Trabajadores de atención a ancianos con el reto de adaptarse a la “nueva normalidad” de los más vulnerables ante la pandemia

Organizaciones y sindicatos coinciden en que se tiene que "repensar" los beneficios y las condiciones para esta fuerza laboral que de manera ascendente será cada día más esencial

Trabajadores de atención a ancianos con el reto de adaptarse a la “nueva normalidad” de los más vulnerables ante la pandemia
El COVID-19 cambia la dinámica de atención a la población más vulnerable.
Foto: NYC Mayoral Office

La pandemia del COVID-19 movió todas las estructuras. Pero si alguna actividad en Nueva York fue sacudida totalmente desde sus cimientos  ha sido la de los trabajadores de atención domiciliaria y hogares de atención prolongada a ancianos.

Las estadísticas son muy claras. Se estima que el 40% de las muertes aproximadamente por coronavirus en todo el país ocurrieron en residentes o empleados de hogares de ancianos y centros de atención a largo plazo, mientras que en la ciudad de Nueva York el número se aproxima al 30% total de decesos.

Por un lado, las asociaciones que respaldan a los trabajadores domésticos tienen su mirada puesta en nuevas legislaciones que mejoren las condiciones de esta fuerza laboral y por otra quienes trabajan en la interacción con envejecientes en hogares permanentes y de cuidado diario, encaran los retos de volver a la “nueva normalidad” con otros esquemas de trabajo, en donde la protección ante un “nuevo enemigo” debe ser la constante.

A juicio de William Bombi, Presidente de la Asociación Nacional de Cuidados Domiciliarios y Terminales (NAHC) en tiempos de pandemia la “atención en el hogar” probablemente se beneficiará ante las dudas de muchas familias para usar hogares de ancianos y otros entornos de vida comunitaria.

“De hecho, a largo plazo, podría haber un impulso para que la salud en el hogar asuma algunas responsabilidades de los hospitales, a fin de reducir la infección, tanto para la atención pre-aguda como la post-aguda, y para obtener más cuidados paliativos en la casa”, explicó Bombi a medios nacionales.

Calcula el titular de NAHC, que es probable que en estos tiempos se requiera de un mayor grado de integración con los médicos y el personal de cuidado domiciliario, a través de conexiones tecnológicas.

“Lo complicado de la distancia física”

El hecho de mantener el distanciamiento social con la población de tercera edad es un hecho complicado, pues ante la prevalencia de enfermedades crónicas y discapacitantes, con alta frecuencia no se pueden valer por sí mismas. La asistencia personal que requieren es de mucho contacto.

Esta realidad impone inmensos retos sanitarios para esta fuerza laboral en sus diferentes posiciones.

Se calcula de acuerdo con los últimos registros que en la ciudad de Nueva York existen 202,000 cuidadores domiciliarios, de los cuales más del 70% son de la minorías hispanas y afroamericanas.

Además, en el estado están sindicalizadas más de 66,000 personas que trabajan en hogares de residencia permanente de ancianos, en diferentes áreas de contacto directo e indirecto.

Este grupo de empleados y profesionales de los ancianatos, a criterio de voceros del sindicato 1199SEIU que los representa, “viven uno de los lados más duros de esta crisis, pero a pesar de eso, nunca abandonan su vocación de servir a nuestras familias de ancianos. En este trance, miles de ellos perdieron la vida”.

Fuentes de esta unión sindical dijeron a El Diario que diariamente están actualizando los recursos educativos, para que sus asociados como trabajadores esenciales, sigan poniendo “barreras efectivas al COVID-19”.

“Hay que motivarlos”

Activistas de ‘Hand in Hand’, en Nueva York, una organización que vela por los derechos de los trabajadores domésticos coincide que  quienes se ocupan de la atención domiciliaria son ahora más esenciales para garantizar que aquellos que están envejeciendo, enfermos e inmunocomprometidos, puedan autoaislarse con otra dinámica de protección.

También Ilana Berger, codirectora de Caring Majority NY se une como organización a quienes ponen en primer plano, que es necesario invertir rápidamente en esta fuerza laboral, para satisfacer las crecientes necesidades de los ancianos y mantenerlos seguros mientras el Covid-19 siga siendo una amenaza.

“Es hora de arreglar nuestro sistema de atención a largo plazo y terminar con la escasez masiva de trabajadores de atención domiciliaria, que en los últimos años y previo a esta crisis de salud pública, estaban abandonando sus posiciones por los bajos salarios”, dijo la activista.

Organizaciones como Hand and Hand y Caring Majority han destacado en las últimas semanas, que lo más fácil es contar con profesionales que traten con amor y consideración a los envejecientes, utilizando medidas de protección y haciendo seguimiento a su salud para proteger a las familias.

“Lo complicado es motivar a que permanezcan, bajo las actuales condiciones laborales”, preciso Berger.

De acuerdo con un análisis realizado por el Centro de Estudios Urbanos y Laborales de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY) cada 2 de 5 trabajadores domiciliarios tienen previsto dejar su trabajo en los próximos años por los bajos salarios.