Vagones encierran la odisea de migrantes

Continúa en Tultitlán la historia de centroamericanos que se encaminan a EEUU

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Vagones encierran la odisea de migrantes
Extranjeros de distintas nacionalidades están a la espera del tren conocido como 'La Bestia' en la ciudad de Tapachula, Chiapas.
Foto: Notimex

TULTITLÁN, México.- Con seis meses de embarazo, Alma lleva 12 días viajando en el techo del tren al que llaman “La Bestia” intentando llegar a Estados Unidos y encontrar una oportunidad de trabajo para sacar adelante a su futuro hijo y a su abuela, a quien dejó en San Pedro, Honduras.

Es una de las cerca de 180 personas que a diario llegan en los vagones de carga a la zona de Lechería en Tultitlán, Estado de México, para tomar un descanso de su viaje a EEUU y permanecer al menos tres días en la Casa del Migrante “San Juan Diego”.

La diócesis de Cuautitlán mantiene habilitado dicho albergue para dar alojamiento, alimento y un techo temporal a los migrantes.

En su travesía, indica Alma: “Nos enfrentamos a todo. Yo con mi embarazo he tenido mucha suerte. Los compañeros que viajan conmigo están muy pendientes de mi salud y me ayudan mucho, pero hay otros que no corren la misma suerte. Algunos se caen del tren, no alcanzan a subir o, en su intento, se lastiman”.

El Padre Christian Alexander, quien está a cargo de la Casa del Migrante “San Juan Diego”, en Lechería, confirmó que hace unos cinco años llegaban al día para pedir apoyo cerca de 70 migrantes procedentes de Honduras, Venezuela, Guatemala y El Salvador.

Resaltó que actualmente cada 24 horas llegan a tocar la puerta en promedio 150 centroamericanos.

“Algunos sólo permanecen una noche, otros se quedan tres días, una semana, y otros, debido a las lesiones que presentan en pies y piernas o brazos ocasionadas por los peligros que pasan al viajar en el tren, se quedan hasta un mes”, expuso.

Detalló que algunos, que son los menos, luego de descansar y escuchar pláticas de personal de derechos humanos y migración, deciden pedir ayuda para regresar a sus países de origen.

“Cada uno es una historia, un sueño, y para nosotros todos merecen respeto y, con lo poco que nos llega de donativos, hacemos milagros para alimentarlos, darles un espacio para que se bañen, se cambien… es una ayuda mínima, pero necesaria”, afirmó el sacerdote.

Un migrante salvadoreño, Juan Antonio, narró los peligros que enfrentan en su travesía, son diversos, “primero tomar la decisión de dejar a la familia, después junta un poco de dinero para iniciar el viaje y una vez en La Bestia”, dijo.

“No sabes a lo que te arriesgas, buscamos llegar al otro lado y tenemos que caminar, no comer, aguantar ampollas, abusos de quienes dicen que nos ayudan y sólo nos roban”, expuso.

A sus 28 años de edad, es la segunda ocasión que busca llegar a Estados Unidos, hace meses hizo un primer intento pero fue deportado, lo detuvieron en Piedras Negras, Coahuila, y luego de que no accedió a reclutar a sus compañeros para ser parte del crimen organizado, lo entregaron a las autoridades de Migración.

Relata que “logré llegar hasta el norte, después de enfrentan muchos riesgo, hasta logre escapar de lagartos en mi viaje, pero ya en el norte, cuando estaba a un paso de lograrlo, los policías estatales me detuvieron en Piedras Negras”.

Indicó que “fue el peor peligro que encontré, ellos mismos me dijeron que mi único camino era trabajar para ellos, querían que les llevará a otros cuatro migrantes para que se unieran a las bandas que venden y pasan droga, y a cambio ellos me pasarían al otro lado sin riesgo”.

Explicó que “como no cumplí, me llevaron con los de la migra, ahora lo estoy volviendo a intentar, pero voy tomando otra ruta para que no me pase lo mismo”.

En esta Casa del Migrante, además de donativos de diversas organizaciones y la sociedad civil, se cuenta con la colaboración de las comisiones de Derechos Humanos nacional y estatal, además del Instituto Nacional de Migración (INM).

La delegada de este instituto, Nayeli de Jesús, informó que su labor no es detener a los migrantes, “hacemos una labor de pláticas con los migrantes, muchos de ellos no buscan llegar a Estados Unidos, actualmente un número importante de estos centroamericanos vienen a trabajar en México, incluso varios traen su pasaporte, es decir no son ilegales y no lo saben”.

Refirió que “lo que hacemos es dar información de su situación, los riesgos o problemas que pueden tener, y hacemos de su conocimiento la posibilidad de que el instituto les ayude a regresara sus países de origen”.

Informó que al día, sólo de la Casa del Migrante, entre 25 y 40 centroamericanos piden en forma voluntaria su repatriación, principalmente son casos de mujeres y niños, otros buscan regresar porque ya vivieron circunstancias como abusos de autoridad, corrupción, y otras quejas que se inician ante derechos humanos.

Detalló que ante el incremento y la desinformación de los migrantes, el INM, iniciará una nueva campaña de difusión, a través de módulos itinerantes con agentes de migración para hacer de su conocimiento sus derechos, situación, el apoyo que se les brinda y otras cosas que pueden vivir por su estadía sin papeles.

En las inmediaciones de este inmueble, la inconformidad de los vecinos por la presencia de migrantes es cotidiana, los habitantes como Lorena, quien habita a unas cuantas casas de este predio, explica que la inseguridad se ha incrementado.

“Tenemos por lo menos dos años pidiendo el cierre de esta casa, no somos inhumanos pero están fuera de control, a cualquier hora del día están tomando, se drogan, piden dinero, roban, molestan a las jovencitas”, dijo.

Expresó que “incluso se han dado casos de violaciones y unos ya no se van, se quedan, se involucran con la delincuencia, para nosotros es un foco de infección y riesgo”.

Ante esta problemática, todas las autoridades involucradas en busca de una solución al problema, analizan la posibilidad de reubicar esta Casa del Migrante, sin embargo, aún no hay un acuerdo ni en el lugar ni la fecha.

Había el proyecto de reubicarla en un predio propiedad de Ferrovalle, sin embargo esta posibilidad ha sido descartada, por ser una zona federal y cercana a las vías, representaría un mayor riesgo tanto para los migrantes como para la población, señalaron las autoridades de Migración.

La zona de Lechería, donde se ubican las vías del tren que diariamente en sus vagones además de carga, como sustancias peligrosas, traen decenas de migrantes es resguardada por policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la Policía Municipal.

Los migrantes informan que por su condición los centroamericanos son una presa fácil para la delincuencia, “llegan al día entre 150 y 180 en diferentes horarios, pero una cuarta parte no va a la Casa del Migrante, apenas bajan y ya se les acercan los llamados “coyotes”.

Estos personajes los engañan, los involucran y se los llevan a otros inmuebles cercanos o incluso los trasladan al tiradero de Huehuetoca, y después de varios días los obligan de delinquir.

Muchos dicen que “los policías somos quienes los obligamos a darnos dinero, los golpeamos, pero la verdad es que son esos grupos que están operando de esa manera, se visten de color negro, como nuestro uniforme y a eso se dedican”, explicó uno de los policías que están a cargo de la vigilancia.

Los migrantes que llegan a la zona de Lechería tienen varios caminos, algunos toman la decisión de regresar a sus países de origen, otros buscan un empleo para quedarse en México y juntar dinero para enviar a sus familias, otros más siguen su viaje para llegar a Estados Unidos.

Pero también hay quienes toman otro camino, como el de permanecer en la zona y trabajar con la delincuencia y lo más lamentable es que algunos que optan por esta ventana, se quedan a la mitad porque pierden la vida, explicó el agente.

“Se mezclan con delincuentes, los obligan a robar, vender droga y cuando ya no les sirven, los ponen para ser detenidos o los mandan para tomar el tren, pero en malas condiciones de salud y drogados, aspectos que provocan accidentes”, indicó.

Hace un par de meses dos migrantes intentaron subir a “La Bestia” y quedaron en las vías partidos en dos, narró el policía que por años ha visto estas historias en las inmediaciones de Lechería.