¿Vas por tu primer bebé? 10 cosas que nadie te dice y que deberías saber


Soy mamá de una bebé de un año que es toda alegría y toda luz, pero eso no quita los enormes retos que este año ha presentado para mi vida y la de mi esposo. El primer bebé es desafiante porque no sabes a lo que te enfrentarás, ni lo imaginas, y además existe mucha información en todos lados: la familia, internet, las amigas, los “expertos”, otras mamás… ¿a quién hacerle caso?

Por eso espero que esta lista, que es sólo una muestra de algunos de los retos que una madre primeriza enfrenta, te sea útil: porque si alguien me hubiera contado esto que te cuento ahora antes de que mi bebé naciera, me hubiera ahorrado sudor y sufrimiento.

1. “No hacer nada” por estar con tu bebé es lo mejor que puedes hacer. Si amamantas, cargas, abrazas, juegas o simplemente miras a tu bebé por mucho tiempo durante el día, mientras tu cabeza es un remolino porque “tienes que hacer” esto o lo otro, deja de hacerle caso a tu cabeza. “No hacer nada”, sólo estar con tu bebé y disfrutarlo es la mejor inversión de tiempo que puedes hacer en este momento de tu vida. Tu bebé nunca volverá a tener dos días de vida, ni tres semanas, ni 5 meses, ni un año: este día que pasas con tu bebé es único y no se repetirá.

2. “Los bebés no duermen”, “los bebés son muy demandantes”, “los bebés necesitan toda tu atención”… Lo que sea que te hayan dicho durante el embarazo para advertirte sobre el desafío que es llegar a casa con tu bebé en brazos, es poco. Nada de lo que te digan es suficiente para que imagines el reto que será hacerte cargo por primera vez de un cuerpecito frágil que está conociendo el mundo. Así que prepárate, sobre todo, mentalmente, porque tus pensamientos sobre cómo era tu vida antes del bebé, combinados con la falta de sueño, los llantos que no sabes por qué ocurren y tus nuevas responsabilidades, pueden crear todo un coctel de ansiedad y depresión que no es nada lindo. Relájate y sábelo de una vez: las primeras semanas con un bebé recién nacido no son duras, son durísimas. Y sí, todo, absolutamente todo valdrá la pena, aunque suene a tarjeta de Hallmark.

3. Tu bebé no hace nada por berrinche, por maldad o para molestarte, lo hace porque está llegando a una vida que no sabe cómo funciona. Después de nueve meses de plena comodidad en el útero, de repente siente frío, calor, hambre y hasta tiene que aprender a respirar de otra forma. Claro que está desorientado y hasta debe tener miedo. Como sus herramientas para comunicarse no son muchas todavía, sólo puede llorar. Así que trátalo siempre con cariño y ejercita tu paciencia porque la vas a necesitar.

4. La lactancia requiere mucho tiempo y para algunas madres puede ser incluso dolorosa, pero es un gran regalo para ti y para tu bebé. Vas a escuchar muchas veces que lo mejor es darle “seno materno a libre demanda”, y te voy a decir claramente lo que esa frase significa: significa sentarte dos horas, cuatro o más veces al día, sólo para darle de comer a tu bebé; es decir que todo el día vas a estar amamantando. Tómalo con calma y disfrútalo porque tarde o temprano vas a dejar de experimentar ese vínculo tan íntimo con tu bebé que nadie, absolutamente nadie más, puede tener con él. Y si duele, no te preocupes porque va a pasar. Consulta con expertas en lactancia o con otras mujeres que hayan pasado por la experiencia; escucharlas te dará ideas y mucha serenidad.

5. Ya que estamos en el asunto de la lactancia, confía en tu naturaleza. Amamantar es un acto de fe porque no sabes qué cantidad de leche toma tu bebé ni qué cantidad produces, pero confía en que es suficiente. El ser humano es mamífero por naturaleza, así que tu cuerpo sabe producir leche y se conecta con tu bebé para darle lo que necesita: tu leche le servirá siempre, tu leche le alimentará siempre, tu leche le dará consuelo siempre, tu leche lo protegerá siempre; tu leche no es sólo leche, también es amor. Quien te diga lo contrario tiene información equivocada. Puedes consultar esta página para mayores datos.

6. Nadie sabe más de tu bebé que tú misma. Aunque sus primeros días juntos sean difíciles y duros, conforme pasa el tiempo sabrás leer las necesidades de tu bebé. Hazle caso a esa vocecita interior que te dice “así sí” o “así no”. Familia, doctores, amigas y demás personas alrededor no han pasado tanto tiempo con tu bebé como tú. Tu bebé es diferente a todos los demás y tú misma eres diferente a todas las otras madres; confía en tu naturaleza y tu intuición de madre.

7. No desesperes si tu bebé sólo quiere que lo cargues y lo abraces. Es complicado porque en algunos momentos, literalmente, no te deja hacer otra cosa que estar a su lado, pero no lo hace para quitarte el tiempo; lo hace porque lo necesita. Cárgalo todo lo que puedas, abrázalo todo lo que puedas, porque en unos cuantos meses, cuando aprenda a caminar, dejará de pedirte que lo hagas y tú dejarás de sentir su cuerpecito caliente sobre el tuyo tan a menudo como antes. Y lo vas a extrañar.

8. Los bebés no son de carreras ni de competencia. Quién gateó primero, quién durmió primero más de 4 horas, quién caminó primero, quién comió sólidos primero… toda competencia es irrelevante para tu bebé. No lo apresures, no lo hagas que corra; respeta sus tiempos y déjalo que viva sus etapas lo más naturalmente posible. Observa a tu bebé, déjalo ser y disfrútalo como es, con sus tiempos y sus necesidades. No te dejes seducir por competencias absurdas. Él no tiene prisa por crecer, ¿por qué la tendrías tú?

9. Deja que tu pareja se involucre, si la tienes a tu lado. Claro que el bebé necesita en primera instancia a su mamá, pero el padre es fundamental también. Escucha sus ideas, sus sugerencias, pon atención a lo que tu pareja ve en esta nueva etapa de su vida como familia, porque te puede sorprender. Así como las mujeres tenemos una naturaleza maternal, los hombres tienen la suya paternal también, y tienen muchas cosas valiosas qué aportar. No permitas que tu bebé ni tu pareja se pierdan la experiencia de ser hijo y la de ser papá.

10. Nada de eso que vivirás es eterno. Los cólicos pasarán, los llantos inexplicables pasarán, las noches sin dormir pasarán, las primeras sonrisas también, los balbuceos, los gateos, las rodadas, los juegos simples, los primeros descubrimientos, las enfermedades; todo, absolutamente todo pasará. Vive cada día como una experiencia nueva porque, una vez que tu bebé llegue a casa, todos los días serán diferentes. Los días, las semanas, los años pasan y todo esto que hoy vive tu bebé, bueno y malo, también pasará. Date permiso de vivir la vida con tu bebé como es. Disfrútalo.