Gracias a un corazón

NUEVA YORK – Heydy Durán Morales salió del hospital hace un año en un estado muy delicado tras recibir un trasplante de corazón. Durante espera, la niña, que aún no había cumplido los 2 años, sufrió dos derrames cerebrales. No movía el lado izquierdo del cuerpo, y no estaba claro si iba a volver a hablar o caminar.

Sin embargo, este Día de Acción de Gracias, su familia tiene mucho que agradecer. Heydy estará al lado de su familia en un apartamento en la sección de Mount Eden en El Bronx. Ella está viva porque recibió el corazón de un niño de 3 años de Carolina del Norte – y se está recuperando lentamente gracias a la atención de doctores y fisioterapistas, y el amor de su familia.

La madre de Heydy, María Morales, dice que en estos días, ella y su esposo Edgar Durán están pensando continuamente en los padres del niño que donó el corazón que ahora está oxigenando la sangre de su hija.

“No tendríamos palabras [para ellos]”, dijo Morales, que tie ne 30 años y emigró de Guerrero, México. “Estamos felices de tener a nuestra hija pero nos imaginamos que están tristes por haber perdido su hijo. El niño pasó a ser parte de nuestra familia porque siempre lo vamos a tener en nuestras mentes y corazones. Nos sentimos tan agradecidos”, comentó Morales.

Heydy nació con un corazón saludable pero a los nueve meses se enfermó. “Empezó con una tos y luego comenzó a perder peso. Los doctores decían que estaba bien, pero no hicieron los exámenes. Un día no pudo respirar. Fuimos al hospital y le pasaron a cuidados intensivos”, dijo su mamá.

Heydy tuvo una infección en la garganta que bajó a su corazón, según su familia. “Le tomaron varias radiografías. Su corazón estaba demasiado grande […] Cuando me dijeron ‘trasplante’ yo no lo podía creer”, dijo Morales.

Su padre, Durán, un cocinero de 35 años, agregó, “Había esperanza [de encontrar un corazón], pero iba a tardar”.

Mientras Heydy esperaba por que un apareciera un corazón, su madre no se apartaba de su hijita, quien estuvo internada en el hospital Montefiore y conectada a un corazón artificial. Durante ese periodo sufrió los dos derrames cerebrales.

Cuando por fin llegó el corazón, “el doctor dijo que tenía más probabilidad de morir que de vivir”, recordó Morales, quien no obstante dijo que se sintió tranquila.

“Yo sabía que ella iba a sobrevivir”, dijo. Y así fue. “Ella era como una esponja. Absorbió el corazón de inmediato”, indicó Morales.

“Los milagros sí ocurren”, acotó su padre.

Hoy, Heydy vive con sus padres y hermanos, Miriam y José, de

11 y 9 años, respectivamente. Vivir con un transplante de corazón es un reto. Las defensas de la niña fueron suprimidas con medicamentos para que su cuerpo no rechace el corazón, y esto hace que no pueda transportarse en el autobus o el subway sin usar una máscarilla para protegerla de los gérmenes, y la mayor parte del tiempo aún se alimenta por medio de un tubo que tiene en su estómago.

Los derrames cerebrales le crearon problemas neurológicos y recibe terapia cinco días a la semana. Aunque va paso a paso, ya dice “mamá” o “banana”,

y puede bailar – le encanta escuchar la música de Celina Gómez y ver “Dora the Explorer”.

“Yo me doy por bien servida que mi hija todavía está conmigo”, respondió Morales cuando se le preguntó si tomaría alguna acción legal contra la pedíatra que no identificó la infección.

Y para aquellas personas que estén enfrentado problemas parecidos en sus vidas recomendó: “Tener fe y mucha, mucha paciencia – y tener a Dios siempre presente en el corazón”.