Protegiendo a los trabajadores inmigrantes durante y después de la pandemia

Nueva York debe crear un plan de preparación para desastres que incluya a estos trabajadores y sus comunidades
Protegiendo a los trabajadores inmigrantes durante y después de la pandemia
Nuestra fuerza laboral inmigrante está arriesgando sus vidas para mantenernos a salvo.
Foto: Mariela Lombard / El Diario

A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre y la súper tormenta Sandy, la falta de apoyo puso en peligro a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, incluso cuando ellos participaban con valentía en los riesgosos esfuerzos de recuperación y respuesta de emergencia.

Hoy, el brote de coronavirus muestra lo poco que hemos aprendido de las emergencias pasadas. Mientras que gran parte de nuestra Ciudad se cierra y los neoyorquinos se refugian en sus apartamentos o escapan a los Hamptons, muchos de estos trabajadores se exponen al virus al limpiar a fondo nuestras oficinas, espacios públicos y hogares. Muchos lo hacen sin el equipo de protección necesario o sin garantía real alguna de que serán atendidos si se infectan sin tener seguro médico.

Éstos son algunos de nuestros vecinos más vulnerables. Son jornaleros y jornaleras, indocumentados e indocumentadas, inmigrantes recién llegados, que no tienen acceso a días de enfermedad remunerada y no pueden permitirse quedarse en casa sin ir a trabajar; trabajadores de supermercados y bodegas que mantienen nuestros estantes abastecidos y tiendas abiertas; trabajadores domésticos que cuidan a nuestros ancianos; repartidores trayendo nuestra comida; trabajadores de la construcción que mantienen seguros nuestros edificios.

Éstos son neoyorquinos y neoyorquinas que no pueden evitar el metro y caminarán millas para ir a trabajar si fuera necesario. Son neoyorquinos y neoyorquinas cuyos trabajos pocas personas quieren pero de los cuales todos dependemos mientras nos “ponemos en cuarentena” y practicamos “distanciamiento social”. Irónicamente, nuestra dependencia a esta fuerza laboral invisible tiene el potencial de propagar y alargar un brote de virus al no recibir la atención y los servicios adecuados durante esta crisis. Estos son neoyorquinos y neoyorquinas que, si no los protegemos, podrían prolongar el brote pues carecen del cuidado y los recursos apropiados.

Sin embargo, como el 11 de septiembre y la súper tormenta Sandy lo mostraron, estos héroes anónimos son escasamente tomados en cuenta en nuestra formulación de políticas antes, durante y después de estos momentos de crisis.

Nueva York debe crear un plan de preparación para desastres que incluya a estos trabajadores y sus comunidades. Mientras tanto, hay acciones que la Ciudad y el Estado pueden tomar en este momento para proteger a los y a las trabajadores inmigrantes de bajos salarios durante y después de esta pandemia.

Necesitamos equipar a las comunidades de inmigrantes y sus grupos comunitarios con recursos para prepararse y responder a estos desastres. Los centros de jornaleros y jornaleras y las organizaciones sin fines de lucro que trabajan sobre el terreno en vecindarios inmigrantes deben participar en los procesos de planificación y respuesta, ya que son los más adecuados para llegar a estas comunidades.

Debe existir una línea directa dedicada en los idiomas más hablados de la Ciudad para que las comunidades reciban actualizaciones e información sobre los esfuerzos del gobierno. Traducir información en un sitio web o decirle a la gente que llame al 3-1-1 no es suficiente. Necesitamos llevar información directamente a las comunidades inmigrantes y de ancianos. Eso significa tanto Flushing como Union Square y crear sistemas más confiables que el 3-1-1 para acceder a idiomas.

Debemos garantizar la atención médica y los días de enfermedad remunerada para todas y todos los trabajadores que se encargan de limpiar en profundidad, desinfectar y mantener nuestra infraestructura vital. La Ciudad y el Estado deben demandar a los empleadores que no obedecen las leyes de licencia por enfermedad remunerada, y crear incentivos para que los empleadores otorguen dicha licencia por enfermedad remunerada y otras bonificaciones para las personas que están dispuestas a realizar un trabajo peligroso pero esencial.

Debemos suspender todas las sanciones para las y los trabajadores de entrega de bicicletas eléctricas. No es ningún secreto que la mayoría de las y los trabajadores de reparto que nos traen comida o el supermercado mientras nos quedamos adentro serán inmigrantes. Seguir criminalizando su trabajo es insultante y cruel. También contradice nuestra identidad como Ciudad santuario.

Debemos imponer una moratoria a los desalojos. Es indignante decirles a los neoyorquinos que se queden o trabajen desde casa si eso significa que no pueden pagar el alquiler. El Alcalde y el Gobernador deben detener los desalojos hasta que pase la crisis.

También debemos imponer una moratoria a los cortes de servicios públicos. La pérdida de agua o electricidad ya causa grandes dificultades en el mejor de los casos. En una emergencia de salud pública, es desastroso. Y con el Alcalde insistiendo en que los neoyorquinos obtengan información sobre el virus a través de internet o sus teléfonos, debemos detener estos cierres, penalizar a las empresas privadas por hacerlo y crear planes de pago diferido.

El Alcalde y el Gobernador tienen razón al afirmar que el coronavirus no discrimina. Del mismo modo, tampoco nuestras políticas y recursos deberían. Eso significa apoyar a los centros de jornaleros y jornaleras y organizaciones comunitarias que actualmente están llenando los vacíos del gobierno, y haciendo cambios sistémicos para evitar que estos vacíos existan en primer lugar.

Nuestra fuerza laboral inmigrante está arriesgando sus vidas para mantenernos a salvo. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para protegerlos y no olvidarlos como en el pasado.

El concejal Carlos Menchaca preside el Comité de Inmigración en el Consejo de la Ciudad de Nueva York y se destacó por su trabajo de organización en respuesta a la súper tormenta Sandy. En Twitter @cmenchaca

Manuel Castro es director ejecutivo de New Immigrant Community Empowerment (NICE) y trabajó en los esfuerzos de recuperación posteriores al 9/11 y posterior a la recuperación post súper tormenta Sandy con las comunidades inmigrantes. En Twitter @NICE4Workers, por Facebook https://www.facebook.com/pg/nynice.org