Pasión por el reciclaje

Nacida en Nicaragua y establecida en Detroit, María Marín creó Unlimited Recycling, una empresa con la que quiere gestionar residuos más allá de Michigan.
Pasión por el reciclaje
Maria Marin, presidenta de Unlimited Recycling con su primer camión./Cortesía
Foto: Cortesía

Cuando María Marín comenzó a dar los primeros pasos como empresaria pidió un préstamo de $300 para hacer una inversión. Un fax. Cuando quiso comprar su primer camión para su empresa de gestión de residuos y reciclado Unlimited Recycling, el banco le impuso unas condiciones que ella vio como inaceptables y tuvo que buscar alternativas.

La encontró.

Hoy esta nicaragüense dirige una empresa con ventas que rondan los $1.6 millones, tiene 11 camiones, más de 200 contenedores, ocho empleados en el área de Detroit (Michigan).

Marín llegó a EEUU en 1978, cuando tenía 15 años. Cuando la guerra que azotaba su país llegó a su pueblo, Estelí, su padre le dijo que hiciera las maletas. Junto con un hermano llegó a Florida donde terminó secundaria y estudio algo que le apasiona, contabilidad. De allí se mudó a Michigan, la tierra de su esposo. “Tenía el presentimiento de que iba a ser donde yo iba a superarme y tener éxito”, explica.

Y como empresaria así ha sido.

Marín comenzó como trabajando en el área de contabilidad del departamento de Recursos Naturales del estado de Michigan “y en esos siete años empecé a familiarizarme con el medio ambiente”. Coincidió que estaba embarazada de su primer hijo y le aconsejaron que no comiera pescado por el mercurio que tenían por los residuos vertidos en los lagos. La oficina donde trabajaba recibía muchas quejas sobre vertidos tóxicos y entonces fue cuando empezó a sentir que quería hacer algo por el medio ambiente, “aunque no sabía qué”.

Trabajó después en dos empresas de reciclajes, una de papel y cartón y la otra de lámparas fluorescentes (que tienen mercurio).

En 1999 abrió la suya, proveyendo servicios de reciclaje de fluorescentes, baterías, equipos electrónicos. “Los mismos clientes me preguntaban si podía recoger el aceite y los desperdicios industriales, así comencé a crecer añadiendo servicios que además compañías grandes no ofrecen”.

Marín habla con pasión de los lagos y el paisaje de Detroit de la naturaleza que con pasión quiere conservar, una pasión que dice que es clave para vender sus servicios.

Empezó sola. “Yo hacía las ventas, la contabilidad, hacía que se implementara el servicio, me encargaba del estudio del material tóxico y les vendía cajas para recoger el material. Cuando estaba listo para recogerse contrataba una empresa que lo hacía y lo llevaba al reciclaje. El transporte lo contrataba a otras empresas y me fue muy bien pero llegó un punto en el que necesité mis propios camiones y empleados”.

Esto ocurrió en 2008. Económicamente para EEUU fue uno de los años más difíciles porque se estaba en plena Gran Recesión. Pero Unlimited Recycling se había certificado como empresa minoritaria y desde una base de la Armada en la región de Detroit le dijo que necesitaba combinar el contrato de basuras con el reciclaje. ¿Le interesaba? “Al principio les dije que no porque yo no manejaba basuras, no había hecho  ese servicio, no sabía de camiones. Pero como en cinco minutos lo repensé, llamé a mi contador, a mi abogado y me dijeron que era mi oportunidad. Así que llamé de vuelta y acepté”.

Era su primer contrato federal que terminó siendo por un valor de $2.3 millones. Y fue este primer contrato como minoritaria el que le puso en un camino que no conocía pero aprendió mientras lo hacía. “Ahora soy la única compañía comercial que ofrece todos los servicios”.

Unlimited Recycling ha tenido otros contratos con organismos federales, con la General Services Administration, con el edificio federal en Detroit, con bancos, empresas de construcción y automotrices. “He crecido en varias industrias y rento contenedores”.

Esta empresaria ha participado en la formación de la Iniciativa de Emprendedores Latinos de la Universidad de Stanford (Stanford Latino Entrepreneurship Initiative, SLEI)y ha ido aplicando lo que ha aprendido de gestión de empresa. Lo más útil de esta formación ha sido ayudarla con los trabajadores. Marín dice que lo que más le ha costado es tratar con los empleados y atraer a personas con valor, que hagan bien su trabajo “y representen bien los principios de la empresa, la reputación, porque yo no vendo productos si no servicios”.

Ahora dice que está tranquila en ese sentido y que si no está ella la empresa puede seguir funcionando como si lo estuviera.

Y es algo que le va ayudar con el plan que tiene de crecimiento. Estoy concentrada en la región de Detroit pero actualmente estoy creciendo el negocio nacional y global porque creo que hay una necesidad de gestión total de residuos.

Su objetivo es gestionar todos los residuos de un cliente, una cadena hotelera que esté en todo el país, en todo el mundo que necesiten reciclar. “Puedo ser esa empresa que no solo gestiona esa limpieza sino que la vigila puedo contratar a minorías y veteranos para ofrecer ese trabajo en todo el país”. Marín no necesito tener camiones en Texas, por ejemplo, para ofrecer ese servicio, lo hará de la misma manera que empezó en Detroit. “Ese es mi business plan“.

Los préstamos, la piedra en el camino

La primera vez que María Marín fue a un banco a pedir el dinero para su primer camión la entidad insistió en tener su casa como colateral y no el camión. Ni enseñando el contrato con la Armada le abrieron las puertas.

“Esas condiciones no eran correctas porque otras compañías usan el equipo como fianza”. “Ahora vienen los bancos a ofrecerme dinero”, dice.

El caso de Marín no es infrecuente y es algo que corta las alas a muchas empresas. El último informe sobre empresarios latinos de Stanford (Stanford Latino Entrepreneurship Initiative, SLEI) revela que el 60% de ellos no solicitan préstamos, como los blancos, pero cuando lo hacen el 30% lo hacen para cantidades menores de $100,000 y al 28% les dan menos cuando al 49% de los negocios blancos les dan lo que solicitan.

“Ahí hay una brecha, explica Marlene Orozco, una de las autoras de este estudio. Orozco apunta a que muchos empresarios usan el puntaje de crédito personal con más frecuencia que el de negocios. “El 72% de los propietarios de empresas pequeñas no saben cuál es su crédito comercial”.

Cuando se les deniega el capital crítico para escalar la empresa (que tenga más de un millón de dólares en ventas) “lo que estamos viendo es que los empresarios latinos  se echan la culpa, no recibí financiamiento porque no tengo suficiente crédito, dicen los no escalados y los que lo están, no les dan todo lo que pedí porque no tiene los suficientes bienes”, explica Orozco que cuenta que no se tienen datos para saber si la valoración de la banca es justa.

El resultado es que solo el 3% de las empresas de los latinos escala, el resto, nace pequeño y se queda pequeño.

El Estudio de la Iniciativa de Emprendedores Latinos de la Universidad de Stanford señala que además del acceso al crédito, las empresas escaladas latinas suelen estar certificadas como minoritarias (latinas o de mujeres, M/WBE), están conectadas a organiazaciones empresariales locales como las cámaras de comercio, están registradas formalmente, operan en el sector de la tecnología y/o exportan sus productos.

“Los latinos tiene conexiones con países natales y eso abre la posibilidad de expandir el negocio”, explica Orozco que también enfatiza el hecho de que “hay una relación de negocios y oportunidades cuando se está certificado [como minoría]”.

En este sentido esta analista explica que falta de información sobre certificaciones y las oportunidades que abre. “En comparación con otras minorías los latinos no se certifican como los afroamericanos o los asiáticos y  ahí nos ponemos en la desventaja de no trabajar con gobiernos y corporaciones que tienen metas  de contratar con grupos de la minoría a cierto nivel. Hay muchas oportunidades que no se llegan porque no se certifica, el primer paso para competir por unos contratos en los que hay mucho dinero. Esperamos que los empresarios toman en cuenta esto”, confía Orozco.