Empresarios, el hambre de progresar

La mejora de la formación académica abre la puerta a negocios con más potencial
Empresarios, el hambre de progresar
Rafael Álvarez, presidente y fundador de ATAX.
Foto: Gerardo Romo / El Diario

A mediados de los ochenta Rafael Álvarez pidió un préstamo a sus padres para abrir una oficina de un negocio de preparación de taxes. Tenía un título universitario en ciencias de la computación, era CPA, dos computadores, un fax y $200.

Hoy es el fundador y presidente de ATAX, una empresa que ha aumentado sus servicios de preparación de impuestos a través del modelo de franquicia y tiene 60 oficinas en Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Connecticut, Georgia, Florida y recientemente en la costa oeste al desembarcar en San Francisco.

No fue el dinero de sus progenitores lo que permitió a este dominicano empezar en un negocio que ahora crece por buena parte del país sino amigos. Pidió $1,000 a 35 de ellos y recaudó $18,000 para este empuje inicial con el que daba inicio a una biografía empresarial que tuvo muy clara que quería desde que llegó a EEUU en 1983.

Llegar a San Francisco y abrir una sede además de otros planes de futuro que tienen son el fruto de su paso por la Iniciativa Latina de la Escuela de Negocios de Stanford University en la que dice que le han enseñado a escalar (hacer crecer) su negocio.

Álvarez es en buena medida un ejemplo del empuje empresarial de los dominicanos en la ciudad de Nueva York pero difiere de sus compatriotas en muchos aspectos. Con todo, su camino refleja un cambio dentro de esta población que refleja una mayor adaptación a las formas de hacer negocios en este país y abre la puerta a negocios con mayor potencial.

“Lo que define a los empresarios dominicanos es el hambre de progresar con el que llegamos. Buscamos oportunidades para ver cómo echar para adelante y apoyar a la familia pero preferimos no trabajar para otros”, explica Álvarez. Ahora bien, a su modo de ver los emprendedores de este país miden el riesgo abriendo negocios que ya son exitosos, “por eso son más visibles, por centrarse y ser muy numerosos en empresas como salones de belleza, restaurantes, taxis, negocios de remesas o restaurantes”, según explica.

El informe de propietarios de negocios del censo se hace cada cinco años y tiene información de cuántas firmas están en manos de puertorriqueños, mexicanos y cubanos. Son el 30% y se agrupa el resto como latinas. “De este 70% le garantizo que los dominicanos son los más numerosos en la ciudad, especialmente en El Bronx, barrios de Queens y la zona norte de Manhattan”, dice Laird W. Bergad, Profesor distinguido de Lehman College y director del Centro para Estudios Latinoamericanos, Caribeños y Latinos en CUNY. El informe que cita es de 2012.

Bergad enfatiza que el censo también dice que el 93% de las firmas de los latinos no tienen empleados. “Son operaciones pequeñas, familiares, quizá emplean miembros del hogar sin pagarlos. En cualquier caso es que el empuje empresarial tiene limitaciones”.

Álvarez es distinto de la mayoría, no solo porque se ha embarcado en un negocio de franquicias–en el que es raro ver a los latinos–, sino porque además ha pasado por la Universidad y tiene empleados. “Yo no sería nada sin ellos”, explica. Dada su línea de negocio este empresario ha tenido la oportunidad de ver a muchos de ellos de su comunidad y dice que no todos creen que sea beneficioso tener empleados.

Además, muchas personas que tienen una buena habilidad con un oficio ven la oportunidad de abrir un negocio en vez de trabajar para otras personas. “Pero el problema es que no es lo mismo hacer el trabajo que ser empresario hay que hacer un sacrificio inmenso”, dice Álvarez. Según explica, la persona que tiene destreza técnica “también tiene que ser un manager y un soñador para visualizar el negocio, desde los pequeños detalles hasta dónde estará el negocio en tres años, las tres cosas son necesarias”.

Este empresario afirma que cuanta más educación, más capacitado se está para trabajar mejor en el sistema estadounidense y “más fácil es llevar el negocio a otro nivel”.

El presidente de ATAX, Rafael Álvarez (centro), durante la inauguración del Centro de Información Consular en las instalaciones de ATAX en 2018. Le acompañan David Sánchez, Haile Rivera, Noemí Moreno y Roberto Lizardo. /Consulado Dominicano

Las cifras que maneja el profesor Bergad apuntan a que se está mejorando la formación académica de la comunidad dominicana. En los años noventa alrededor del 6% de todos los dominicanos se graduaban en la universidad pero en 2017 son el 15%. “Quienes más han mejorado en este sentido son las mujeres y también hay diferencias entre los nacidos en República Dominicana y los que son primera y segunda generación nacidos en EE UU y cuyos padres tienen prioridad que sus hijos se educan”.

Un 36% de las dominicanas nacidas en EEUU tienen títulos de educación superior comparado con el 16% de los hombres de esta comunidad donde se repiten las mismas desigualdades que en la sociedad en su conjunto. Un 18% de los hogares ingresa más de $100,000 al año pero el 20% menos de $20,000. El profesor explica que hay todo tipo de condiciones económicas entre estos dos extremos y la meta que aunque se ha reducido hasta el 25% la pobreza entre los dominicanos, el 40% de los menores de 14 viven en esa situación.

Esta mejora y las nuevas generaciones en las familias dominicanas se está reflejando en cambios que Álvarez dice que se perciben en el desarrollo del espíritu emprendedor de esta comunidad. “Los nuevos emprendedores están entrando en otros sectores distintos, hay gente que está en tecnología y si ponen un restaurante ya no es un comedor dominicano sino un restaurante de tapas o especializado en vinos, por ejemplo, ya no es el negocio dominicano sirviendo solo a la comunidad dominicana o latina”, explica.

 

“Las segundas y terceras generaciones han visto lo duro que han trabajado sus padres y los sacrificios que han hecho, no quieren hacerlo de la misma manera y tienen los medios para ello”, dice este empresario.