Fin de la guerra iraquí

Fin de la guerra iraquí

Con el retiro de la bandera estadounidense en Baghdad terminó oficialmente ocho años y medio de intervención militar. Una guerra incomprensible cuyos rastros se seguirán sintiendo por mucho tiempo más.

La invasión a Irak es el legado de la administración de George W. Bush construido sobre una arrogancia ilimitada que condujo a negaciones de la realidad, mentiras deliberadas y profundos errores de juicio. El balance de la acción militar deja un saldo negativo, especialmente si se compara la magnitud de las pérdidas humanas, económicas y la incertidumbre geopolítica que deja, con los estimados de los arquitectos del conflicto.

La realidad con sus cifras frías hablan de más de cuatro mil soldados estadounidenses muertos, un número superior a los 30,000 con heridas que les han cambiando la vida y más de 100,000 iraquíes fallecidos. Un alto costo, especialmente para el pueblo iraquí que nunca pidió a Washington ser rescatado militarmente de la dictadura de Saddam Hussein.

Estados Unidos, por su parte, absorbió en su deuda cientos de miles de millones de dólares que costó esta guerra y por mucho tiempo habrá de hacerse responsable de la atención a decenas de miles de soldados con problemas postraumáticos de la guerra.

No hay fiesta de despedida, compensación iraquí por los gastos estadounidenses ni un agradecimiento público de Irak al sacrificio de nuestros soldados, tal como lo soñaron en la Casa Blanca de Bush y en el Pentágono de Donald Rumsfeld al inicio de la guerra. El retiro, aunque planeado en un inicio para esta fecha, fue acelerado ante la decisión del gobierno iraquí de no dar inmunidad a los soldados de Estados Unidos.

Las tropas estadounidenses se retiran de Irak, dejando al gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki responsable de la seguridad ante la amenaza latente de un regreso del conflicto religioso entre shiítas y sunis. Además, de un cuadro geopolítico con una fuerte influencia iraní.

Muchos se ha escrito sobre el origen engañoso de la guerra, los conflictos internos y las pésimas decisiones tomadas en la Casa Blanca. Todo conduce a un fiasco monumental. Hay poco que celebrar en esta fecha más que el suspiro de alivio que al menos este capítulo por fin terminó. Los efectos del conflicto sesentirán por mucho tiempo en Irak y Estados Unidos.

La Opinión/ImpreMedia