El actor más grande del mundo debutó en Broadway sin camerino

El musical "King Kong" se estrenó anoche con elementos sin precedentes en la escena teatral
El actor más grande del mundo debutó en Broadway sin camerino
Christiani Pitts encabeza el elenco
Foto: JOAN MARCUS

Para King Kong fue más fácil escalar el “Empire State” que llegar a Broadway. 85 años después del estreno de la película original, finalmente lo logró.

El musical “King Kong”, estrenado anoche, es una mezcla de robótica, marionetas, acrobacia, trapecio, circo, zoología, pantallas en 3era dimensión y efectos visuales y de sonido, que simulan desde un viaje en barco hasta la subida a un rascacielos.

El protagonista es una marioneta inmensa que mide 20 pies (6 metros) y pesa 2 mil libras (907 kilos), y aún así debe ser “liviana” para ser manejada por 10 artistas que controlan 45 puntos de movimiento a través de cables, en escena. Se ven, el público sabe que están allí y los acepta como parte de la ilusión del espectáculo que lleva las manos del gorila casi hasta tocar a la audiencia. Otros expertos ayudan también a distancia a mover las expresiones faciales, especialmente los párpados.

Es un nivel superlativo de lo que ya Broadway había visto en musicales también “protagonizados” por títeres o marionetas, como El Rey León, Avenue Q y War Horse. 

“Hagamos algo que realmente eleve las marionetas más allá del espectáculo”, era la meta del australiano Sonny Tilders, fundador de “Global Creatures”, responsable de este logro, luego de 12 años de trabajo y cientos de diseños.

La clave es que al operar una parte del cuerpo del gorila no se descuide el resto. “Que no fuese un derroche de tecnología, sino que pareciese vivo”, comentó Tilders en un comunicado.

Dicen que trabajar con animales siempre es un gran reto para los actores, por la posibilidad de ser opacados. Pero este caso va más allá, porque se trata de convivir con extremo cuidado en términos de espacio y seguridad. De hecho, este musical tiene un coreógrafo (Gavin Robins) sólo para el gorila y sus ejecutores y otro para el espectáculo en sí (Drew McOnie).

La trama recupera la historia de “la bella y la bestia” en versión tragedia ecológica que se ha usado desde la primera película King Kong estrenada en 1933, ambientada en el Nueva York de la depresión, con una actriz desempleada y un cineasta ambicioso que pierde las perspectivas y trae al gorila desde una isla rural hasta una urbana, Manhattan.

Aquí también hay revolución al tener por primera vez a una actriz afroamericana en el rol principal, Christiani Pitts. La acompañan Eric William Morris y Erik Lochtefeld.

El musical fue escrito por Jack Thorne (ganador este año del Tony por Harry Potter and the Cursed Child); con partituras de Marius de Vries (el mismo de las películas La La Land y Moulin Rouge), diseño de sonido de Peter Hylenski y canciones de Eddie Perfect. Todos bajo la dirección de McOnie, en una producción de $35 millones de dólares.

Uno de los momentos mejor logrados, la pelea entre dos bestias / Foto: Matthew Murphy