El reto de coordinar una elección en México

Estamos a poco menos de cinco días para la jornada electoral en México. Inevitable es acordarse del trágico desenlace de hace seis años. Los eventos de la elección de 2006, ayudan a entender lo que padece ahora el Instituto Federal Electoral (IFE). Se siente como si se comenzara de cero. Me toca ser Consejera Electoral del Distrito 11 del estado de Nuevo León, ahora que el IFE ha quedado como el villano mayor después de 2006.

Entré como consejera en diciembre del año pasado con la expectativa de que al estar sentada en la mesa de la junta distrital me tocaría ver de cerca la operación de un proceso complejo en tiempos muy difíciles.

Lo cierto ha sido que, en general, nada aquí ha facilitado este proceso electoral. La tasa de homicidios en Nuevo León se disparó en enero. Esto complica, sobre todo, la labor en campo de los capacitadores asistentes electorales. Se necesita que por lo menos 10% de la población del distrito se capacite y luego asegurar la participación de una parte de ese universo el día de la jornada para que no se cuelen ciudadanos de la fila.

Los capacitadores la pasaron mal. Hubo ciudadanos que no les abrieron la puerta, colonias a las que no podían entrar en ciertos horarios, sospechas de que andaban cerca de casas de seguridad en donde los criminales retienen a sus secuestrados, ciudadanos que recibieron a capacitadores con armas. Un supervisor, el encargado de coordinar el trabajo de los capacitadores, atestiguó un secuestro.

La inseguridad se intensificó cuando hace tres meses mataron a ocho taxistas de una base pirata a 100 metros de la cabecera del distrito electoral. Luego en mayo, se encontraron 49 torsos en Cadereyta.

El miedo a que existiese una balacera en plena jornada fue patente. Varios vecinos de las colonias de clase media alta agredieron a capacitadores manifestando un profundo desencanto por el desempeño de los políticos locales, a pesar de que el IFE no opera las elecciones para alcaldes o diputados locales.

Aunado a esto, sucede que el IFE es una institución fuertemente centralizada. Eso quiere decir que los procedimientos están homologados entre estados complicados como el mío y lugares menos inseguros y con una cultura cívica bien trabajada como el Distrito Federal. Los funcionarios del servicio profesional de carrera son diligentes, y vaya que longevos. Como trabajan con el temor latente de padecer otra ola de desprestigio similar a la de 2006, fiscalizarlos ha sido difícil.

Este procedimiento se ha vuelto una búsqueda por la validación del Instituto en medio de un clima cívico y social muy incierto. La única tregua que se ha vivido fue a raíz del movimiento #YoSoy132, que hasta cierto punto inexplicable sugiere a la ciudadanía y a los implicados directos en el proceso que hay alternativas a esta parálisis de la institución electoral. Los estudiantes han venido a domar un poco el miedo y a inyectar ánimos a este duro trance de elecciones.