Algún día te vas a encontrar con Dios

La historia de los cursos gratis del 2020
Algún día te vas a encontrar con Dios
Mural en memoria de George Floyd.
Foto: APU GOMES / AFP / Getty Images

La cuarentena puso de moda los cursos Online. Son gratis, los puedes recibir en tu cama, en pijama y a la hora que tú quieras. Bajas aplicaciones, te dan tareas y hasta las Universidades más prestigiosas te mandan el certificado que confirma que completaste el curso para que puedas después compartirlo orgullosamente en redes y recomendarlo.

Sí, todos esos cursos han cumplido la misión de distraernos mientras nos acostumbramos a la nueva normalidad…. Lo que algunos no se han dado cuenta es que ese afán de distraernos durante la cuarentena parece que nos ha hecho distraernos también de ese curso intensivo y sin aplicaciones que nos está mandando la vida en el 2020 y que ha tenido dos grandes asignaturas:

Una se llama Covid 19. La otra apareció cuando pensábamos que ya estábamos listos para graduarnos y se llama George Floyd.

La pandemia rescató lecciones aprendidas

De la misma manera que durante el encierro organizamos armarios que parecían intocables y recuperamos viejos álbumes con fotos en papel de momentos inolvidables, así mismo algunos recuperamos lecciones de vida que habíamos archivado bajo llave en los cajones escondidos del corazón: la compasión, la paciencia, la responsabilidad de cambiar los hábitos para protegernos, la importancia de almorzar un miércoles en familia…. O de ser felices a solas con uno mismo. Todo eso sirvió para aprender a borrar esa mentira del “no puedo” que tantas veces repetimos antes de la pandemia.

Otros alumnos de esa misma clase tuvieron que pasar exámenes més difíciles que incluían pruebas más dolorosas: la separación de sus queridos viejos que se quedaron encerrados en asilos y después se fueron de este mundo sin poder volver a verlos. Y es que el curso del Covid no acepta despedidas pero enseña que la vida te sorprende y te cambia el final cuando menos te lo esperas. Lo bueno de ese curso, es que tambièn siembra generosidad en miles de corazones. En corazones envueltos en batas blanca que exponen sus vidas para servir en los hospitales.

En caras tapadas con máscaras que sonríen con los ojos y brindan palabras de amor y consuelo.
En desconocidos solidarios que organizan maneras de llevarles mercados a vecinos solitarios.
Sí, la generosidad es uno de los grandes bonos de este curso.

Para otros miles, las pruebas de este curso fueron estresantes: trabajar desde casa a la vez que supervisaban las clases virtuales de los niños. El “me estoy volviendo loca” fue una de las frases más repetidas de la cuarentena. Dicen que las enseñanzas de los papás han sido valiosas

Otras pruebas fueron costosas. Miles perdieron sus trabajos y se quedaron sin ahorros. Grandes y valiosos proyectos se vinieron abajo. Marcas reconocidas se declararon en bancarrota… Sí, este curso exige mucho valor y fuerza para volver a empezar de nuevo. Aunque sea de cero.

Para otros miles, la pandemia siempre será su gran lección de agradecimiento. Se dispararon las ventas del papel higiénico, los tintes de cabello y los desinfectantes. Las entregas a domicilio crearon fuentes de trabajo y la musa visitá más seguido el alma de los artistas. Y es que para algunos alumnos el curso multiplicó la creatividad.

Se escribieron canciones optimistas que cuentan que volveremos a juntarnos sin el metro de distancia. Paralelo al nacimiento de canciones que narran lo que estamos viviendo, hubo resurrecciones. “Resistirè” y “Color Esperanza” regresaron con más fuerza y con un motivo claro.

Sí, gracias a la pandemia se escribieron más poemas, se inventaron nuevas maneras de abrazar, se celebraron con más ilusión cosas que antes no se celebraban, se grabaron más videos optimistas y se tomaron más fotos que inmortalizan imágenes que siembran esperanza. Gracias a la pandemia, además de guantes y máscaras, muchos también se armaron de valor para atreverse a crear lo que siempre habían soñado.

Y de pronto, cuando ya parecía que habíamos completado el curso y que habíamos aprendido a ser mucho más tolerantes y más generosos, un policía sin corazón mata en una calle de Estados Unidos a un ser humano llamado George Floyd. Una chica de 17 años graba el momento en que Floyd, suplica por su vida y dice que no puede respirar. El video le da la vuelta al mundo y se convierte en un motor que impulsa a exigir respeto a la vida y a no diferenciar a nadie por el color de su piel, y también a tener cero tolerancia a la brutalidad policial.

Y ante la muerte de Floyd, un tipo pacífico de 46 años, que en vida grababa videos invitando a los jóvenes a apaciguar la violencia y a abandonar las armas, las calles que se habían quedado vacías por miedo al Covid se llenaron de gente pidiendo respeto a la vida y exigiendo igualdad.

Aquel hombre que un día montó a su hijita en hombros mientras ella gritaba convencida que “Papi cambiaría al mundo” se convirtió en nuestro mejor maestro y una de sus frases se me quedó grabada en el alma:
“Algún día te vas a encontrar con Dios”.

Y así, de pronto, el 2020 nos volvió a inscribir en otro curso gratis de tolerancia, respeto a la vida e igualdad. Una clase gratis y dolorosa que enfatiza una y otra vez que hay que acabar con el racismo.
Un curso que no es nuevo, pero que claramente entendemos que aún no hemos aprendido.
Tal vez por eso, nos está tocando repetirlo.

Sobre la autora

Luz María Doria es inmigrante colombiana, periodista, productora ejecutiva de Despierta América y autora de los libros “La Mujer de mis Sueños” y “Tu Momento Estelar”. Podrán encontrar su columna cada lunes en nuestro diario impreso y en este sitio web.