El mejor socio para tu emprendimiento

Nuestro mejor socio es el que responda a lo que buscamos: fiabilidad, compromiso, honestidad

Tiene que haber armonía entre los socios.
Tiene que haber armonía entre los socios.
Foto: Shutterstock

Dos de cada tres fracasos en las empresas se deben a desavenencias entre los socios. Pertenecer a ese tercio privilegiado que alcanza el éxito puede estar en nuestra mano si sabemos elegir al socio adecuado.

Tener un socio puede constituir una gran ventaja profesional y personal: es alguien en quien apoyarse, con quien compartir trabajo, intercambiar ideas, sobrellevar problemas, encontrar soluciones, repartir dificultades y celebrar triunfos. Raramente es posible hacerlo todo uno mismo, y, aunque así fuera, tampoco es necesario. La madre Teresa de Calcuta lo tenía muy claro: «Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas». Pero no se trata solo de tener un socio, sino de encontrar el mejor.

Los socios, como el amor, pueden surgir a primera vista. Pero eso no es lo habitual. Lo más probable es que haya que dedicar tiempo a encontrar a la persona adecuada para compartir cada tipo de negocio. Una vez que sepamos lo queremos, ¿dónde buscar al mejor socio?

Excompañeros de trabajo. Los actuales y los pasados compañeros pueden ser candidatos a socios, porque ya conocemos su forma de trabajar: si son honestos, si acostumbran a quejarse por todo, si saben resolver, si se dedican a procrastinar… Haber pasado horas al lado de alguien, codo con codo, nos da una radiografía muy clara de quién podría ser un buen partner y quién queda descartado.

Amigos. Me parece que los buenos amigos pueden ser muy buenos socios comerciales; no todos, por supuesto. Pero si sabemos elegir, tendremos ventajas, aparte de la confianza. Pero hay que ser muy claros con las reglas para evitar problemas. Para que un negocio funcione, hay que dedicarle mucho esfuerzo y un sinfín de horas de trabajo, y mejor pasarlas con quienes ya sabemos que nos llevamos bien. Muchas grandes empresas nacieron de la ilusión de amigos que un día tuvieron una idea de negocio y decidieron trabajar juntos para lograr sus objetivos. El único problema radica en que en algún momento pueda perderse la amistad…

Familia. Tener empresas con la familia es lo más parecido a hacer negocios con amigos. Abundan los hermanos, padres e hijos, matrimonios… que son también sólidos socios empresariales. Pero desde mi punto de vista, si no está bien definida y profesionalizada, en la segunda generación comienzan las dificultades. Los mismos valores inculcados desde la infancia en una primera generación, es difícil mantener el resto, pero sería la clave para continuar con el sentido del esfuerzo, la honradez, la pasión…

Oportunidades de ‘networking’. Todos los eventos de trabajo en los que se conoce gente suponen una oportunidad de oro para encontrar socios comerciales. Lo importante es saber qué requisitos son imprescindibles para cada empresa. Por ejemplo, personalidades diferentes, pero compatibles. Es decir, que, si uno se sabe un desastre en las finanzas, el socio sea competente en ese campo, alguien que equilibre las deficiencias personales.

En realidad, nuestro mejor socio es el que responda a lo que buscamos: fiabilidad, compromiso, honestidad, compatibilidad, responsabilidad, valor, creatividad, esfuerzo y, sobre todo, competencia emocional. La clave del éxito en toda relación humana (y comercial) está en la gestión de las emociones, en ser conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, reconocerlas en nosotros y en los demás, para trabajar con respeto, asertividad y motivación.

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