Plegaria de Navidad de familia inmigrante: “No nos vuelvan a separar”

Familia hondureña refugiada en una iglesia del Alto Manhattan tiene motivos para celebrar, pero teme que no les concedan asilo a todos sus integrantes
Plegaria de Navidad de familia inmigrante: “No nos vuelvan a separar”
Tras un 2018 muy duro, y mientras esperan la respuesta a su solicitud de asilo, la familia Villanueva celebra esta Navidad reunidos todos nuevamente.
Foto: Edwin Martinez / El Diario

El 30 de mayo pasado Edin Villanueva ya no aguantó más las amenazas de muerte contra él y su familia por su labor de activista en el grupo “Libertad y Refundación”, en Honduras, y empezó su travesía hacia Estados Unidos. No lo dudó más y agarró camino al norte junto a su esposa Reina Isabel, sus hijos Dayani, de 8 años y Víctor, de 6, y su hermano menor, Italo, de 15 años, quien estaba bajo la mira de las pandillas.

El trabajador de la construcción, se despidió de su natal Santa Bárbara, dejando atrás las poquitas cosas materiales que en sus escasos 27 años de vida había conseguido, y el terrenito en el que soñaba poder construir un día una casa. Lo movió el instinto de supervivencia.

“Si nos quedábamos más en Honduras la única opción era el cementerio”, comenta el padre de familia, quien en las dos semanas que duró su viaje junto a sus niños, su mujer y su hermano confiesa que aguantó hambre, frío, calor y sed, y un secuestro de bandas criminales en la frontera entre México y Estados Unidos que le lo hizo apretar de miedo hasta las partes más inimaginables de su cuerpo… y de su alma.

“En Reynosa nos agarró una gente y me pidieron dinero para soltarnos. Tuve que llamar a Honduras y conseguir a la fuerza lo que me pedían. Por mi hermano pidieron $7,000 y lo soltaron al otro lado del río, y por mis niños, mi mujer y yo, más de $15,000 y nos cruzaron en una lancha inflable pa’ este lado… nuestra familia se endeudó allá para ayudarnos”, recuerda el centroamericano, quien fue detenido por ‘La Migra‘ y separado de los suyos, como ha ocurrido con más de 1,800 familias en los últimos meses.

“A mí me mandaron a un centro de detención en Texas con mi niña y a mi mujer a otro, con el niño. Luego de dos días, me engañaron, y me dijeron que debía ir a ver al juez y que nada le iba a pasar a mi hija, y cuando regresé ella ya no estaba. La habían mandado a un hogar con extraños y solo dos meses después supe de ella y de mi mujer y mi hijo”, comenta el hondureño, explicando que a su esposa y su niño los soltaron tras varias semanas. Ellos se fueron a Nueva York, donde vive su madre.

A Italo, el hermanito de Edin, le fue peor. “Los que me habían agarrado en la frontera me cruzaron y me soltaron en medio de la nada. Caminé varias horas y corrí tratando de huir de los de inmigración, pero luego ya el hambre y la sed me ganaron. Ya no podía más. En medio de la noche un helicóptero me vio y me arrestaron. Me mandaron a una cárcel en Texas y luego a Arizona”, recuerda el adolescente, con la mirada perdida, como hurgando en sus recuerdos.

Consiguen ayuda en NYC

Ya en Nueva York, a Edin, su esposa y sus dos hijos, una abogada los ayudó a contactar con la iglesia Santa Cruz, del Alto Manhattan, donde el año pasado la madre guatemalteca Amanda Morales buscó refugio. Desde hace casi tres meses el templo se convirtió en su hogar.

“Ellos llegaron aquí y los acogimos con mucho amor y la comunidad y los diferentes grupos de ayuda nos han tendido la mano para hacernos cargo. Los niños ya están estudiando y vamos a seguir peleando por ellos para que se puedan quedar juntos en este país y no sean separados más dentro de esa política de estado que no solo tiene este Presidente que hace más ruido, sino que también viene de antes, incluso con Obama, que separó tantas familias”, comenta el padre Luis Barrios, explicando que el próximo 18 de enero la familia tiene cita en corte de Inmigración por su caso de asilo.

“Le estamos pidiendo mucho a Dios y a este Gobierno para que no nos vuelvan a separar y nos dejen quedar aquí a todos. Como yo antes había intentado entrar dos veces y me agarraron, es un poco más difícil, pero espero que todo salga bien”, confiesa el padre de la familia Villanueva, al lado de un humilde arbolito de Navidad que hizo con su familia en el cuarto en el que viven en la iglesia.

Nosotros no venimos a hacerle maldad a este país y queremos que nos de permiso de hacer nuestra vida aquí para progresar y seguir luchando. Si las cosas no hubieran sido de vida o muerte nosotros no hubiéramos arriesgado nuestras vidas haciendo ese recorrido. Si nos mandan de regreso nos mandan al cementerio”, agrega el inmigrante, asegurando que pese al año tan difícil que han tenido que vivir, esta Navidad tienen motivos para celebrar. El último regalo que les hacía falta, fue la liberación de su hermano, apenas el fin de semana.

Juntos en la Navidad

“Apenas el jueves hablando con Italo, yo tenía el corazón lleno de tristeza y lágrimas en los ojos, porque él llorando me decía que le dolía mucho saber que iba a pasar Navidad solito, lejos de nosotros y preso, pero Dios nos ayudó en esto. A pesar de todo el trauma que hemos vivido y que nuestros niños no se recuperan todavía y que hasta se sacuden de nervios, esta Navidad estamos juntos y ese es el mejor regalo que tenemos”, agrega Edin, quien con mucha alegría comenta que para celebrar Noche Buena les sobran invitaciones de vecinos de la iglesia.

“El padre y toda la gente aquí han sido nuestros ángeles y primero Dios, esperamos que la otra Navidad que viene, ya estemos mejor, con más tranquilidad y con una opción para quedarnos, porque esa paz no la tenemos en nuestro corazón ni en nuestra mente todavía”, dice el joven. “Siempre nos ronda el miedo de que nos vayan a separar cada vez que hay una cita con ICE, como hemos oído con muchas familias. Ya vivimos ese dolor y no queremos que pase una segunda vez”.

Y acostumbrándose apenas al frío de la Gran Manzana, pero con mucha felicidad, el adolescente de los Villanueva agrega que llegó a pensar que esta Navidad la pasaría tras las rejas en el centro de detención de Arizona.

“Nunca creí que fuera a salir de allí. Allí me tocó pasar mi cumpleaños. Estar con mi hermano, con mi cuñada, con los niños hoy, me hace sentir bien. Doy gracia por tener la libertad que siempre quise tener, pero me preocupa mucho no saber qué pueda pasar”, dice Italo, a quien esperan matricular pronto en la escuela secundaria en su deseo de estudiar y convertirse en el futuro en ingeniero.

Cicatriz dejada por ‘La Migra’

La esposa de Edin, por su parte, da gracias a Dios por esta Navidad, pero admite que tiene el corazón en la garganta y una cicatriz en el pie, donde tuvo hasta hace 15 días un grillete que le había puesto ‘La Migra’.

“Hoy puedo celebrar que me quitaron esa cosa que me hacía sentir como una delincuente o una esclava y celebro que tengo paz en medio de un año donde no hemos tenido ni paz ni tranquilidad, pero no puedo negar que siempre regresa ese temor de que no se el día de mañana, si cuando nos presentemos a la cita con ICE, nos vamos a quedar o nos mandan para Honduras”, advierte Reina Isabel, quien tendrá su próxima cita con ‘La Migra’ un día antes de que termine el 2018.