Lecciones del Movimiento Pro Derechos Civiles para los latinos

Los latinos en los Estados Unidos han tenido que entrar en la historia del país por medio de la lucha. Cuando algunas personas empezaron a calificar a nuestra lucha como “nuestro movimiento a favor de los derechos civiles”, hubo quienes no estaban de acuerdo, porque el movimiento de derechos civiles había logrado bastante éxito y por lo menos algunos de sus líderes, como por ejemplo el Reverendo Martin Luther King hijo, se habían convertido en héroes reconocidos de la historia estadounidense. Esta semana en la ciudad de Selma, en Alabama, en el pleno aniversario de la famosa marcha que cruzó el puente en aquel pueblo sureño, líderes afro norteamericanos del Movimiento Pro Derechos Civiles se van a juntar con latinos y los que los apoyan en otra marcha para luchar en contra de la ley racista del estado de Alabama, que tiene como blanco a la comunidad latina y a los inmigrantes indocumentados.

Por un tiempo yo me encontraba enredada en una controversia sobre la cuestión si nuestra lucha a favor de la legalización podría caber dentro de la tradición de las luchas de la gente afro norteamericana. Un congresista afro norteamericano me había comparado con Rosa Parks. Eso provocó a una conocida periodista de la misma raza de decir “ella no es ninguna Rosa Parks”. Esta polémica me instó a estudiar la historia del movimiento de derechos civiles. Sentada en el santuario en mi iglesia, rodeada por agentes de la migra, yo disponía de bastante tiempo para estudiar.

Aprendí que la nación norteamericana no siempre trataba muy bien al Dr. Martin Luther King, y que algunas de sus posiciones han sido olvidadas. También me di cuenta de otros líderes importantes de la lucha quienes han sido olvidados.

Los dirigentes del movimiento de derechos civiles en aquella época vinculaban su lucha con la de los pueblos africanos, además de los de América Latina y las Antillas. Acusaban a Estados Unidos por su papel en someter a los pueblos a la violencia y la pobreza. Una de sus demandas era que los Estados Unidos dejara de apoyar al régimen de apartheid en Sudáfrica. Estos líderes se identificaban con la gente de color en todas partes. Reconocieron algo: que el racismo involucrado en la explotación de los países pobres también se dirige a la gente de color que llegan de aquellos países como inmigrantes.

México, Centroamérica, Haití y la República Dominica están sufriendo, y en gran medida su sufrimiento tiene su origen en las políticas de los Estados Unidos. Las armas de fuego que se utilizan en la violencia que está deshaciendo nuestros pueblos provienen de los Estados Unidos. El mercado para las drogas que son la causa de la violencia, se encuentra dentro de los Estados Unidos. Y los hombres jóvenes trabajan para los narco-carteles porque políticas norteamericanas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte han destruido nuestras economías, eliminando millones de puestos de trabajo. Los migrantes, presa tanto de los narcos como de los gobiernos, se ven obligados a abandonar sus hogares para buscar empleo en el norte, por el impacto de decenios de explotación de las economías de sus países de origen.

La solidaridad que prestaba el movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos con los pueblos luchadores de África nos debe servir como un ejemplo para los latinos en nuestra propia lucha para los derechos civiles hoy en día. Los fortaleció, y seguir su ejemplo nos fortalecerá. Jamás podremos superar al racismo que sufren los latinos en los Estados Unidos al menos que retemos el racismo que permite que los Estados Unidos trate a los países latinoamericanos y caribeños como lugares donde pueden sacar sus ganancias.

Luchamos para defender los derechos de nuestros hijos que nacieron en Estados Unidos, y los que habíamos traído cuando eran muy jóvenes, para que los traten con dignidad. Eso está muy bien. Pero al menos que también se reten al gobierno estadounidense y a las grandes corporaciones, por lo que han infligido a millones de niños que prácticamente se mueren de hambre, que mueren tiroteados en la violencia, que se visten de “blue jeans” norteamericanos y carecen de futuro propio, nuestros hijos en los Estados Unidos van a seguir enfrentándose con el racismo, con el desperdicio, y con la discriminación. Todo aquello es una lección que debemos aprender de la historia del movimiento a favor de los derechos civiles.