Muere guatemalteca inmigrante en Arizona al dar a luz por tener coronavirus

La mujer atravesaba por el octavo mes de gestación cuando se contagió de covid-19

Muere guatemalteca inmigrante en Arizona al dar a luz por tener coronavirus
Bertha Esteban sufrió un paro cardíaco cuando le estaban practicando la cesárea.
Foto: Carlos Villavicencio / EFE

Gaspar Diego y Bertha Esteban eran una pareja de origen guatemalteco, inmigrantes, y que desde hacía tiempo se habían establecido en Arizona, en búsqueda de una mejor vida para ellos, su pequeño hijo de 2 años y el bebé que esperaban.

Sin embargo, nunca se imaginaron que pese a seguir todos los cuidados necesarios, se contagiarían de coronavirus.

Fue a finales de mayo cuando Gaspar, de 31 años, y Bertha, de 25, comenzaron a tener síntomas de covid-19, lo cual los alertó mucho pues la mujer atravesaba por su octavo mes de embarazo.

La mujer presentó fuertes taquicardias, perdía el aire constantemente, aunado a fiebre alta y dolores de cabeza. Pasada una semana de estar con los malestares, empezó a sentir que el feto no se movía dentro del vientre. En ese momento la pareja decidió ir al hospital.

“Los doctores nos dijeron que tal vez era una influenza, pero por seguridad nos hicieron la prueba del coronavirus”, relata Gaspar.

Con fiebre y dolores de cabeza, la pareja regresó a su casa, pero al siguiente día recibieron una llamada para confirmar que salieron positivos en la prueba, y la recomendación médica fue que se quedaran en su vivienda, junto a su hijo mayor.

“Solo nos dijeron que nos encerráramos por dos semanas, a ella le recetaron unos antibióticos, pero ella no podía tomar medicina por el bebé, así que solo le dimos Tylenol para la calentura”, comentó.

Las cosas no mejoraron, los síntomas aumentaron; el corazón de Bertha latía aceleradamente, la respiración faltaba, y las contracciones se volvieron más frecuentes, recuerda Gaspar.

Ante los síntomas, la madre buscó adelantar la fecha estipulada para su parto.

Un familiar tuvo que llevarla al hospital, ya que Gaspar no podía pararse por la debilidad que le causaba el virus. Esa fue la última vez que el migrante vio con vida a la madre de sus hijos.

Bertha ingresó al hospital con dolores de parto, pero según le contaron a su esposo, en el momento que la anestesiaron para el alumbramiento, le sobrevino un paro cardíaco, por lo que tuvieron que realizar una cesárea urgente para salvar la vida de su pequeño.

“Ya no la pude volver a ver, salió de la casa y nunca volvió. Estábamos por casarnos en noviembre, vivíamos una gran felicidad con la llegada de nuestro (segundo) niño”, declaró a EFE Gaspar, con un dejo de tristeza en sus palabras.

“Después de su muerte, la que no podíamos creer, mi hermana me ayudó a cuidar del bebé, quien presentó fiebre los primero días. Yo estuve enfermo del coronavirus por 25 días”, agregó.

Gaspar ha podido ya hacerse cargo de su hijo mayor llamado Diego y del pequeño Daniel. (Foto: EFE)

Gaspar, hasta ahora, pudo reunirse con sus dos hijos para tratar de recomenzar su vida, y compartir la historia con la comunidad migrante para que estén alerta sobre esta enfermedad.

“La verdad creo que es muy importante cuidarse, muchos pensamos que porque somos jóvenes no nos va a pasar, tenemos que usar las máscaras y ayudarnos entre todos para que esta enfermedad acabe pronto”, sentenció.

Panorama gris en Arizona

Con el deceso de Bertha, se registró la primera muerte de una embarazada por coronavirus en Arizona, de acuerdo a los informes que dieron en el hospital Mountain Vista Medical Center, en Mesa (Arizona) al inmigrante.

Desde que se declaró la reapertura económica en este estado, los casos han ido en aumento. Para este viernes el número de contagiados en el estado llegó a 138,523 y las muertes relacionadas con el virus conocidas suman un total de 2,583, según el informe diario de las autoridades de salud estatales.

Los ventiladores en uso alcanzaron un nuevo récord, el 54% de estas máquinas esta ocupado.

El panorama es más preocupante en los hospitales. El 87% de las camas en el estado están ocupadas y el 90% de las camas en las unidades de cuidado intensivo (UCI) están en uso. Las cifras incluyen a las personas que reciben tratamiento para covid-19 y otros pacientes.