‘Mafia’ rige carritos de comida en Queens

Se aprovechan de muchos que no tienen documentos o que no hablan inglés
‘Mafia’ rige carritos de comida en Queens
Un efecto nocivo de la subrenta de licencias para vender comida sería la evasión fiscal por parte de los concesinarios legales.
Foto: Archivo / La Opinión

Queens – Una supuesta “mafia” de alquiler de licencias de carritos de alimentos tiene a trabajadores ambulantes hispanos laborando por largas horas y ganando poco dinero, según activistas de Queens.

Es un secreto a voces, personas que han obtenido licencias de carritos de venta de alimentos las subrentan a inmigrantes, muchos sin documentos y con poco conocimiento del idioma, a quienes se les hace más difícil reunir los requisitos por sí mismos para obtener la licencia.

“Da rabia tener nuestro propio negocio para darle las ganancias a alguien más”, dijo Saúl Vázquez, de 26 años, que ahora ayuda a su hermana Belén Vázquez, de 24, quien es la que renta el carrito para vender vegetales, legumbres y frutas los siete días de la semana en Junction Blvd, Queens.

“Para mí que es una mafia, como un monopolio, porque ella no sólo nos renta a nosotros, sino a otras personas aquí en el área”, dijo Vázquez, refiriéndose a una mujer a quien identifican como Silvia, de Honduras, la que renta los carritos para varios vendedores.

“Los rentan por temporadas, a veces seis meses o sólo por el verano. Los precios varían”, dijo Vázquez, quien decidió ayudarle a la hermana después de quedar desempleado. “Mi hermana lo renta por seis meses y tiene que pagar $6,000. Se me hace injusto que nos vengamos a trabajar desde tempranas horas de la mañana, comprando los productos y después vendiéndolos para pagarle a ella sin hacer nada”, agregó.

Según Vázquez, en el mejor día, el carrito vende entre $200 y $250.

Aparte del alto precio de la renta, según Vázquez, también tienen que vivir con el acoso de la policía.

“Últimamente es un caos trabajar por aquí… cada rato pasa la policía dando ‘tickets’ por una u otra cosa. Antes le daban a mi hermana por no tener la credencial, pero ya la sacó”, indicó el joven oriundo de Puebla, México.

Al igual que los hermanos Vázquez, miles de inmigrantes se ven obligados a rentar los carritos para hacer sus ventas y se vuelven víctimas de los abusos de los que sí pueden tramitar las licencias.

“No sólo me dicen algunos de los clientes que sí alquilan las licencias, sino que el precio de la renta es muy alto”, dijo Ernesto Cury, un contador que atiende a personas que trabajan en los carritos de venta de comida.

“Muchas personas no van a hablar de lo que pasa, por miedo y por la necesidad del trabajo; además es muy difícil de comprobar, porque no les aceptan cheques, sino que tienen que pagar en efectivo”, agregó.

“Los que están operando esos negocios no están haciendo nada malo”, defendió Cury. “Los que están evadiendo impuestos y no trabajan son los dueños de los carros”, concluyó.

A la organización Se Hace Camino NY también han ido personas a quejarse de los altos precios de las rentas y a pedir información de cómo sacar una licencia, según Cynthee

Cortés, organizadora del proyecto de Pequeños Negocios Unidos de la organización, pero se encuentran con obstáculos para que ellos mismos saquen las licencias.

Cortés reiteró que algunos de los obstáculos son la falta de inglés y en algunos casos la falta de estatus migratorio legal, por lo que se ven obligados a rentarla.

“Muchas no pueden pasar el examen que es dado en inglés y como no leen o escriben el idioma, no lo pasan y cada vez que lo toman deben pagar $50”, explicó Cortés. Otro de los obstáculos, según Cortés, es que la Ciudad tiene un número limitado de licencias y ya no están dando más a nuevos solicitantes.

“No muchas personas quieren hablar porque la Ciudad no permite que se renten estas licencias”, dijo Cortés. “Ahora se exige que el que saque la licencia esté presente o que tenga un empleado y le pague por las horas que trabaja”, añadió.

De la misma forma, Rafael Samanas, director ejecutivo de la organización Vamos Unidos, un grupo que defiende a vendedores ambulantes latinos, opina que la renta de los carritos de comida es muy alta, pero que el problema real es la falta de licencias nuevas.

“El problema no es tanto la renta de los carritos, sino que no ha aumentado el número de permisos en los últimos 30 años y por eso muchos se aprovechan de la situación”, dijo Samanas. “La Ciudad cobra multas de hasta $1,000”, agregó.

El Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York (DOHMH, por sus siglas en inglés) confirmó que no es legal la renta de las licencias, ni los permisos. Para que una persona logre un permiso, debe tener una licencia de venta de comida en un vehículo, lo que requiere que haya pasado un curso de protección de alimentos, tener un número de identificación de impuestos o seguro social. Además, el interesado debe ponerse en una lista de espera y de ahí se seleccionan las personas que van a recibir la licencia.

Una vocera del DOHMH indicó que cualquier persona puede solicitar una licencia en la ciudad de Nueva York. Cada persona recibe sólo una licencia y un permiso; y hasta ahora la Ciudad ha emitido poco menos de 20,000 licencias en NYC, que es el número límite de licencias que da la Ciudad.

Eduardo Giraldo, expresidente de la Cámara de Comercio Hispana de Queens, es un crítico de la “gran cantidad” de carritos que hay en las aceras de Queens, porque afecta a los comercios de la zona.

“Eso trabaja como una mafia’, dijo Giraldo, “¿Cómo es que pueden estacionar tres o cuatro carritos alrededor de la esquina en Junction Blvd y la avenida Roosevelt y todos los días consiguen espacio en el mismo lugar que hay parquímetros?, eso es totalmente ilegal”, agregó Giraldo, quien culpó a los funcionarios electos del área de no tomar cartas en el asunto.

Aunque Giraldo no está totalmente de acuerdo con el número de carritos de venta de comida que se permiten, catalogó el asunto de la renta de licencias como “esclavitud moderna”.

“Son personas que trabajan de 12 a 14 horas y ganan entre $600 a $700 diarios, pero son ganancias para los dueños de los carros. Es una esclavitud moderna y el gobierno lo permite”, dijo Giraldo, quien considera que debe haber un control.

“¿Por qué lo permiten en Elmhurst, Jackson Heights, Corona y los alrededores?, ¿por qué no en Astoria, Rigo Park o el centro comercial de Queens, donde recientemente los quitaron?”, se preguntó Giraldo.