De un cementerio a un paraíso

El 11 de septiembre de hacen diez años, Nueva York fue el escenario de los ataques terroristas más funestos que recuerde la humanidad. Tras visitar la llamada Zona Cero no pude controlar mi emoción, y debo admitir que sentí un fuerte dolor en mi alma por esa gran tragedia que mantiene de luto al mundo entero, porque las heridas aun no sanan.

Sin embargo, lo que más reconforta a los familiares, desconocidos y visitantes de este histórico lugar es la construcción de un “paraíso” en la tierra, llamado “911 Memorial Plaza & Museum”, un merecido tributo a los caídos, donde se plasmaron los nombres de todos los fallecidos.

En febrero del 2003 las autoridades de Nueva York y Nueva Jersey decidieron construir este monumento conmemorativo, y para ello utilizaron la mitad de todo el terreno que ocupaban las dos torres del famoso World Trade Center.

La construcción del proyecto se le asignó por concurso al arquitecto inmigrante, Michael Arab, quien se inspiró en el sufrimiento para edificar un espacio conmemorativo parecido al paraíso, con más de 100 árboles, un museo y dos fuentes gigantescas.

En la zona donde estaban las Torres Gemelas hay dos espacios vacíos, con dos enormes fuentes de agua y alrededor de cada una, como en forma de arco, están los nombres de las 2,983 víctimas.

Estas dos gigantescas tinas de agua operan con 8 bombas cada una y dos gigantescos motores pusieron en funcionamiento la cascada de agua más grande de todos los Estados Unidos.

Mas de 215,000 galones de agua por segundo son utilizados para el gran espectáculo conmemorativo que sirve como tributo y paliativo al dolor de miles de gente inocente. Para asegurarse que todos los familiares de las víctimas del 911 quedaran satisfechas, las autoridades locales permitieron que el ingeniero Tom Roger, quien perdió a su hija mayor, supervisara los trabajos.

Un equipo de plomeros ha trabajado por más de cinco años para construir estas dos cascadas, bajo la supervisión del director del Proyecto, ingeniero Allen Miller. Un total de 152 paneles de bronce, con los nombres de las víctimas, rodean las dos fuentes del monumento, donde, por fin, los familiares podrán reencontrarse con sus parientes fallecidos, e incluso “velarlos”, luego de diez años de la tragedia.