyo concepto fundamental es que toda la realidad es creada con nuestro lenguaje. Eso me ha ayudado a centrarme y creo que con Flores he aprendido lo que es necesario para lograr mis anhelos”. “Aprendí a ser empresario gracias a la filosofía”, aclara.

Cuando empezó a promocionar “The Milagro” se dio cuentas que no había salas de calidad en los barrios latinos de las ciudades. “la gente tiene que manejar media hora para ir al cine y eso ya impide su consumo. El cine es muy importante porque todos necesitamos escapar de nuestros pensamientos, de nuestra vida, un descanso. A las familias latinas les gusta ir al cine juntos. Eso es lo que yo viví”.

Diez años más tarde, al promocionar Selena, empezó a madurar la idea de crear Maya Cinemas. “Me demoré un tiempo. Lancé la compañía en 2000 y abrí el primer cine en 2005”.

El problema es que los edificios de los cines son alquilados y nadie quería rentarle a Esparza debido a la falta de referencias que daba en ese sector y la gran apuesta que su empresa significaba. No era nadie para esos caseros. “Tuve que romper esa barrera”. Él mismo iba a ser su casero. El productor entró de lleno entonces en el negocio de los bienes raíces y hacer el propio desarrollo de la sala.

Pese a su trayectoria en otras empresas la banca, no le sacó la alfombra roja porque no creía en su proyecto. “Tuve que ir a un banco que no tuviera esos prejuicios y empezó a tocar puertas de las sucursales de entidades extranjeras con sucursales en EEUU”. Y lo consiguió con un banco de Taiwan. “Me apoyaron y tuve éxito”.

Esparza sigue con su productora pero está centrado en Maya, unos cines que dice que producen utilidades. “Hemos comprobado que mi tesis es sana y los bancos siguen apoyando ahora nuestro crecimiento”.

Saber navegar

Moctesuma Esparza no recuerda que las posibles y durísimas condenas que le podían haber cambiado la vida fuera el momento más duro de su vida. “Muchas personas han estado en esta situación comprometiéndose con causas grandes”.

Explica que fue un fracaso en su negocio cuando estaba recién casado y esperando a su primer hijo cuando se le dificultó encontrar una salida. “La filosofía me salvó, porque entendí que el futuro no es algo cerrado sino algo en lo que se pueden crear posibilidades. Uno puede crear parte de su futuro. Hay muchos elementos que no controlamos pero la reacción que tenemos frente a las dificultades es lo que podemos cambiar”.

“El trabajo del ser humano es aprender a navegar lo que se presenta en la vida. Eso no es optimismo, sino crear las herramientas y las habilidades de gestión para poder ser un navegante”.