Brava, inversionistas para el largo plazo

Nathalie Molina Niño quiere impulsar y mantener en su cartera a empresas que ayuden a las mujeres
Brava, inversionistas para el largo plazo
Natalie Molina Niño, CEO de Brava Iinvestments./Mariela Lombard
Foto: Mariela Lombard / El Diario NY

En la mayoría de los hogares estadounidenses no se habla en reuniones familiares ni de política ni de negocios cuando se está en la mesa pero en el de Nathalie Molina Niño, hija de colombiana y ecuatoriano, “es de lo único que se hablaba. Y ahí aprendí”.

Su abuela, que era costurera, era ya mayor cuando vino de Ecuador a establecerse en Los Ángeles. Trabajó en una factoría textil y por las noches y los fines de semana cosía vestidos de quinceañeras y bodas para ahorrar poder traer poco a poco a sus cinco hijos. El padre de Nathalie fue el segundo que llegó y primero trabajó también en una factoría pero luego con un hermano lanzó la suya propia.

El instinto empresarial estaba en dos generaciones y eso le dio una buena base para saber hablar con soltura de negocios y tener buena mano con ventas. Es algo que le ayudó cuando a los 20 años decidió dejar de lado la ingeniería ambiental que había estudiado y la maestría de cartografía que había iniciado para cofundar una empresa en 1996.

Junto con su novio de entonces y un amigo puso en marcha Web Meridians una empresa que creaba páginas en Internet. “Éramos nerds e Internet estaba comenzando. Nosotros mismos aprendimos y nos estábamos empapando de las nuevas tecnologías por diversión”.

Primero hicieron las páginas de negocios locales y luego se encargaron de la de The Weather Channel o la lotería de Colorado, entre otros clientes importantes. En 1999 la vendió por una cantidad que era importante “para una niña de 22 años”.

En los años siguientes ha fundado o trabajado en joint ventures con otras seis empresas y desde hace dos años está al frente de Brava, una plataforma de inversión modelada en cierta medida al estilo del holding empresarial de Warren Buffett. Este inversionista está al frente de Berkshire Hathaway, una empresa que tiene participaciones mayoritarias o no en otras a largo plazo. Décadas.

Esto es lo que le interesa a Molina. Ella define Brava también diciendo lo que no es, “no somos unos inversionistas de capital ventures o private equity”.

No está cómoda con el tipo de inversiones de corto y medio plazo que hacen estas empresas porque una vez que se llegan a los plazos que ella considera “artificiales” para ver el rendimiento del fondo se acelera el éxito o la bancarrota de empresas.

Molina explica que el modelo que el inversionista Peter Thiel definió como Spray and Pray, es decir,  invertir en 100 empresas con la idea de que dos o tres sean exitosas y recuperen el dinero de los inversionistas en todas ellas, no es lo que le interesa. Es un modelo que deja muchos proyectos fuera de juego por no haberles prestado atención o darles una verdadera oportunidad.

“Es un modelo de inversión que no encaja con la realidad de las vidas” de muchos emprendedores  que no pueden permitirse una bancarrota.

“No les sirve a las mujeres”, argumenta.

Brava se enfoca en empresas de mujeres o para mujeres, es decir, no solo compañías lideradas y creadas por estas a las que les suele costar atraer el capital inversor sino también a empresas que trabajen en asuntos que impacten la vida de las mujeres. “Si viene una empresa diciendo que están trabajando en algo para remediar el cáncer de seno, me va a interesa”.

Molina explica que la mayor parte de las empresas no van a estar fundadas por mujeres pero se necesita que las compañías se centren en ellas. 

Brava, que ahora mismo tiene dos años y cuatro personas trabajando, sindica (junta) inversionistas de largo plazo para invertir en start ups que ya hayan obtenido rondas de inversión y lleven años maduras para correr menos riesgos. Debido a su enfoque femenino y que buscan fuerte crecimiento se han enfocado en el sector de la salud, educación y consumo.

De momento, Brava tiene tres empresas en su cartera y están a punto de incluir una cuarta. Admite que se mueven más despacio de lo que habrían deseado porque estimaba que estarían invirtiendo en cinco o seis al año.

Pero cuenta que despegar  no es fácil porque aunque tiene los contactos, y tiene socios que son inversionistas como Howard Buffett, nieto del fundador de Berkshire Hathaway, “aún me falta el historial”.

“Hay una empresa que se llama Blue IO que es lo que me gustaría que fuera Brava en 10 años, son un holding de empresas y el dinero no viene de fondos sino de sindicación. La diferencia es que quien lleva esta empresa lleva 20 años haciendo esto y con seis o siete llamadas reúne los 50 millones que necesiten, como yo acabo de empezar me cuesta más reunir el capital”.

Molina dice que como Blue IO también le gusta operar, “meter mano para ayudar a crecer una empresa y no solo preocuparse de números”.

Para moverse más deprisa, este año van a lanzar un fondo y tener preparado el dinero rápidamente para invertir aunque por razones legales no pude dar detalles de ello.

“Brava puede que sea la última empresa que fundo”, dice, “pero el modelo incluye que siempre haya más empresas dentro de ella a las que ayudemos a crecer y funcionaremos como una matriz. Con Brava tenemos una plataforma para crear más”.

El gran salto

Además de trabajar en Brava, Nathalie Molina NIño, residente de Harlem, acaba de escribir un libro llamado Leapfrog, una nueva revolución para mujeres emprendedoras.

Un estudio del World Economic Forum explica que al paso que vamos no llegaremos a la paridad de género hasta dentro de 170 años y eso le llevó a pensar en cómo acortar este camino. “El libro presenta casos de saltos adelante o atajos que hay que tomar para que las próximas generaciones estén mejor”.

Molina dice que las mujeres se han puesto el listón muy alto para dar los pasos, “tenemos que ser perfectas, seguir las reglas que nos han impuesto”. En un momento lo define como “trauma colectivo” pero cree que hay que avanzar de la misma manera que lo hacen los hombres, sin miedos, usando contactos, moviendo palancas….”La alternativa es esperar todo ese tiempo”.

 

Errata: En la edición impresa, así como la primera edición en línea, el nombre de Nathalie Molina Niño estaba mal escrito. Donde se leía Natalie debía haberse escrito Nathalie.