Las comadres de Sunset Park al rescate: “Todas para una y una para todas”

En el marco de la celebración del Día de las Madres, un grupo de mujeres trabajadoras, da un ejemplo de fortaleza, amor y unidad, con una historia en la que todas se echan la mano para salir adelante ante los retos que impone vivir en Nueva York
Las comadres de Sunset Park al rescate: “Todas para una y una para todas”
Lizbeth Fuentes, Fabiola Rodríguez, Veira Reyes y Yolanda Reyes, se dan la mano en el cuidado de sus hijos y sus obligaciones cotidianas
Foto: Edwin Martinez / El Diario

Como si fueran la versión moderna de los Tres Mosqueteros, pero esta vez con una historia protagonizada por siete mujeres: todas madres, todas con hijos pequeños, todas provenientes de México, todas trabajadoras y todas guerreras, las “Comadres de Sunset Park” están hechas para tenderse la mano en todo momento.

Y es que en medio de sus largas jornadas de trabajo para poder sacar adelante a sus familias, algunas de ellas cabeza de hogar, y sin el apoyo de ningún hombre, reconocen que la ayuda que se prestan entre sí, hace que sus vidas no solo sean más tranquilas sino más felices.

“Todas para una y una para todas”, es según Veira Reyes, la jefa del grupo, empleada de limpieza y madre de tres pequeñitas, la frase que resume el principio que lidera a las “Comadres”, quienes llevan más de una década de amistad y de entrega.

“Nosotras nos hemos vuelto como una familia grande. Somos como mamás de 10 o 12 niños. Siempre estamos apoyándonos entre todas en lo que cada una necesite, y nunca nos abandonamos. Además los niños nos unen mucho, porque se llevan muy bien, son como primos o hermanos”, asegura la madre mexicana, de 37 años, quien el año pasado vivió un momento muy duro en su vida que la alejó a la fuerza de sus tres hijas. Fueron dos meses y medio de pesadilla, pero una experiencia que reafirmó el compromiso de ayuda de sus amigas.

“Fue la experiencia más dolorosa para mí. Yo me fui muy triste por estar lejos de mis hijas, al saber que ellas estaban sufriendo, pero al mismo tiempo yo ya sabía que mis comadres me iban a apoyar y que se iban a hacer cargo de ellas, y eso me dio tranquilidad. Hizo las cosas más fáciles”, confiesa la mexicana, sentada con sus amigas en la sala de su casa, en un edificio de la séptima Avenida de Sunset Park.

Fieles de a Virgen de Guadalupe

El apartamento, con imágenes de la Vírgen de Guadalupe por todas partes, una casita de princesas, y un perrito llamado ‘Twitty’, quien es la mascota del grupo, guarda años de historias de alegría, esperanza, tristeza, dolor, amor, festejos, pero sobre todo, de una unión que parece indestructible. Ese lugarcito es el centro de operaciones y de encuentro del grupo, donde nunca hay espacio para la soledad.

“Yo soy madre soltera, pero no me siento sola porque estoy con mis hijas, mi hermana y mis comadres y eso me hace sentir muy feliz. Nosotras no nos abandonamos nunca”, reitera Veira, asegurando que cuando andan juntas por la calle, es como si fuera una procesión. Entre ellas y sus pequeños llenan mesas de restaurantes, cuando van a comer por fuera, como ocurrió la semana pasada, cuando dejaron el trabajo de lado y se fueron todos a echar unos tacos en un sitio cerca de su casa. Igual ocurre cuando toman en metro, pues aseguran que llenan los vagones del tren, no solo por lo grande del grupo sino también con su presencia y esa felicidad que se les nota cuando están juntos, en la que las risas constantes son el colofón.

Yolanda Reyes, otra de las integrantes del grupo, explica que la comunicación constante entre ellas es la clave para que todo funcione a la perfección, como un relojito. “Las “Comadres crearon un chat en What’sapp, donde hablan todo el tiempo y que funciona como la torre de control para ir al rescata las unas de las otras cada vez que se presenta una emergencia o un imprevisto.

“Nosotras estamos al 100 las unas con las otras, y para que todas podamos estar tranquilas y trabajar en calma, si los horarios de una chocan con las responsabilidades del día, aparecen las otras para hacerse cargo de los niños, darles comida, cuidarlos y a veces hasta pasear a los perritos”, comenta la madre de un niño, quien también trabaja en limpieza y quien vive en Nueva York hace 12 años.

“Todas somos bondadosas”

“Yo salgo de mi trabajo como entre las 4:00 y las 4:30, pero a veces cuando sé que voy a salir más tarde, ya sabemos quién es la que está disponible ese día y nos telefoneamos para que vaya a la escuela por los niños y se hagan cargo de ellos, mientras podemos volver a casa”, explica Yolanda, advirtiendo que ni la distancia ni el clima son obstáculo para no echarse la mano.

“Yo vivo como a 13 calles de Veira y otras viven más lejos, pero si nos requieren en un momento, estemos haciendo lo que estemos haciendo resolvemos, incluso ha pasado que en plena jornada de trabajo ocurre una emergencia y si alguna me necesita, yo hablo con mis jefes y les pido permiso para salir más temprano, pues tenemos claro que somos como un matrimonio todas”, agrega la mexicana, de 39 años, quien parece tener la respuesta a quienes les preguntan cómo hacen para ser tan unidas y ser casi como una cooperativa de ayuda.

El secreto está en que todas somos bondadosas. Nosotras no pensamos en que estamos haciendo un favor sino que si es algo que tenemos que hacer por nuestras comadres, lo tenemos que hacer y ya. Yo me he sacrificado por ellas y ellas se han sacrificado por mi”, agrega la madre con mucho orgullo, al hablar de sus amigas.

Tienen roles y tienen tareas

Y como en todo grupo, pero sin haberlo estipulado de manera formal, entre ‘Las Comadres” hay roles y hay tareas.

“Veira es como la cabeza del grupo, la jefa, la que siempre está organizando y haciendo planes, y las otras siempre estamos haciendo nuestra parte”, comenta Fabiola Rodríguez, madre de tres niños pequeños, recordando que se toman tan en serio su compromiso, que jamás olvidará el día en que nació su niño menor, de 5 años.

“Ese día mi esposo no pudo ir al hospital, y Veira estuvo conmigo en el parto. Ahí sí que puedo decir que se portó como mi marido, pues estuvo pendiente de todo y luego el resto de las comadres estuvieron ayudándome a mí y mi bebe y también después cuando tuve una cirugía, ellas me echaron la mano con los niños”, agrega la también trabajadora de limpieza, quien es como “la maestra del grupo”. Cuando de tareas de los niños se trata, ella es una de las encargadas de llevar ese rol y también la que más los mete en cintura.

Y aunque Lizbeth Fuentes nació en Nueva York, la madre de una nena, encontró en el camino a “las Comadres” y confiesa que eso ha hecho que su vida sea muy diferente.

“Nosotras sabemos que si algo le pasa a la una, es como si le pasara a todas y no solo estamos para cuidar a los niños y ayudarnos sino que tenemos planes y nos divertimos cada vez que estamos juntas”, dice la joven, de 27 años, quien es la traductora del grupo.

Cada vez que hay documentos importantes que leer, ella es la encargada. “Nosotras somos muy felices las unas con las otras y creo que es importante que otras mujeres que viven aquí y que a veces se sienten solas, que se unan con otras mamás, porque así las cosas se hacen más fáciles para todas”.

Planean su independencia económica

Y coincidiendo en que ser madre es la mejor experiencia que les ha podido pasar en la vida y que la otra es haberse encontrado, “las Comadres” de Sunset Park tienen planes a largo y corto plazo.

Con el tiempo, sacándole provecho al talento que todas dicen tener para la cocina, desean crear un negocio de comida que les de mayor independencia económica, por lo que incluso ya han empezado a hacer sus ahorritos, con las llamadas “tandas” en las que cada semana guardan una cantidad de dinero que cada una disfruta en el turno en que le corresponda.

Al largo plazo quisieran darse una escapadita todas a alguna playa o un sitio paradisíaco, siempre en sus planes están presentes sus niños, pero mientras eses día de las vacaciones soñadas llegan ellas afirman que seguirán festejando cada fecha especial, como harán este Día de las Madres, cuando ya tienen planeada una fiesta en su centro de operaciones. Agregan que tal vez se echarán un tequilita, pero solo uno, y en ese caso deberán elegir a una de ellas que no beba para que pueda estar más pendiente de los niños.

“Una va a traer pollo, otra los tacos, otra tamales, otra quesadillas, otra gelatinas y Veira dijo que va a poner los chiles rajados”, comenta una de las “Comadres”, haciendo que todas estallen en una risotada que llena el lugar y que es fiel testimonio de que estas madres, estas trabajadoras, estas mujeres guerreras, son felices. Son felices porque se tienen las unas a las otras y son felices porque saben que la unión que han construido, son el mejor ejemplo para que sus hijos entiendan el valor de ayudar y el valor del compromiso con los otros.

“Solo quiero decirle a mis comadres que Feliz Navidad”, dice Veira, sin notar su confusión, mientras las demás, tratando de guardar la compostura se miran entre ellas y explotan de risa. “Ya te adelantaste manita”, comenta Fabiola, mientras dictamina que así se la pasan todo los días: “unidas y felices a pesar de los problemas”.