Del microscopio a la pantalla

NUEVA YORK – Alexis Gambis es un científico que desafía todos los estereotipos: es joven, no usa lentes, no tiene el pelo blanco, cuenta con un nutrido círculo de amigos y es dueño de un gran sentido del humor.

Vive en un mundo intrincado y complejo repleto de espéculos, reactivos y moscas de la fruta; cuyas células observa durante horas pegado a un microscopio que aumenta unas 100 veces el tamaño de los diminutos insectos. Pero, lejos de querer aislarse en su universo particular, lo que desvela a este biólogo es cómo hacer para divulgar la ciencia y acercarla a las personas comunes y corrientes.

Fue hace ya unos años, en su habitación en el campus de la Rockefeller University -donde se doctoró en genética- cuando tuvo la idea: ¿Por qué no crear un festival de cine científico? ¿Qué tal si usaba películas para presentarle a la gente conceptos científicos?

“Al principio se me reían en la cara”, cuenta. “Claro, no tenía nada; ni dinero, ni películas, sólo las ganas”. Todo fue tomando más color y Alexis sumó a bordo a dos prestigiosos journals, Science y Nature. El festival, el primero dedicado a la ciencia aquí en Nueva York, comenzó en 2008, se convirtió en un éxito y en octubre celebrará su quinta edición.

“Mostramos films y cortos en distintas salas y la meta es ofrecer buenas historias. Lo que yo encontraba”, sostiene Alexis, “es que la ciencia siempre se identificaba o con un documental aburrido o con ciencia ficción loca donde los robots invaden la tierra. Nuestro festival, Imagine Science Film Festival ofrece comedias y thrillers; historias atractivas y con las que todos podemos identificarnos”.

Parte de esa oferta son sus propias creaciones audiovisuales y su pasión por el cine y por narrar historias llegó a ser bien conocida entre sus profesores y pares en la universidad. “Ellos siempre me apoyaron y me dejaban filmar mientras trabajábamos”, sostiene. “A mí me encanta usar científicos como actores y muchos se han animado a aparecer frente a la cámara”.

Nació en las afueras de París y se crió en Brooklyn. Su padre es un pintor francés y su madre, venezolana, es cineasta. A los 30 años, él es la perfecta síntesis de ambos. “Desde chico ellos me marcaron mucho. Mi primer microscopio fue regalo de mi papá. Ibamos a Prospect Park a recoger todo tipo de tesoros: ramitas, palos, bichos, todas cosas que él usaba luego en su arte. Y el brownstone de Park Slope donde vivíamos estaba siempre lleno de actores que participaban en las películas de mi mamá. Incluso yo de bebé tuve algún papel”, agrega.

Cuando casi finalizaba su doctorado Alexis sorprendió a todos: Había decidido estudiar cine en NYU. “Mi madre me decía, ‘no Alexis, quédate en la ciencia, este mundo del cine es difícil’. Pero yo no lo tomé como una partida; al contrario, quería más herramientas para contar mejor; para poner la ciencia ahí, al alcance de todos”.

En agosto, comienza el desafío más grande que ha enfrentado hasta ahora. El rodaje de “El cuarto de la mosca”, su primer largometraje basado en la vida de un científico brillante, pero a la vez oscuro que trabajaba en un cuartito repleto de moscas en la Universidad de Columbia. “Estoy feliz porque nos han permitido usar ese mismo lugar donde -en los ’30- Calvin Bridges dormía a las moscas con éter para investigar el rol del cromosoma en la herencia”.

En ese mismo recinto atiborrado de botellas de vidrio donde almacenaba los insectos, el científico recibía a mujeres. No una, sino varias. “Fue ese aspecto tan humano, tan débil si se quiere, el que me atrajo para contar esta historia”, comenta Alexis. “Me enteré durante una clase donde un compañero me dijo, ‘¿Sabías que Calvin Bridges era un mujeriego?'”.

Para relatar la historia de este hombre genial -los logros de su equipo le valieron un premio Nobel en 1933- y a la vez atormentado por su adicción al sexo -terminó sus días carcomido por la sífilis- Alexis hace pie en la figura de su hija Betsey.

“Es una niña de 10 años, preguntona y curiosa que un día acompaña a su padre al laboratorio y es buenísimo porque ella le hace las preguntas que el público se hace. A través de esta pequeña, la audiencia se empapa y entiende el valioso trabajo científico de Bridges”.

Para crear los personajes, Alexis entrevistó a la verdadera Betsey, una viejita de 95 años, lúcida y aún maravillada y dolida por la figura de su padre. “Fue una entrevista de varios días, como de 15 horas. Es una mujer genial”, dice el joven científico.

Alexis sigue viviendo en Park Slope, el vecindario de su niñez y sus primeros experimentos, y su casa, donde abundan las cámaras y los microscopios, es fiel testimonio de su meta: combinar el cine y la ciencia para que todos podamos entenderla y disfrutarla.

Para más información: info@imaginesciencefilms.com