Deportados crean el Sindicato del Rap

El aporte cultural y económico de los repatriados llegó a México para quedarse

Deportados crean el Sindicato del Rap
Algunos de los integrantes del Sindicato de Raperos
Foto: Gardenia Mendoza / Impremedia

MEXICO – A la lengua de Miguel Juárez “Rumec” le gana el cerebro. Cuando habla, unas ideas vienen tras otras y, al salir en forma de oraciones, las nuevas se encaraman a las inconclusas para hacer un collage de información que da cuenta de su vida en San José, California, de la creación de su empresa de la construcción, del activismo por derechos laborales, de su deportación

Tantas y tantas historias fluyen (“sólo así se avanza en esta vida”) hasta que se detiene en una, la más reciente.

“Vamos a hacer un sindicato del rap”, cuenta con entusiasmo en compañía de algunos cantantes, músicos, empresarios y asistentes que son parte de su equipo. Uno de ellos, abre la computadora y muestra los estatutos: los ha estado asesorando nada más y nada menos que el exlíder del sindicato minero, Napoleón Gómez Urrutia. “Sí, es polémico, pero cree en nuevos proyectos”.

Este día, la promesa del Sindicato Mexicano del Rap está a punto de dar un gran paso, presentar todo el paquete legal a las autoridades. Este hecho, es un salto que le permitirá luchar por contratos más serios para el gremio en el que recaen muchos prejuicios… que si los raperos son drogadictos, que si son gente de no fiar,  que si llevan tatuajes, que si sólo hablan de delincuencia…

Rumec (“mejor llámame así por favor”) interrumpe la entrevista que se le realiza en “El Jardín Cervecero”, un espacio que ofreció su amigo restaurantero Cristopher Salas para que los raperos hagan sus eventos. Toma el celular y marca. Esto va en serio. Un timbre, dos. Al teléfono Manuel Serna, productor y director artístico de la empresa promotora de artistas Ars Musik.

Miguel Juárez “Rumec".
Miguel Juárez “Rumec”.

“¡Vamos a orquestar el rap del  Sindicato de Raperos”, confirma Serna después de llegar al acuerdo: la mitad de las ganancias de su presentación en el teatro Metropolitan serán para la empresa y la mitad para los cantantes. “Le vamos a dar sofisticación y fuerza para empujar al género”.

Por ahora el Sindicato de Raperos cuenta con 200 músicos de diversos estados del país, entre los cuales serán seleccionados 35 para el proyecto colectivo orquestado. Oscar Adrián Ocampo, conocido en el mundo del rap como AkNegro Under, profesor de secundaria e investigador social que es parte del equipo de Rumec, precisa que buscan promover la cultura y reivindiar el rap.

“Hablar de nuestras raíces, de la recuperación de culturas prehispánicas, de temas positivos más allá del sexo, la droga, el alcohol”, advierte. “Incluso tendremos raperos en lenguas maternas como el zapoteco”.

Lee también: Migri Map, una aplicación para orientar a migrantes, deportados y refugiados en Tijuana

El comité directivo del Sindicato de Raperos reunido en el Jardín Cervecero choca tarros, brinda. Lo cierto —coinciden— es que el producto es el resultado de una larga historia de migración que se remonta a más de dos décadas atrás, cuando Miguel Juárez, siendo un adolescente emigró a Estados Unidos para alcanzar a su mamá en San José, California, donde un tío le enseño el oficio de albañilería.

A los 18 fundó su propia empresa en sociedad con Boris Kotelnicov, un emigrante a quien conoció en la escuela. La llamaron Rumec: Russian Mexican Company. Pronto se hicieron de una buena clientela, remodelando casas. Pero el dinero, herramienta del sueño americano, finalmente los dividió.

“Boris quería vivir la vida loca, los viajes, la fiesta, y a mí, con el paso del tiempo, esa vida ya no me llenaba”, recuerda Rumec frente a sus amigos. Después de cinco años, la sociedad terminó.

El mexicano comenzó a interesarse por el activismo social, a documentarse sobre Malcom X y Martin Luther King. Rumec se emociona, abre un iPad y muestra fotos: ahí está su versión de luchador social, por ahí está con Muhammad Ali. Por esos tiempos, tras la separación de su scio, cambió el nombre de la empresa a Revolucionary Union Mexicans Combats, con un concepto más social.

En eso estaba cuando lo detuvieron  por una infracción de tránsito. Cuando se presentó en la corte llegaron algunos agentes de ICE tras él. “Al día siguiente ya estaba en Tijuana”, dice sobre su deportación.

La empresa quedó en manos de su hermano en California. Allá sigue como un brazo financiero de los nuevos proyectos de su fundador en México, donde diversificó a los agroalimentos y hoy exporta mango y café a Dubai con contactos directos a productores (el inglés ayuda) y apoya proyectos artísticos como murales, grafitti y el Sindicato de Rap que busca dignificación de una cultura que llegó para quedarse. Como los repatriados.

El Sindicato de Raperos en cifras